miércoles, 9 de abril de 2014

7 - El plan de rescate


El palacio de plata; Fenor.
Día 11 del cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.


De la misma taberna de Bruen Sefit tomó las escasas provisiones que iba a llevar a su viaje en busca de Neilad, Azhalea, el gato y los enanos. De las palabras que Maz había recopilado de su conversación con los orcos, había concluido que la visita de La Orden a la casa de la ogra no debía de ser más que una trampa, otro intento de capturar al hombre, que de la noche a la mañana se había convertido en el más buscado de los orcos. Orcos poderosos, bien equipados, viejos y sabios estaban tras el líder de La Orden del Gato Azul y los mismos habían llegado a las puertas de la ciudad sin siquiera haber sido notados. Un rey orco que había pasado sus años en batalla aprendiendo de sus triunfos y derrotas los estaba comandando y a su mando al menos seis generales esparcían el terror que sus ordenes enfundaban en los hombres. Dos de ellos habían caído en una sola noche en manos de los guerreros de La Orden. Subestimar su poder era algo que posiblemente ya no harían más. La guerra ya estaba declarada. Y los dos hombres sabían que ya no había forma de eludirla. Ahora la única opción era enfrentarlos y no podían darse el lujo de esperar a sus enemigos donde estaban. Porque ya no serian cientos, sino miles. Cuando Sefit partió hacia la choza de la ogra, sus compañeros le llevaban casi un día de ventaja. El imbatible guerrero montó en su alazán negro y se dispuso a alcanzar al grupo de desafortunados viajeros. El sol comenzaba a salir por el horizonte cuando la silueta de Sefit se perdió en el mismo. Maz regresó al palacio de plata a comentar sobre lo que había escuchado.

Nuevamente reunidos en el salón principal los miembros de la orden debatían sobre lo que debían hacer ante tales circunstancias. Maz quien llevaba las noticias sobre los orcos explicó -Sefit ya ha partido en busca de Neilad y el resto del grupo. Siendo él nuestro mejor guerrero estoy seguro que los peligros que afronte podrá superarlos, y le será de gran ayuda a los demás. La pregunta es ahora ¿Qué es lo que vamos a hacer nosotros? -Maz hizo una pausa y se inclino hacia delante estando sentado en su habitual silla en la larga mesa de la sala. Apoyó los codos y después las manos sobre la mesa-. Lo que escuche de nuestros enemigos es que han estado bajando por la rivera del río durante cinco días. Desconozco el lugar exacto de su procedencia. Pero cinco días a paso de orco lo más probable es que se tratase de Suminer, las montañas del norte. Es más o menos el tiempo que harían de allá hasta aquí bajando por el río. Sin duda se han valido de la magia para ocultarse. Pero aun con magia un gran ejército es difícil de ocultar. Mas contando con que deberían mover provisiones y otras cosas para poder mantenerse en el viaje que serian cinco días de ida y cinco de vuelta. Así que asumo que no han mandado a muchos soldados hasta aquí, de otra forma aun con magia hubiera sido imposible ocultarlos a los ojos de todos los pueblos y lugares por los que han pasado. Incluso han tenido que atravesar la misma capital de Fenor. Por todo esto es muy probable que el grueso de la tropa que enviaron haya sido masacrado por ustedes en el palacio que era el lugar más probable para encontrarlo. Esperaron demasiado tiempo y cuando atacaron su objetivo ya se había ido. O quizás nunca les intereso del todo Neilad y el palacio era un segundo objetivo. Una buena movida para desmantelar la orden. Asumiendo que ellos sabían que Neilad iba a la trampa de la ogra si es que ella realmente les tendió una trampa. Por lo que deduzco de las palabras de los orcos.
Serotonino ya un poco cansado de escuchar al hombre lo interrumpió -Estas asumiendo muchas cosas. Y lo más importante hablas de los orcos como si fueran sumamente inteligentes. Me dices que han planeado un ataque en conjunto a dos lugares prácticamente al mismo tiempo y que además se han guardado un tercer respaldo, usando a una ogra como secuaz. Que han planeado las cosas tan bien que no solo pretendían capturar a Neilad, quien sabe porque, sino que además atacaban el palacio para matarnos a nosotros si es que lo primero que buscaban no se encontraba. Puede ser que hayan perdido el elemento sorpresa y por eso nos fue tan fácil derrotarles. Pero si lo que dices es cierto entonces nunca hubiera sido una sorpresa ya que se anunciaban para que Neilad partiese a la ciénaga. Y eso me extrañaría bastante porque los orcos que tú describes y los que yo he visto han resultado por ser unos estúpidos.
Maz sonrió y nuevamente adoptó una postura más relajada recostándose sobre el respaldo de la silla y apoyando una de sus manos en el apoyabrazos. -Bien, creo que estas subestimando muchas cosas.
-Nombra una. -Insistió Serotonino.
-Para empezar tu propio poder y el de todos ustedes.
Verokai que se encontraba toda cubierta por su capa ya que la luz del sol hacia una hora que atravesaba los ventanales del palacio hablo por debajo de sus ropajes.  -Tendrás que explicarte mejor, no todos aquí tenemos tu aguda mente. O quizás no nos encontramos muy impresionados con la fuerza aparente de estos enemigos.
-Voy a intentar explicarme mejor. Por lo que escuche este ejercito de orcos al cual no somos capaces de medir en cuanto a fuerza o cantidad porque no lo hemos visto todo entero esta comandado por un tal Murgthiz, un orco que ha vivido demasiado a mi gusto. A su cargo tiene a seis generales que parecen estar tan sometidos por él que hasta se nombran como si le perteneciesen. Imaginemos que tengo razón y proceden de donde calculo, ya que muchos otros lugares no hay viniendo por donde ellos indicaron. Son las montañas el hogar de los orcos y a esa distancia se encuentran de aquí. Si es así: tienen a dos días de allí la capital de Fenor que a diferencia de aquí está fuertemente custodiada. Movilizar un ejército hasta aquí solo para capturar a un hombre y matar a otros pocos seres no tiene ningún sentido. No solo por lo difícil de hacerlo con magia o sin ella, sino porque debilitarían su posición. Y de haber habido una guerra con los orcos nos hubiésemos enterado. En cambio han utilizado una más razonable estrategia. Envió solo a una pequeña parte de su ejército que debe de ser basto ya que lo manejan por lo menos seis orcos. Le tendió una trampa a Neilad asegurándose su captura y con eso también separó a la orden en dos partes. Si Neilad no picaba y se quedaba, la tropa que ustedes mataron hubiera llegado a acabarnos. De no ser así Neilad ya iría a una trampa y nosotros nos encontraríamos debilitados. Un tercer grupo más pequeño cubriría la ciudad por si acaso este estuviese por allí. Piensen que si nos estaban acechando es muy poco probable que no hayan visto a Neilad partir. Yo más bien creo que lo han hecho y han aprovechado para atacar aquí en su ausencia y si es que han preguntado por él es porque seguramente no intentaban matarlo y si se escondía acá y los había engañado pues no querían volver a equivocarse. Puede ser que los dos orcos que nos hayamos encontrado sean estúpidos, pero no subestimen su fuerza compañeros. Que estoy seguro los orcos no esperaban ser derrotados ante tal diferencia de números. Y tampoco subestimen la fuerza del enemigo que ha llegado hasta aquí sin ser visto y ha atacado con gran inteligencia aunque con una muy mala ejecución. Detrás de este ataque existe una mente que ya nos ha medido y que no cometerá nuevamente el mismo error. Y aunque es probable que ahora se encuentre en la compañía de los pocos orcos que han sobrevivido, más que nada porque no se han encontrado con nosotros todavía, estoy seguro que más adelante y no mucho mas se estará fortificando con los guerreros que tenga al alcance. Y viajando hasta las montañas si es que tiene a Neilad o esperando refuerzos si es que no los tiene todavía.
-Aun así y si todo lo que dices es cierto. Seguimos sin saber qué es lo que buscan en él. -Verokai cruzó los brazos por debajo de su capa.
-Eso no lo puedo saber. Pero se esto. Quedarnos a esperar aquí no tiene ningún sentido. Desde aquí no averiguaremos nada. Y corremos el riesgo de otro ataque, esta vez quizás mucho peor. Por otra parte si es que esto ha sido su mayor fuerza de nada tenemos que preocuparnos. Pero ¿Qué pasa si tengo razón? ¿No sería acaso mejor ir en busca de ayuda?
Serotonino que seguía cansado de escuchar el palabrerío de Maz intervino -¿Quién propones hombre?
-El rey de Fenor tiene a un ejército y a tropas mas bastas que las nuestras que apenas somos cuatro. Y si no es él, estoy seguro que alguien ahí podrá ayudarnos además tendremos oportunidad de recaudar algo más de información que mucha falta nos hace. Dejemos que Sefit encuentre a Neilad y viajemos hacia el norte por el río. Usemos la barca que tenemos para acelerar el viaje hacia el norte. Tenemos al viento a nuestro favor y si viajamos con prisa es probable que en tan solo dos días lleguemos a nuestro destino la capital de Fenor. Ahí veremos qué hacer. -las demás personas que se encontraban a la mesa meditaron un segundo. Maz no se daba por vencido.- Vamos compañeros, tampoco es que tengamos muchas otras opciones. Además soy un gran capitán. -Y sonrió altaneramente.

            Sugum se encontraba en las puertas del palacio protegiendo el hogar de La Orden. El gato azul y Neilad habían sido los primeros integrantes de La Orden, Sugum eran quien había llegado después. Todos desconocían su procedencia y era uno de los más enigmáticos miembros del grupo. Sabían que era capaz de moverse, pero jamás se alimentaba y no parecía dormir tampoco. Pero por sobre todas las cosas jamás lo habían visto alejado del palacio de plata. Ninguno de los otros tres intento persuadirlo ya que lo conocían bien y no podían esperar ni siquiera una respuesta del ser. La magia que movía a tal criatura era un misterio mas a resolver y en ese momento el menos importante. Cuando los tres se alejaron lo suficiente del lugar Serotonino, el mago rojo, movió sus manos en dirección del palacio, y el mismo se desvaneció. En su lugar podían verse una serie de altos árboles cuyas hojas eran de color celeste y violáceo. Y entre ellos todavía se distinguía la figura inmóvil de Sugum que pronto seria confundida con el paisaje. Cuando los tres abordaron la barca Maz soltó las cuerdas que la sostenían al pequeño muelle y extendió la vela de la embarcación. El viento estaba a su favor y emprendieron su viaje con prisa hacia la capital del reino. En aquel vehículo había llegado Maz a Lurand navegando el rio grande desde el Noroeste, desde las tierras de Denjiia. Así que la conocía bien.

            Durante la primera noche del viaje Verokai salió de debajo de su capa, disfrutando del aire que se respiraba en el río. Maz y Serotonino se habían encargado de comandar la pequeña barca. La elfa se estiró quitándose el sueño y bostezó.
-Nuevamente Sero tus poderes no te han dejado ver lo obvio.
-¿De qué hablas, elfa? -contestó intrigado el mago.
-El olor a orco es fortísimo. Deben de ser un grupo todavía superior al que atacó al palacio. Y no se encuentran muy lejos de aquí. Sepan tener paciencia que voy a investigar compañeros. -La inmortal saltó a la orilla y con velocidad se escapó de la vista de los hombres. El barco siguió su rumbo los hombres aguardaron en silencio. Después de unos minutos, la figura de la elfa volvió a aparecer para luego saltar al barco otra vez. Ningún humano hubiera podido realizar ese salto. -Me temo Maz que tus cálculos han quedado cortos. He contado a distancia a por lo menos mil orcos aquí. Han estado bajando por el río y ahora se dirigen al bosque del este donde se encuentra la ogra. A este ritmo llegaran en un día. Neilad ha viajado a una trampa segura y nosotros tres no podemos con un ejército de mil orcos menos aun sin contar con la ayuda de Sefit. Es urgente que lleguemos a la capital y pidamos refuerzos. No podremos llegar jamás antes que los orcos a nuestros compañeros pero podremos volver a rescatarlo si conseguimos convencer al rey Urael.
-Por suerte la magia que encanta mis sentidos no ha turbado los tuyos de elfa. -dijo el mago rojo.
-No ha sido mi parte elfa, yo más bien creo que mi parte demoníaca reconoce al mal cuando lo tiene cerca.
-De todas formas nos ha sido útil, debemos apurarnos en llegar y todavía nos queda un día de viaje hasta allí. -Maz extendió todavía más la vela intentando adueñarse del viento, que soplaba a su favor.

Sin detenerse en ningún momento arribaron al puerto de la ciudad capital. Al anochecer del tercer día desde que Neilad había abandonado el palacio.