martes, 25 de marzo de 2014

3 - El viaje al Pantano


Campos de Lurand; Fenor.
Día 10 del cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.


La elfa viajaba montando en Brura, su yegua gris. El animal era veloz y manso y estaba cubierto de pecas blancas. Los elfos no utilizaban montura alguna y apenas unas cuerdas de hilo brillante alcanzaban para funcionar como rienda. El hombre de espalda ancha y profundos ojos negros como una noche sin luna, vestía de blanco. Su escudo había sido colocado colgando de una de las alforjas, con ataduras reforzadas y con varias telas debajo para no lastimar al animal. Su espada envainada colgaba de su espalda. Constantemente, soltaba las riendas con una mano para asegurar nuevamente sus armas. Su montura, del mismo color que su ropaje era un fuerte semental que no poseía la velocidad de Brura, pero si una increíble resistencia. El animal era incansable, valiente y jamás había retrocedido en combate. En una de sus patas podía notarse la cicatriz de una lanza orca. Desdichado el orco que tuvo la pésima idea de herirlo.  Nes, así había nombrado Neilad a su caballo, le arrancó la cabeza de una patada. Los enanos por su parte viajaban en un carruaje bastante más burdo y menos elegante. No eran muy amigos de subirse a corceles y simplemente preferían viajar sentados en la carreta que era tirada por dos caballos pardos de patas anchas y fuertes, capaces de arrastrar al peso de los enanos. Sobre la capa que Neilad se había quitado y dejado en la carreta dormía el gato azul.

El primer día pasó y acamparon solo por unas horas para comer y descansar un poco. Azhalea disfrutó algunas frutas que había recolectado, las mezcló con dulces que ella llevaba y pan de elfo. Los enanos devoraron las sobras que habían envuelto y llevado consigo pero esa noche no bebieron. El gato compartió el botín con ellos. Neilad comió un pedazo de queso que guardaba dentro de una envoltura hecha de papel. El sabor era extraño y desconocido para los paladares de los otros integrantes del grupo y no les agradó, él por su parte siguió comiendo tranquilo. Hacía meses que lo guardaba y estaba bien estacionado. Beraza mantuvo guardia mientras los demás dormían. El enano encendió su pipa y fumó durante las horas que se le hicieron interminables. Mientras, trataba de meditar aunque su mente estaba inquieta, impaciente, esperando la llegada de los orcos. Pero esa noche no aparecieron. Antes del alba ya habían levantado todo y emprendieron su viaje hasta el pantano de Gudhlrash Gaga.

            Ya se habían alejado bastante del río grande y se adentraban en el bosque del noreste. Si todo salía bien y no eran interrumpidos al caer la noche llegarían a las ciénagas y al pantano de la ogra. Los orcos que estaban seguramente cerca no se había dejado ver. Tampoco rastros de ellos. Nadie desconfiaba de la palabra o la percepción de Azhalea. Pero estaban ansiosos de que la aventura comenzase, de que las espadas sacasen astillas. No existe mayor desventaja que pelear contra un enemigo que no ves y que te acecha desde la oscuridad. Los estómagos de los enanos comenzaban a escucharse. El medio día se acercaba otra vez. El palacio todavía se veía en el horizonte, pero pronto el tupido bosque no permitiría ver más que los troncos de los árboles de gran altura. Las hojas secas crujían a los cascos de los animales.
-Hemos hecho un buen tiempo, es probable que lleguemos incluso antes de lo que esperaba, lo cual es una alegría para mí. No me gustan los campamentos ni los bosques. Siempre he preferido las ciudades y las grandes construcciones. Reconozco que los lugares retirado dan tranquilad, pero no me llevo bien con la naturaleza. -El hombre espantaba algunos mosquitos con su mano mientras trataba de guiar a su caballo.
-No sabes lo que dices Neilad. Es tan hermoso aquí. -La elfa acarició una de las flores en forma de campana que trepaban por los troncos de los árboles.
-Los enanos tenemos fama de huraños, pero yo en varios años he recorrido gran parte del mundo y he disfrutado acampar. Supongo, que no somos todos iguales. -Rikenv decía esto mientras se rascaba la cabeza. Su comentario, que no quería ser profundo había dejado un silencio en la conversación.
Beraza interrumpió riendo -Yo creo que a Neilad no le gusta acampar porque no quiere que se manchen sus finos atuendos. Ajajaja. -Su voz y su risa retumbaron en el bosque.
El otro enano rio fuertemente -Amigo, ¿Te he dicho alguna vez lo ridículo que te ves con ese traje? ¿Todos los humanos tienen tan mal gusto?
-Pues, es gran traje el mío les he de decir, señores. Y no estoy preocupado porque se ensucie, mis botas y mi armadura están recubiertas de aceites especiales que yo preparo y que repelen la mugre y otras cosas. Es por eso que mi atuendo siempre permanece blanco y brillante.
-¡Has terminado por usar mas cosméticos que yo Neilad! -Azhalea soltó una risa infantil.
-Tú lo has dicho amiga. -Beraza reía fuertemente, otra vez.
-¿Siempre vestiste así Neilad?- Preguntó Rikenv
-No no siempre. Alguna vez fui un hombre diferente.
-Mentira -dijo el gato que recién se despertaba. -Y yo te conozco de hace años.
-Interesante historia para escuchar en un viaje como estos es la de cómo se conocieron ustedes. -Beraza sintió curiosidad. Neilad y el gato rara vez hablaban del pasado.
-Muy cierto. -afirmó el otro enano.
-¿Cuánto tiempo hacen que se conocen? -La elfa también se sintió atraída por tal historia, nadie dijo jamás que los elfos no fueran curiosos.
-Ocho años hace que conozco al gato, pero no siempre fuimos amigos. Cuando lo conocí, el acompañaba al que fue mi segundo maestro de armas, en las islas volcánicas del sur. Y ya entonces el gato era viejo. Nunca he sabido su edad y no quiere decirme pero les aseguro que son muchos los años. Muchos mas de los que un gato común puede vivir. Pero no es un gato común.
-Ningún gato es común. -Acotó el gato con orgullo de su especie.
-Sin duda. -afirmó Azhalea.
Neilad se aclaró la garganta tratando de retomar el relato -En fin, como sea. -E hizo un ademan con la mano indicando que dejasen lo dicho atrás.- Mi primer maestro, fue un monje con el que aprendí sobre filosofía y moral. Cuando cumplí veintiún años completé mis estudios en el templo y me dedique a peregrinar. En mis viajes llegué hasta una ciudad costera en las islas del sur. Ahí supe de la existencia de este herrero legendario. Era un hombre anciano que había aprendido el arte de dominar a los metales y que había pulido y perfeccionado su técnica. Me sentí fascinado por tal cualidad artística así que decidí convertirme en su discípulo. Viajé hasta donde él vivía para pedirle que me enseñase lo que sabía, dispuesto a hacer lo que sea para conseguirlo.
-Eso te duro muy poco. -Acotó el gato con muy poca cortesía.
-Es cierto Neilad, no te ofendas pero nosotros somos enanos y sabemos del metal, y tu eres un pésimo herrero. -Beraza no pudo contenerse.
-Bueno, es cierto que no me dediqué tanto como pensé que iba a dedicarme. Pero en el tiempo que estuve ahí supe hacerme amigo de mi maestro que además de herrero también era un diestro espadachín. Él me enseñó a usar la espada. En sus años también había aprendido la creación de todo tipo de espadas y las había forjado de todas las formas imaginables. Practique con todas ellas las horas que tendría que haberme dedicado a aprender a hacerlas. Siempre es más fácil aprender a destruir que aprender a crear. Es algo que me avergüenza pero que no puedo negar. Soy humano después de todo -Los enanos se miraron en silencio moviendo sus cabezas en señal de desconcierto y miraron a Azhalea para quien esa frase tampoco significaba nada, poco sabían ellos de ser humano-. Mi maestro fue un gran hombre, el forjó para mi esta espada y este escudo, que están hechos con material que le fue regalado por los dioses…
-Ya estas exagerando otra vez -dijo el gato jocosamente-. La verdadera historia de la espada es que un día llegó el maestro a su casa y se encontró con que todo estaba destruido. Al parecer del cielo había caído un inmenso cascote de metal. Tal fue el odio hacia la pieza de metal que le había destruido el hogar, que antes siquiera de que se enfriase lo llevó a su forja y a fuerza de golpes lo dividió en dos partes y le dio la forma que ahora ven que tiene de escudo y de espada. Lo que sí es cierto, es que ambos gracias a las habilidades del maestro y posible a las cualidades del metal en cuestión, tienen el poder de repeler la magia. No obstante ese escudo es ridículamente pesado y esa espada es muchas cosas menos filosa. Aunque admito que ha probado ser muy resistente, yo diría que casi indestructible, ya que te he visto hacer las cosas más ridículas con tamaña espada. Una vez hasta la usaste de plancha para freír un huevo. Pero no creo, Neilad, que el maestro lo viese como un regalo de los dioses, sino más bien como un castigo. Al pobre hombre le tomó su buen tiempo reconstruir su vivienda. De toda la obra del maestro pocas cosas fueron hechas con tanto odio hacia los materiales y la circunstancia, y desde que te la regaló que tengo mis dudas de que te quisiese tanto como piensas. Yo creo más bien que quería sacarse de encima tan nefasta obra.
Los enanos se reían a carcajadas de las burlas del gato que actuaba tan ácidamente como siempre.
Nuevamente Neilad trataba de recuperar el relato -La cuestión es que permanecí mucho tempo con él aprendiendo a usar las espadas que tenia y no a crear objetos de metal. Pero mi maestro a pesar de lo que dice el señor gato, de todas formas disfrutaba de mi presencia y compañía, aunque lamentase tener tan penoso discípulo. Después de que él muriese herede un libro escrito por su propia mano donde describe los secretos de todo su arte.
La elfa lo interrumpió -¿Y cómo te ha ido con ese libro?
-Bastante bien, ya he coloreado varias páginas. –Neilad soltó una risa burlona.
Nuevamente los enanos rieron de tal forma que hasta lágrimas cayeron por sus rosadas mejillas.
-Te olvidas de un personaje muy importante Neilad, que conocimos en esa época.
-Bien, si. Algunos años después de que yo llegue al lugar, cuando ya era un discípulo establecido llegó a hacerle compañía su sobrina nieta. Era en ese momento una hermosa joven de ojos color chocolate. Con cabellos negros rizados y despeinados y de cuerpo frágil. Varios años soy más grande que ella, pero no impidió que nos enamorásemos. Ella se ganaba la vida haciendo artesanías en cerámica y era además una experta boticaria. De ella aprendí esas cosas. Recuerdo el amor que sentía por todas sus plantas y como cuidaba a cada una de ellas de manera diferente según sus necesidades. De gran utilidad me han resultado los conocimientos que aprendí con ella.
-¿A hacer buen lustre para tus botas llamas “gran utilidad”?
-Condenado gato del demonio, sabes muy bien que se varias otras cosas más que hacer lustre para botas. Después de morir mi maestro tuve que partir por motivos que no voy a explicar ahora, pues son quizás demasiado banales. Ella me regaló entonces este anillo que uso, en señal de compromiso y como símbolo de nuestro amor. Ella misma lo fundió con lo poco que había aprendido de su tío abuelo. Eran una familia de herreros después de todo -explicó-. Este anillo está cargado de amor y por eso le temen las criaturas malignas.
-¿Y no has vuelto a saber de ella Neilad? -preguntó Azhalea, para quien tan pocos años en la vida de un elfo no significaban nada.
-Sí, durante un tiempo nos escribimos cartas. Usábamos una paloma para comunicarnos.
-¿Y qué pasó? -Tosió Rikenv
-Me comí al mensajero. -Aclaró el gato.
-Realmente lo hizo. - dijo Neilad con cierto grado de enojo.
-Estoy seguro Neilad que volverás a ver a tu mujer, cuando el tiempo llegue.
-Eso espero Beraza, ha pasado más de un año ya.- Y Neilad guardó silencio.


Durante las siguientes horas las conversaciones se trataron de elogios hacia los enanos y su labor en el palacio de plata y de las tantas cosas que ellos querían hacer en el lugar. Para el atardecer ya habían entrado en las ciénagas que rodeaban a la morada de la bruja. El escudo de Neilad, con el emblema del Gato Azul vibró al percibir la magia que rodeaba al lugar. La carreta no podía seguir avanzando por el terreno así que dejaron atados a los caballos pardos y siguieron a pie. Las botas de Riquenv probaban una vez más su utilidad. Recién comenzaba la noche cuando vieron a la choza de Gudhlrash Gaga.