martes, 15 de abril de 2014

12 - Glansh-Glakh

Llanura de Fenor.
Día 13 del cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.


            Ninguno de los cuatro había desayunado esa mañana, todos buscaban con prisa llegar a la fortaleza de Fenor lo antes posible y anhelaban encontrar en su camino rastros de los orcos o de Neilad. Pero no tenían éxito. La angustia se veía en el rostro de los enanos. Azhalea buscaba con su vista de elfa en el horizonte cualquier indicio de sus enemigos pero no pudo encontrar en la llanura a ningún ser andante. El gato azul movía la cola de un lado a otro muy inquieto. Sefit viajaba en silencio. El olfato de la elfa nuevamente la puso en alerta.
-Huelo la presencia de los orcos pero no puedo verlos. Puede que se encuentren cerca o que hayan pasado por aquí hace poco tiempo.
-¿Dónde? -preguntó Rikenv-. Esto es un descampado, no hay nada. Nadie puede ocultarse acá y menos a plena luz del día.
-Yo solo te estoy diciendo lo que mi olfato me indica no puedo saber más.
El gato dijo -Callen y no peleen como niños. Miren hacia allí. -E indicó moviendo su cabeza. Un hombre vestido de blanco hacía señas a lo lejos. Azhalea se extrañó de no haberlo visto antes. Pero antes de que los demás lo reconocieran, su aguda vista distinguió el rostro de Betu. Se acercaron lo más rápido que pudieron. Y para su sorpresa, como si del mismo aire apareciesen, surgieron las figuras de cuatro orcos. Uno llevaba el inconfundible cuerpo de Neilad, con sus cabellos largos y negros, en su hombro.
-¿Qué significa esto? -preguntó Sefit.
-Calma guerrero todo tiene explicación. No ataques a estos orcos que han hecho un pacto con Neilad quien me ha pedido que me asegure que sea cumplido. Ahora que están ustedes podremos ayudarlo, hace varias horas fue herido y su condición es grave.

            El orco dejó a Neilad sobre el césped húmedo por la lluvia de la noche anterior. Los enanos se acercaron empuñando sus armas, no se fiaban de los orcos. Betu se quedó en compañía de los guerreros que estaban cubiertos de barro al igual ahora que Betu y Neilad. Sefit no desmontó. Azhalea se acercó al cuerpo del hombre que se encontraba herido e inconsciente. Lo examinó y vio la herida profunda y mortal. La piel del hombre estaba pálida. Sus labios estaban secos, una ceja estaba partida y su cuerpo desaseado. La mujer recitó unas palabras en elfo y luego apoyó su mano derecha sobra la herida. La magia blanca de la sacerdotisa era efectiva y poderosa pero no absoluta. La herida permaneció igual. Sacó de su bolso un pequeño recipiente de cristal labrado, finamente tallado. Y le dio de beber al hombre un sorbo y después volcó el resto sobre la herida y el líquido cristalino hizo ebullición.
-Esta agua bendita saciara la sed y el hambre que su cuerpo siente en este momento y purificara la herida. Mi magia acelerara su cicatrización y detendrá la hemorragia. Pero aunque su cuerpo se salve no se que pasara con su alma. El arma que se clavó en su cuerpo estaba envenenada  es posible que el antídoto que le dio la ogra haya minimizado el efecto pero no se cuanto. Le he dado un poco más de tiempo y ahora depende de su fortaleza sobrevivir. Debemos llevarlo a la fortaleza lo antes posible  Ahí quizás podrán atenderlo mejor de lo que yo puedo aquí, pero aun así de él dependerá regresar. Los enanos miraban afligidos al hombre, Betu todavía acompañaba a los orcos que miraban con atención a Sefit montado en su caballo negro e ignoraban a Neilad.
-¿Por qué me miran de esa forma orcos? Acaso recuerdan que he matado a alguno de sus hermanos. -dijo Sefit desafiante.
-No sé de eso, pero nosotros hemos matado ayer a varios de los tuyos. -El orco jefe habló por primera vez ante los guerreros de la orden.
El antaño lobo del desierto de Gull se acomodó en su montura –Pero ¿Qué significa eso?
Betu intervino -Debemos de contarles muchas cosas y estimo que ustedes también a nosotros. Viajemos con prisa hacia la fortaleza y les contaremos en viaje. Pero antes hare las introducciones. Los orcos que me acompañan son Glansh-Glakh el que antes era el octavo general de Murgthiz, pero ahora desea que lo llamen solamente Glakh -El orco jefe gruñó sin quitarle los ojos de encima a Sefit-, él es Frunzzhsh -el de la voz aguda movió la cabeza-. Gluk -El orco más pequeño de los cuatro se sacudió-. y finalmente Grur -el último orco era fornido y de ojos saltones-. Y los caballeros de la orden son estos, el enano de barba rojiza es Rikenv el aventurero, el enano gigantesco es Beraza, la hermosa elfa es la sacerdotisa de Eiugun Azhalea y el caballero negro es Sefit el imbatible y este de aquí es el legendario gato azul.
Los enanos ya habían cargado a Neilad sobre la carreta en que se movían y lo habían envuelto en la capa que antes había dejado ahí. Colocaron a su lado su armadura blanca que el rey orco no se había llevado ya que no poseía ninguna cualidad especial. Y se colocaron en posición para seguir con su viaje. Azhalea nuevamente montó en su yegua y todos comenzaron a andar esta vez mas lentamente por que Betu y los orcos iban a pie pero Azhalea explicó que llevar a Neilad a la fortaleza solo le proporcionaría más comodidad pero que difícilmente podrían hacer allí algo que ella ya no había hecho por él. Los enanos continuamente deseaban dejar atrás a los orcos y llevar a Neilad al Fenor lo más rápido posible. Pero separarse no era una buena idea y era mejor que estuvieran todos juntos escoltando al hombre inconsciente, que viajar por separado, además si los orcos quedaban solos seria presa fácil para los hombres y para los de su especie y Neilad les había prometido protección.

Rikenv habló muy seriamente y con desprecio a los orcos mientras viajaban -Entonces ¿Cómo es que se mueven sin que los veamos y que es eso que me están contando de un gran número de orcos ocultos aquí en el descampado?
Grur, el de los ojos saltones, miró a su jefe como si le pidiera permiso para hablar y Glakh asintió con la cabeza. Grur tomó un pequeño pote que colgaba de su cintura. Lo abrió y mostró que había cenizas dentro -Cuando mezclamos esto con el barro creamos una sustancia que nos vuelve invisibles a los ojos y a la magia si nos la untamos. Pero solo funciona a veinte pasos de distancia. Si estamos más cerca nos pueden ver, claro que para ese momento ya es demasiado tarde por lo general.
-Eso explica porque todos los de su especie que encontramos estaban cubiertos de lodo. Incluso Neilad y Betu -Beraza movía su pipa de un lado a otro de su boca-. ¿Y cuál es el número de orcos que enfrentamos entonces?
Glakh quien ya no se sentía siervo de nadie respondió -Cada uno de nosotros estaba al mando de dos mil soldados orcos. A su vez cada uno de los Glansh contaba con la protección de por lo menos un orco guardaespaldas, llamados nurorcg, que son esos enormes guerreros armados con garrotes. Y con veinte orcos de élite como lo son mis compañeros. Además Murgthiz comanda un grupo de tres mil orcos montados en lobos. Y varios nurorcg.
-¿Me estás diciendo que hay veinte mil orcos aquí en el prado? -Rikenv comenzó a inquietarse y a ver por sobre sus hombros.
-No. Nuestra misión inicial era conseguir el huevo de la ogra y en nuestra fortuna conseguimos dos. Además no enteramos de la presencia de Neilad en la zona desde hacia tiempo. Murgthiz quien ha estado buscando armas y armaduras poderosas desde hace años codiciaba esas armas pero no había tenido oportunidad de conseguirlas. Por eso envío a tres de nosotros, a buscarlas. Su plan era enviar a un pequeño grupo a buscar al hombre. Debía ser lo suficientemente grande como para desbordar a su orden y aniquilarla fácilmente en un ataque sorpresa pero lo suficientemente pequeño como para no ser advertido por los hombres de Fenor, además de que siendo pocos nos moveríamos más rápido. Enviaría dos contingentes, uno hacia su palacio plateado y otro más pequeño a la aldea de Lurand. Y yo me quedaría en custodia del huevo. Pero las cosas cambiaron en el camino. Los imbéciles de Brgrunt y Glugarth discutían sobre quien debía ser el que se quedase con la gloria de vencerlos. Finalmente Glugarth que era el quinto Glansh y por eso más importante que Brgrunt, que era el sexto, comando la tropa que fue hacia su palacio. Brgrunt por su parte fue de mala gana a Lurand sabiendo que no encontraría ahí mucha resistencia por lo que tomó solo a treinta orcos con él y ni siquiera se molesto en llevar a su guardaespaldas. Esos son orcos estúpidos que solo sirven en batalla, pero que retrasan al resto ya que no son capaces de abrocharse un cinturón por sí mismos. Pero yo pensé que era mejor plan engañarlos que atacarlos, por eso extorsione a la ogra para que los engañase haciéndole creer que le devolvería a uno de sus hijos y le tendí la trampa a Neilad. Sabia de su reputación y calcule que era lo suficientemente… -el orco iba a decir estúpido pero se contuvo, no sintió que era el mejor momento para insultar al hombre- confiado como para dirigirse hacia ahí por voluntad propia. Brgrunt y Glugarth creyeron que era una estupidez y atacaron sus objetivos como estaba planeado en un principio usando todas las fuerzas con la que contaban sin pensarlo dos veces. Yo en cuanto capture los huevos de la ogra envíe un mensajero llamando a Murgthiz para que obtuviese su botín lo antes posible y él viajo hasta aquí movilizando un pequeño ejército de cerca de mil soldados, los más fieros y fuertes. Al enterarse de la muerte de dos Glansh le pidió a Glansh-Mur-hr, el segundo general que lo acompañase. Los tres primeros Glansh son los más terribles de nosotros, no querrán tenerlos enfrente. Neilad conoció a Mur-hr y también este semi dios. Mur-hr carga una espada maldita al igual que los otros dos. Las otras armas poseen poderes diferentes.
Sefit escuchaba con atención pero no se atrevía a interrumpir. La información que el orco estaba revelando era valiosa, si Neilad le había perdonado la vida esperando que el orco en su despecho confesase esto, había actuado con sabiduría. Pero sintió más admiración todavía por Maz que había calculado todo esto tres días atrás. Finalmente necesitó conocer el resto de la información. –Dime ahora ¿De qué tipo de armas estás hablando? ¿Qué ha pasado con el resto de las tropas, incluso las que manejabas tú? ¿Y por qué dijiste hoy más temprano que habías matado a mis hermanos?
-No solo ha traído a parte de su ejército con él a la planicie, sino también ha reclutado a un grupo de mercenarios humanos conocidos como los lobos del desierto de Gull de los cuales tengo entendido tu formabas parte. Esto ha sucedido mientras yo no me encontraba con él, así que no sé por qué lo ha hecho. Anoche matamos a cinco de ellos pero al menos quince mas se encuentran con él -Sefit meditó lo que el orco decía y no le parecía para nada imposible-. En cuanto a las tropas lo más probable es que las hayan repartido entre los demás Glanshs que se encuentran esperando ocultos en el bosque que separa las montañas grises de la Fortaleza de Fenor. Los últimos días nos hemos encargado de matar a los hombres que se aventuraban en el lugar para que no revelasen nuestra posición. ¿Y por las armas de los Glanshs preguntas? No querrás saber.
-Si lo deseo, no le temó a nada. –Contestó el imbatible, en cualquier otra persona tal afirmación hubiera sido soberbia, de parte de Sefit era la pura verdad.
El orco río -Pues deberías. Glansh-Bridgunt el séptimo general es un imbécil pero es fuerte como un león. Y es mejor no estar al alcance de su pesada alabarda o de sus poderosas garras. Glansh-Briver el cuarto general es veloz e incansable así como pequeño y carga una porra y un martillo de guerra con los que aplasta las cabezas de sus enemigos y monta en el lobo más veloz y fuerte de los orcos que está muy protegido por placas de metal y cuero trenzado. Pero como dije ellos dos no son nada al igual que los tres que hemos venido aquí en comparación de los tres primeros generales. Glansh-Drurt el tercer general carga el hacha de Tairan el antiguo Rey enano del norte de Denjiia. Se dice que la fuerza del monstruoso golpe del hacha puede derribar un roble de un solo hachazo y partir al piso en dos -Rikenv había oído hablar de esa arma y no imaginaba como había caído en manos de los orcos-. Glansh-Mur-hr posee la espada bastarda que los hombres forjaron para enfrentar al gigante Ignor hace cientos de años y que se encontraba protegida y oculta en un monasterio remoto al este de aquí. Los hombres que la hicieron lanzaron una maldición sobre su hoja y desde entonces cualquiera que sea herido por el filo de la espada o que su sangre este en contacto con la misma será envenenado y tendrá una muerte horrible y dolorosa. Necesitaron los hombres crear un arma gigantesca y que solo necesitara un golpe para asegurar su victoria ante un gigante. Pero Lerouas el héroe de los hombres no esperaba que la maldición se volviese en contra suya. Para asegurarse que nadie más que él la usara, la empuñadura de la espada tiene pequeñas púas que cuando cualquiera las toca hacen brotar su sangre y es en consecuencia envenenado. En batalla con el gigante una de ellas rozó la piel del hombre que murió después de vencer a su enemigo. Desde entonces nadie más la había usado hasta que Mur-hr saqueó el monasterio. Pero Glansh-Dlek es todavía más temible, él ha obtenido una vara mágica que le permite controlar la mente de las criaturas y viaja por esto en un dragón de tierra que es tan grande como ocho de esas carretas y tan alto como cinco de ellas. El dragón vomita fuego y como todos los dragones, es inmune a la magia excepto a esta vara. Y es el arma secreta de Murgthiz quien ahora equipado con Grurdahara es invencible. Tengan en cuenta además que todos nosotros los ocho Glansh y el supremo comandante poseemos armaduras forjadas por los enanos que nos hacen muy resistentes a los golpes. Brgrunt y Glugarth murieron por subestimarlos y por su desesperación por entrar en batalla. Pero eso ya no volverá a ocurrir.
-¿Grurdahara? -Preguntó Beraza.
-En nuestro idioma Grur significa resistente o duro y Dahara estrella. Aunque en este caso la traducción más exacta seria la “Dureza Estelar” o “la resistente espada de las estrellas”. Así conocíamos los orcos a la espada de este hombre. Y desde que Murgthiz supo de su existencia que anhelaba conseguirla.
-Dahara…-pronuncio la elfa- que hermosa palabra usan los orcos para nombrar a las estrellas. Nunca lo hubiera imaginado -Luego agregó-. Pero hay algo que todavía me intriga ¿Para qué querría Murgthiz los huevos de ogro? ¿Acaso alarga la vida de los orcos?
-¿Alargar nuestra vida? Eso es imposible. Los orcos fuimos la primera raza creada por los dioses. Nacimos en el ceno de nuestra madre la diosa tierra y somos para tu sorpresa inmortales. Si ningún orco ha llegado a viejo es porque nos matamos los unos a los otros. Por eso los dioses crearon a las otras razas.
-Jamás había escuchado locura similar, ¡¡¡Orcos inmortales, jah!!! -exclamó Rikenv.
El orco que venía hablando, Glakh, siseo -Cree lo que quieras enano pero lo que te digo es cierto -Y prosiguió-. Nuestra madre la diosa tierra no nos dio habilidad mágica alguna así como tampoco nos proporciono alguna defensa contra ella. Porque fuimos creados antes de que la magia misma existiese. Nuestras características físicas y mentales están determinadas por los atributos que posea el suelo a la hora de nuestra formación. El supremo comandante tuvo noticias por parte de un mago elfo que si se mezclan ciertos ingredientes, entre ellos un huevo de ogro, que si son seres con cualidades mágicas, se obtendrá un orco que pueda ejecutar magia y se cree también defenderse de ella sin tener que valerse de ningún tipo de arma especial, así como hace Murgthiz ahora con Grurdahara. Y esos serian los nuevos soldados del ejército de Murgthiz.
Los caballeros de la orden guardaron silencio tratando de asimilar toda la información que habían recibido y si la mitad de lo que decía el orco era cierto estaban en grandes problemas. El inminente ataque de los orcos a la fortaleza de Fenor no podía ser repelido sin por lo menos algo de preparación. Y el tiempo escaseaba. Se necesitaría más de un milagro para poder salir de tal situación. Pero ahora ya estaban atrapados y si era cierto que el rey orco estaba suelto por la pradera junto con sus soldados alejarse de la fortaleza ya no era una opción y tampoco podían abandonar al resto de sus compañeros que estaban en él. Como había dicho el orco era un suicidio. Y nada podían hacer para evitarlo. Las fauces del ejército oscuro del rey orco se estaban cerrando cada vez más e iban a devorarse a los soldados de Rey Urael y a la mismísima Orden del Gato Azul de un solo bocado.


Siguieron su viaje hacia la fortaleza que les resultó interminable. Azhalea comenzó a cantar. La canción no estaba escrita en algún idioma que conocieran porque era una canción mágica. Que entonaban las sacerdotisas para sanar el alma de quienes la escuchaban. Quizás esto reanimase a Neilad. Pero mientras escuchaban la canción Betu y los orcos sentían como sus heridas también eran sanadas. Y los orcos experimentaron por primera vez la paz, aun con veinte mil soldados buscándolos. La hermosa voz de la elfa siguió sonando y nadie se atrevió a interrumpir la armoniosa melodía. Cuatro horas habían pasado del alba cuando la patrulla de soldados del Rey de Fenor lideradas por Nuel el campeón los alcanzó. Se sorprendieron de ver a los orcos pero Betu y Azhalea convencieron a los soldados y en especial a Guy de Montevid, la joven guerrera, de que habían hecho un pacto con ellos y que tenían información vital para el rey Urael. La patrulla había estado buscando en varias direcciones y no se había alejado demasiado de la fortaleza. Por esto con los orcos y Betu a pie llegarían en un poco más de tres horas. Serotonino se alegró de ver a sus compañeros y a Neilad aun con vida a pesar de su estado. No vio la patrulla a ningún otro orco que no fueran los cuatro que viajaban con Neilad y con Betu. Cuando llegaron a la fortaleza las puertas del mismo estaban abiertas y como había dicho el rey no se había interrumpido la celebración de Noirus. Y la fortaleza estaba llena ahora de peregrinos. Los orcos fueron disfrazados para que no alarmasen a los visitantes y puestos en presencia del rey así como Neilad y los otros caballeros de la orden que se reunieron con Verokai y Maz. El rey escuchó a los orcos que contaron lo que habían dicho a los miembros de la orden y también lo sucedido con Neilad. Y así también contaron su historia Azhalea y los dos enanos. Después de esto, el rey hizo encarcelar a los orcos. Betu protestó pero el rey explicó que los pactos que había hecho Neilad nunca habían sido autorizados por él, pero que por respeto a la situación no lastimaría a los orcos. No se fiaba de ellos y todavía desconfiaba de los caballeros de la orden. Aunque había empezado a creer que lo que le habían dicho era cierto. La Orden se encontraba reunida en la torre donde se habían presentado inicialmente, todos alrededor del cuerpo inmóvil del hombre herido. Los enanos estaban inquietos y no soportaron la espera. Pidieron permiso al rey para usar la forja y les fue concedido y bajaron donde el herrero a descargar su ira contra el metal. Verokai, Serotonino y Sefit descansaron sentados en sillas ya que hacía tiempo que no dormían. Azhalea se quedó al lado de Neilad que no despertaba. Betu bajó a las mazmorras para hacerle compañía a los orcos que habían sido encarcelados celando la palabra de Neilad, y los orcos agradecieron el gesto del semi dios. El reloj de sol de la plaza principal marco las seis de la tarde cuando Maz se acercó al rey que a pesar de la fiesta también se encontraba en la misma habitación que Neilad. El carismático cleptómano dijo -Hay algo que tengo que decirle. Y me temo que no son buenas noticias.