lunes, 28 de abril de 2014

13 - El Guardián

Fortaleza de Fenor.
Día 13 del cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.


El rito de la Luna Nueva ya se estaba festejando. Las mesas desparramadas en la plaza principal estaban repletas de comida. A pesar de los consejos de los caballeros de la orden, el rey continuaba como si nada pasase. Ubicados en puntos estratégicos dentro de la región estaban distribuidos varias torres vigías, así el rey se aseguraba de que ningún ejército se aproximase antes de abrir las puertas de la fortaleza para no ser sorprendido. Ninguno de los vigías había visto a nadie. A pesar de que los orcos habían explicado cómo funcionaba la magia con la que se habían ocultado. El rey no estaba del todo convencido. Para asegurarse que la extraña presencia de la orden no fuera una molestia entre sus invitados al rito, los había llevado al lugar más alto de la fortaleza en la sala principal donde cenaban y se reunían porque era además el lugar más espacioso. Las murallas de la fortaleza eran lo suficientemente altas como para superar a la gran mayoría de las construcciones interiores y la torre era además una de las pocas edificaciones dentro de la fortaleza que las superaban en altura. Por precaución el rey aprovechaba la altura para poder observaba los alrededores todo el tiempo.

            Desde que sus compañeros habían llegado trayendo a Neilad y a los orcos la aguda mente del hombre había estado trabajando tratando de desentrañar las tácticas de sus enemigos. Si lo que decía el orco era cierto, y no tenía por qué serlo, el ejército del rey tenía pocas posibilidades de triunfar. Pero más allá de lo que sucediese en el campo de batalla más cosas podían a llegar a pasar por afuera de él. Lo obvio para él tenía que ser expuesto al rey Urael que seguía con sus supersticiones y desconfiando de la palabra de los caballeros de la orden. Aunque Maz comprendía que no podía esperar menos. Detener el ritual religioso no era una opción ya que la moral de su pueblo y reino dependía en gran parte de esto pero más allá de eso tampoco había visto más orcos de los que ellos le habían llevado. No había manera de que pudiese comprobar nada. Y aunque el más extraño grupo de criaturas se había juntado antes sus ojos para manifestar una gran verdad él simplemente no podía creerlo así como así. El hombre vestido finamente de verde se inclinó ante el rey y después de aclararse la garganta intentó explicar sus ideas. -Así como vuestra majestad, muchas cosas no sabía yo sobre este asunto. No sabía por ejemplo que los generales conocidos como Glanshs eran ocho, yo solo pensaba que eran seis. Además  desconocía las dimensiones de tal horda. Pero nada de esto me preocupa en comparación a los lobos del desierto. Esos mercenarios reclutados por el rey orco están destinados para algo en especial. Son ellos reconocidos por sus tareas de espionaje, sabotaje y por ser perfectos asesinos. Las puertas de la fortaleza han estado abiertas hoy permitiendo la entrada de peregrinos ¿Qué pasaría si ellos han entrado y se dispusiesen a asesinar a alguien incluso usted majestad o sabotear de alguna forma las defensas del lugar? Un orco no podría pasar por las puertas de la fortaleza sin ser notado por lo que ha explicado el orco Glakh, pero no le costaría mucho a uno de los asesinos de Gull.
-He estado pensando lo mismo que tu, caballero de la orden del Gato Azul. Mis guardias están alertados sobre la posible presencia de intrusos hasta le he ordenado a Niguarn, el joven que estaba sentado en esta mesa anoche, que prepare las tropas. Pero me temo que hasta hora los únicos orcos que hemos visto son lo que han traído ustedes. Y nuestros soldados no creen haberse pasado por alto a veinte mil soldados orcos. Eso es muy difícil de creer. En una hora caerá la noche, el ritual de la Luna Nueva comenzará y tengo que estar preparado para ese momento. He permanecido aquí al lado del hombre que dicen que es su jefe. La fama de Neilad de ser el mejor espadachín del reino ha llegado a las puertas de la fortaleza hace ya un buen tiempo. He estado preguntando entre mis hombres y muchos dicen haber oído de él y aunque la descripción de tal persona encaja con la del hombre que yace sobre mi mesa, me parece muy conveniente que no porte ni su espada ni su escudo que lo distinguen. Muy peculiar e intrigante es el gato que a sus pies descansa y no imagino como habrán conseguido pintarlo de azul. Son sin duda alguna un grupo de criaturas dignas de un circo. Y si están aquí todavía en mi presencia es porque ningún daño me han hecho todavía. Y porque a cada minuto que pasa más intrigantes personajes se les unen. He visto en ti a un hombre mortal que fue capaz de escalar por los muros de la torre principal del castillo sin ser visto por todo mi ejercito, a una elfa que dice ser inmortal, que puede transformarse y cambiar su rostro al que le plazca, a un mago del sueño que hipnotiza a mis guardias, han llegado dos enanos a mis puertas uno casi más alto que yo, un hombre que se presenta como un semi dios, a una sacerdotisa de Eiugun renegada y a un asesino regenerado y llegan en compañía de cuatro orcos que supuestamente han desertado de un ejército invisible. Y a un hombre herido que puede simplemente haber sido víctima de ustedes para poder llegar a mí. Creo que he sido bastante generoso con ustedes.
-No dudo de eso mi señor, y muy agradecidos estamos por ello -Maz volvió a inclinarse ante el rey-. Pero si el rey orco ataca hoy las puertas de la fortaleza se cerraran y dejaran dentro no solo a los soldados que bajo tu mando están, sino que además permanecerán en ella todos los peregrinos. Que solo ocuparan espacio y consumirán recursos. Y si los caballeros de Gull siembran caos pronto la histeria se apoderara del lugar y los orcos no necesitaran más que estar esperando fuera para conquistar la fortaleza que caerá sola. Murgthiz espera que esto sea rápido no desea que lleguen refuerzos de países vecinos o fortalezas lindantes. Le pido por esto que proteja a los hombres importantes de la fortaleza ya que sean estos los principales objetivos de Murgthiz y que aliste las tropas para la batalla. No es algo para tomar a la ligera.
-Yo soy Urael, rey de Fenor y soy yo quien da las órdenes a los hombres de la fortaleza y del reino. Y no he decidido que hacer todavía con esto.
-Pues si es como dices no eres mi rey entonces. -Una voz habló detrás de las espaldas de Maz.
-¿Quién ha dicho eso? -preguntó el rey exasperado.
El gato azul camino galantemente hasta el trono donde estaba sentado el rey y saltó sobre uno de lo apoyabrazos. Y para sorpresa del rey y de los guardias dijo -Yo lo he dicho. Ya que si eres el rey de los hombres del reino no eres el mío porque no soy hombre. Y por cierto no me han pintado de azul, este es mi color natural.
El rey no dijo nada por un segundo y después se recompuso miró al gato y después miró a Maz que no mostraba ningún gesto de asombro -¿Pero es que además de todo lo que he tenido que ver hoy tengo que escuchar a un gato que habla?
El gato se sentó cómodamente en el apoyabrazos -Si, rey de los hombres de Fenor, yo puedo hablar y si te parezco extraño es porque no has conocido a los dos miembros que faltan de la orden que lleva mi nombre. No soy yo una mera mascota, ni me han pintado de azul. He nacido azul con ojos de color plata y soy capaz de hablar desde que tengo memoria. Y a pesar de ser un miembro más de la orden las criaturas que la conforman suelen no tenerme en cuenta. Ya que dicen que mis palabras son acidas e irrespetuosas. Pero yo creo que por algo el hombre que ahí yace la fundo inspirándose en mí. Esta es mi orden y no soy yo de ella. -Maz se tomaba la cabeza con las manos mientras escuchaba al gato vanagloriarse.
-¿Pues además de jactarte tienes algo que agregar? -preguntó el rey.
-De todos nosotros Maz es quien tiene la mente más aguda. Yo me confiaría de su palabra y haría caso a sus consejos -El gato saltó al alfeizar de la ventana desde el trono donde se encontraba con un hábil movimiento felino, luego se sentó-. La magia que disfraza los pensamientos de los orcos para que los magos no los encuentren y que encanta tus ojos para que no veas a tus enemigos no afecta a los míos de felino. Mis ojos de plata pueden ver no solo en la oscuridad donde no vería ningún humano sino también a distancias que no alcanzaría ningún elfo. Y estoy viendo desde aquí que allí en el bosque se esconden los orcos y esperan. Como te ha dicho el hombre hoy atacaran cuando el momento les sea oportuno. En pocas horas descubrirás que lo que te hemos dicho es cierto. Y veo para mi alegría que no estaremos solo nosotros, de la orden alguien más ha llegado. Alguien que todavía no conoces rey. No creí que esto fuera posible pero está aquí.
-¿A quién vez en la distancia señor gato? -preguntó Azhalea que había estado escuchando la conversación sin decir nada.
-Es Sugum que esta aproximándose a las puertas de la Fortaleza y no tardara en llegar. No me explico como lo ha hecho.
-¿Sugum? -preguntó Maz extrañado-. Nunca lo había visto lejos del Palacio de Plata.
-Yo tampoco. -dijo la elfa.
El rey los interrumpió -¿Otro más de su grupo? Enviaré a que vayan por él y lo pongan en mi presencia -El rey ordenó a uno de los guardias que fuera por Sugum-. Quiero saber de este sujeto.
-No creo que sea posible rey, poco sabemos nosotros de él ya que casi nunca habla. –dijo Maz.

            Con pesados pasos avanzaba la criatura y su armadura hacia ruidos metálicos al moverse. Cargaba su gigantesco escudo y su enorme espada de un solo filo. Los guardias que advirtieron su presencia cruzaron sus lanzas delante de la puerta.
-No pasaras hombre portando esas armas la fiesta de la Luna Nueva es un rito de paz y no de guerra y el rey de Fenor no desea que sus invitados lleguen armados.
Pero la criatura solo dijo una palabra con su profunda voz -Neilad.
No tardó en llegar el mensajero del rey autorizando la entrada de Sugum a la fortaleza. Y fue escoltado entonces por cinco soldados hasta donde se encontraba el rey. El gato observó por la ventana como acompañaban a Sugum hasta donde se encontraba el rey. –Yo si conozco la historia de Sugum.
Azhalea se sintió intrigada -¿Realmente conoces la historia del querido Sugum corazón de oro?
El rey también habló- Yo quiero escuchar esa historia también, no dejo ya de sorprenderme con todos ustedes.
-Al poco tiempo de que Neilad y yo llegásemos a Lurand y que nos fuese entregado el palacio para que lo custodiásemos y aun mucho antes de que Zauner el maldito se uniese a nuestra orden se nos presentaron unas hadas. Extrañas criaturas las hadas que le escapan a los elfos y a los enanos pero que suelen ponerse en contacto con hombres humanos o con niños perdidos. Estas hadas habitan el bosque de Lurand que rodea al palacio de plata, vieron en Neilad a un hombre especial y supieron entonces que él formaría a la orden que hoy lidera. Y le pidieron algo. Que protegiese al hermoso bosque de Lurand así como hacía con la ciudad. Esas piedras plateadas que conformaban al palacio eran sagradas para ellas. Así que enviaron a Sugum para protegerlas. Sugum es un espíritu del bosque que las hadas han reanimado para que se convierta en el guardián de la orden. No sé de dónde han sacado las hadas esa armadura ese escudo o esa espada. ¿Quién sabe? Quizás de algún desafortunado guerrero que años atrás habían enterrado en el bosque, no lo sé, ni incluso si lo han sacado todo del mismo lado o han manipulado ellas a la materia de alguna forma con su poderosa magia. Pero sé que el poder que las hadas le concedieron solo se extiende a los alrededores del palacio porque son esas piedras plateadas las que mantienen el encantamiento. Sugum es por esto el más fiel protector de la orden y el primero en unirse a Neilad, y a mí por supuesto. Sugum no necesita nada más que una causa para existir. Es por esto que siempre aguarda a las puertas del palacio y permanece inmóvil por días. A veces uno hasta se olvida que está ahí, esperando. No me explico cómo ha llegado hasta aquí. Como se ha alejado tanto del palacio de plata.
El rey se acariciaba la barba -Interesante criatura la que describes. Creo que nada me asombrará mañana después de lo que he visto hoy.
Sugum atravesó la puerta que antes había cruzado Serotonino acompañado de los guardias del castillo. Algo diferente notaron en él. En su pecho incrustado donde estaría el corazón se encontraba una pieza de piedra plateada que parecía haber sido arrancada por las manos del propio Sugum de los muros del palacio con su fuerza antinatural. Alrededor de la piedra se había fundido oro que la unía a la armadura. Hilos del dorado metal se extendían por la armadura como venas de oro. Todos los de la orden que estaban despiertos se alegraron de verlo llegar. Azhalea se acerco a él y notó que en la piedra de su pecho brillaba una inscripción escrita en el extraño idioma de las hadas, el mágico. Y la leyó en voz alta para que todos escuchasen.

Que el espíritu de Sugum guardián
Continúe con  su importante misión
Para que aquellos que habían
Jurado con gran decisión
Proteger al bosque sagrado
Puedan esta semana haber regresado

Que su corazón de oro y piedra
Traiga con vida a Neilad a nuestra tierra.
Que aquel que porta el anillo plateado
Regalo de  la  brillante estrella
Sepa que otros y no tan solo ella
Lo esperan en el bosque sagrado.

Luego la piedra dejó de brillar y las letras desaparecieron. Las hadas del bosque le habían concedido al guardián la oportunidad de viajar hasta donde se encontraba la orden para poder protegerla. El rey y los soldados observaban con atención a la criatura. El rey Urael miró al gato nuevamente y después a Maz -Y todavía me falta conocer a un tal Zauner. ¿Tendré la oportunidad de conocerlo?
El gato sentado en la ventana contestó -Tarde o temprano todos veremos a Zauner pues él ya no forma parte de este mundo. Y en el sendero que todos recorremos el país donde esta Zauner es el último de nuestros destinos.
-¿Qué me has querido decir con esto? -preguntó el rey. Pero antes de que alguien pudiese contestar un soldado entro corriendo a la habitación.
-Mi rey han asesinado a Frerias el santo en su habitación. El rito ya no podrá realizarse.

El plan que Maz había explicado al rey, había sido puesto en acción.