miércoles, 9 de abril de 2014

8 - La Fortaleza de Fenor


Fortaleza de Fenor.
Día 12 del cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.


Verokai, Maz y Serotonino caminaron durante hora y media hasta llegar a las puertas de la fortaleza de Fenor, partiendo de la costa del río grande donde habían dejado a su transporte. Cada uno de ellos llevaba envueltos en tela tres objetos. Regalos para el rey de Fenor. El de Serotonino lucia sumamente pesado y él se lo había atado a la espalda para poder cargarlo más fácil. Maz en cambio parecía estar mucho más cómodo con el suyo que era alargado y liviano. La envoltura del presente de la elfa daba la impresión de que lo que llevase dentro era esférico y la misma lo llevaba entre sus manos. Ya era tarde y las estrellas faltaban el cielo, nubes oscuras las ocultaban y robaban de la noche el brillo de las mismas y peor aun tapaban a la luna creciente que esperaba un día para completar su ciclo. En la fortaleza de Fenor se encontraba el ejército real y en ese momento hasta el mismísimo rey. Era bien conocido el rito de Noirus que se festejaba todos los meses con la luna llena. Durante el ritual las puertas de la fortaleza estaban abiertas y eran muchos los peregrinos que se acercaban al lugar en esa fecha para venerar a la luna que alumbra en la noche protegiendo a los hombres de las bestias de la oscuridad. Si bien la ceremonia era sencilla, la superstición de la gente llevaba a los hombres a realizar este rito todos meses asegurándose que la luna siguiese brillando el nuevo mes. Temían que si el rito no se realizase la diosa luna se ofendería escapándose del cielo para no volver. Así que este evento era sumamente importante entre los habitantes de Fenor, sobre todo en esa región. Las piedras del castillo eran enormes y antiguas, de color gris oscuro y azulado. Duras y macizas. Y la altura de los muros desafiaba a la vista. La fortificación no solo protegía a las barracas sino que además era utilizado como templo y poseía una pequeña comunidad de personas que eran en su mayoría familiares del sequito real o de los primeros generales. El sabio rey de Fenor había hecho construir incluso una escuela para los niños que solían correr por los patios y jardines del lugar. Las bodegas y almacenes del lugar podían abastecer de alimento a los soldados y miembros de la corte durante meses si era necesario en caso de ser sitiado y podían abastecerse de agua por excavaciones subterráneas que no podían ser envenenadas por sus enemigos. Aunque el espacio no sobraba se encargaban, en vísperas de la festividad, de llenar con mesas la plaza principal para brindar banquetes a los transeúntes que deseasen festejar con ellos el ritual de Noirus. Pero los peregrinos solo podrían entrar y permanecer ese día y no antes o después. Varios carruajes se encontraban esperando fuera y muchos hombres que habían viajado para la ceremonia habían acampado a las orillas del sendero que los llevaba a las puertas de la fortaleza. En la noche anterior a la fiesta dos guardias se encontraban en el portón de entrada para disuadir a aquellos que intentasen colarse un día antes. Solo los más prestigiados hombres o aquellos diplomáticos con permisos especiales enviados como embajadores de otros reinos podían entrar y salir sin ser molestados. Pero los miembros de la orden del gato azul no eran nada de esto. En su camino a las puertas del castillo discutieron sobre si era mejor esperar al día siguiente para hablar con el rey o si era inminente tener una entrevista con él lo más rápido posible. Los tres se habían puesto de acuerdo en que cuanto más rápido alertasen sobre la presencia de los orcos sería mejor. Y se valdrían de todas sus mañas para hacerle llegar el mensaje al rey.

Los guardias cruzaron sus lanzas delante de la entrada a la fortaleza. Uno de ellos les hablo. -La ceremonia se realizara mañana como es la costumbre y el gran rey de Fenor espera la visita de todos aquellos que quieran acompañarlo en el ritual pero solo al alba se abrirán las puertas. Si tienen algún tipo de permiso especial muéstrenlo ahora, de lo contrario, por favor retírense porque no se les dará acceso al lugar.
Serotonino sonrió. Su magia era más fuerte cuando era de noche y los parpados de los hombres son más pesados. Una mente cansada sucumbe más fácil a las ilusiones de un mago. -Por supuesto que tenemos permisos y también presentes para el rey -Extrajo de su ropa un papel en blanco que presentó al guardia como si fuese un real documento moviendo sus manos artísticamente delante del mismo. El guardia bostezó y tomó el papel. Lo examinó detenidamente, mientras su mente engañada creía estar viendo un largo texto y un sello lacrado de algún reino lindante-. ¿Está todo bien? -preguntó el mago sonriendo.
El hombre se quitó el sueño moviendo la cabeza hacia los lados. –Si, por supuesto. Pueden pasar. Uno de nuestros soldados los escoltara hasta lo que serán sus aposentos. Por lo que dice el documento los estábamos esperando hace unos días.
-Nos ha costado llegar. Agradecemos su hospitalidad. -Como todo buen ilusionista sabía que no debía de prolongar los engaños. En cuanto más rápido pudiesen atravesar las puertas del castillo menos posibilidades tenían de ser descubiertos.
            Una vez adentro uno de los soldados los escoltó hasta unas habitaciones. Mientras caminaban Maz charlaba con él haciendo preguntas. Consiguió hacerle decir al joven soldado cual era la torre en la que se encontraba el rey en ese momento. Al parecer estaba reunido con las máximas autoridades del lugar discutiendo informalmente durante la cena sobre la festividad del día de mañana. Maz extrajo una moneda de plata de los bolsillos de su camisa y se la entregó al joven como recompensa por haber sido tan cortes. Luego estrechando su mano se la volvió a quitar. Cuando se encontraron solos decidieron continuar con su misión. Furtivamente salieron de sus habitaciones dirigiéndose todos a la torre pero por lugares diferentes. De esta forma llamarían menos la atención y tendrían más posibilidades de llegar frente al rey. Moverse en la oscuridad dentro de una fortaleza repleta de guerreros del rey no era la misión más tranquila que podrían haber imaginado, pero el tiempo escaseaba. Las primeras gotas de lluvia habían comenzado a caer.

            El rey se encontraba acompañado en su mesa por un grupo de hombres. La mayoría de avanzada edad. Dos eran sus ministros más importantes. El sumo sacerdote del culto a Irus, la diosa luna, vestido con una túnica violeta, resaltaba entre los presentes. Otros tres hombres que portaban espadas bebían y comían sin hacer muchas preguntas. El mas viejo de ellos ya había superado los sesenta años, su cabello había encanecido y llevaba una barba prolijamente cortada. El segundo que también llevaba barba era el más robusto de la sala y su altura era imponente. Su cabello era negro y grueso y lo llevaba cortado hasta los hombros. De su cuello colgaban finos collares y pesadas pulseras de oro adornaban sus brazos. El mas joven de los tres guerreros era de cabellos rubios y rizados los cuales llevaba atados en su nuca. Sus brazos eran fuertes y sus músculos estaban bien definidos, Una muchacha que también portaba espada estaba sentada a su lado. Su cabello también era rubio pero sumamente lacio y lo tenia cortado a la altura de sus orejas. Sus manos eran ásperas y en sus brazos podían verse cortes y cicatrices de sus prácticas con espadas. La mujer y el anciano poseían ambos un prendedor con el dibujo de una hoja de vid dorada sobre un fondo verde oscuro, el hombre de cabellos negros llevaba uno también de dos leones unidos por su espalda y el joven uno con el dibujo de un roble, simbolos de sus familias. Otros dos hombres vestidos con elegantes ropajes también bebían desmedidamente en la mesa. No eran hombres de armas sino diplomáticos, embajadores de otros reinos. En la habitación también se encontraban algunos siervos del rey. Un mayordomo y tres mucamas. El bullicio de la reunión se escuchaba del otro lado de los muros. Las puertas se abrieron de par a par y todos los presentes quedaron en silencio. Un hombre vestido con túnica negra se encontraba en la entrada de la habitación los guardias que custodiaban la puerta parecían estar dormidos, descansando felizmente. El más joven de los guerreros se levantó y sin pensarlo desenvaino su espada en un acto automático,  El mago movió su mano derecha en dirección al hombre y el mismo se desplomó sobre la mesa. Todos se levantaron de sus sillas y empezaron a gritar. El rey se acercó al joven inconsciente y lo sostuvo en sus brazos, luego se dirigió hacia el intruso.
-¿Quién eres mago? ¿Con que derecho interrumpes mi cena? ¿Con que autoridad atacas a mis soldados? Y ¿Qué le has hecho a Niguarn?
El guerrero más robusto gritó -Si has lastimado a mi amigo te partiré en dos antes de que puedas mover tus manos hacia mí, eso lo prometo, quien seas.
-Mi nombre es Serotonino, el mago rojo, miembro de la orden del gato azul, pero me conocen por muchos otros nombres. Más importante que eso es porque estamos aquí presentes.
-En cuanto a su amigo no se preocupen. Que nada le ha pasado -Maz había entrado por una de las ventanas sin ser visto y se encontraba sentado en la silla del rey. Todos voltearon a verlo excepto por la joven que estaba desenfundando su espada-. Antes de que me pregunte -dijo dirigiéndose al rey- he de decirle que mi nombre es Maz, y no soy más que su humilde servidor, y antes de que dispongas de mi vida, debo salvar a un buen amigo y en esa misión quizás salve la vida de muchos de tus hombres. Antes de que dirijas tus armas contra mi te suplico que nos escuche. Si hemos entrado así solo ha sido porque nuestra prisa es grande y no podíamos asegurarnos de que nos recibiese a tiempo.
La joven caminó hacia una de las mucamas. -He vivido aquí toda mi vida y conozco a todos los que han servido en este lugar y nunca he visto tu cara intrusa, no eres más que otra embustera y no me fio de ustedes. -Intentó atravesar a la mucama con su espada pero la misma giró y se desvaneció. Detrás de la guerrera envuelta en su capa negra Verokai reapareció. Su ropa había cambiado a sus acostumbrados encajes y placas metálicas. Su cara se fue transformando hasta llegar a ser su rostro habitual y el pelo nuevamente se tiño de negro dejando encendidas sus puntas del color del fuego.
-Cien años te tomaría ser tan rápida como yo joven humana. -Verokai siseó.
Nuevamente Maz alzó la voz, ya se había parado y en una de sus manos sostenía una jarra con agua que había tomado de la mesa. En la otra el presente para el rey. -Les ruego nobles hombres que no se dejen impresionar por nuestra entrada y no confundan a sus amigos con sus enemigos. Nos hemos enterado de la amenaza de orcos en la zona y venimos a pedir vuestra ayuda y a advertirles de su presencia. Creemos que están ocultos en Suminer, las montañas grises del norte, a solo dos días a pie de aquí. - Maz volcó la jarra de agua sobre la cara del joven inconsciente y el mismo despertó.
El rey serenó su voz aunque no podía disimular su irritación. -Aparecen aquí en el medio de la noche sin invitación alguna. Gritando por los cielos que los orcos están a nuestras puertas y que nosotros, que somos numerosos guerreros, no los hemos notado y ustedes tres sí. Ni aun siendo tan ágiles y silenciosos como ustedes tres los orcos podrían haberse escapado de nuestros ojos. Han firmado su sentencia de muerte si es que se han presentado aquí solo con sus palabras, y han osado en su estancia agredir a mis guardias. Por más poderosos que sean nunca podrán con todo el ejército de Fenor.
-Hace dos noches me enfrente a un orco que dijo ser el sexto general de un ejército comandado por un tal Murgthiz. Yo le di muerte en ese mismo lugar así como mis compañeros mataron a otro de los generales junto con un grupo de más de cien orcos. ¿Te pregunto rey si en tu inmensa sabiduría reconoces la espada que portaba el orco que  asesine esa noche? -Maz desenvolvió el presente y lo dejó sobre la mesa.
El más viejo de los guerreros examinó la espada. -Es sin duda una espada de la guardia del castillo forjada por el mismo herrero que ha forjado la mía, y sin lugar a duda una buena espada. Creada para algún general, lo veo en los detalles de su empuñadura. Pero eso no prueba nada, veo que tienes muchas habilidades de ladrón y nada me extrañaría que hayas robado la misma de algún desafortunado que haya bebido demasiado una noche o quien hayas engañado con tus trucos.
Serotonino desenfundó su presente y lanzó sobre la meza el pesado garrote de roble que portaba el guardaespaldas del general orco. -Conozco de plantas y árboles. Así como de hierbas y flores. La madera de este garrote esta extraída de los robles que crecen en el bosque del norte y que separan a la capital de las montañas grises donde habitan los orcos.
El segundo guerrero dijo -Un garrote es un garrote. Reconozco la madera pero no veo por qué no sería posible que tú mismo la hayas cortado para hacer semejante monstruosidad, asqueroso mago del sueño.
-Creo que todavía no me he presentado yo -dijo la elfa que todavía estaba siendo amenazada por la espada de la guerrera-. Mi nombre es Verokai, la inmortal, y no me dicen así por ser elfa. Sino porque aunque las espadas atraviesan mi carne no consiguen matarme. Yo soy Verokai la novia de la noche y si no creen lo que mis compañeros les presentan creerán esto.- Lanzó el presente sobre la mesa pero sostuvo la tela. La cabeza del enorme guardaespaldas orco rodó sobre la tabla de madera. Todos los que antes comían y bebían se retiraron de la misma con disgusto.
El joven guerrero que se había despertado sostuvo la cabeza con una mano -Nunca había visto una cabeza de orco tan enorme. No imagino las dimensiones de tal criatura.
-Era grande y fuerte sí, pero no pudo contra la espada de Sefit. -Verokai sonrió.
El guerrero más viejo se acomodó la ropa mientras permanecía sentado. -He oído hablar de un tal Sefit. Uno de los lobos de Gull, fue el más fuerte según tengo entendido. Pero esos hombres no son más que parias, vulgares asesinos y mercenarios que aterran a los que se aventuran en el desierto de Gull. Hace tiempo ya que se esparcieron cuando pusieron precio a sus cabezas. No distinguían entre hombres y orcos al usar sus espadas. ¿Son estos acaso los miembros de la Orden del Gato Azul? Un grupo de refugiados, un vulgar ladrón, una mujer que se mueve en las tinieblas y un perverso mago oscuro que ha encantado a mis hombres con su magia…
Serotonino respondió con su habitual frialdad -Es cierto que Sefit así como algunos de nosotros tenemos un pasado oscuro. Pero si el maestro Neilad estaría aquí diría con mejores palabras que las mías que en el camino de la vida la patria de todos los hombres es su lugar de destino y nunca el cual de donde han partido.
Maz continuó -Es por esto, su excelencia, que estamos ante tu sagrada presencia, nuestros…
El rey caminó de vuelta a su asiento. -Basta de tus palabras hombre, he sido rey he sido soldado y general por muchos años y se reconocer a los obsecuentes. No te conviertas en uno ante mis ojos porque perderás el poco respeto que tengo. Quizás puedas engañar a los ebrios y a los soberbios, a las ingenuas mujeres y a los estúpidos orcos, pero no tuerzas tus palabras ante un rey y menos si ese rey soy yo -Se sentó solemnemente mientras todos aguardaban en silencio. Miró hacia donde estaba la guerrera de rubios cabellos que apuntaba todavía con su espada a la elfa- Guy, deja ya de amenazar a esa elfa, que si lo que dice es cierto no podrás matarla aunque le aciertes -La mujer obedeció aunque nunca dejó de mirar a la elfa. El rey prosiguió-. Aunque su presentación ha dejado mucho que desear, créanme que he visto mejores, voy a concederles el privilegio de la duda. Admito estar impresionado con la proeza de haber llegado hasta aquí con tal sutileza, que hasta se habéis sentado en mi silla estando yo presente en la sala sin que yo mismo lo notase. Pero saben al igual que yo que ahora que han sido puestos en evidencia no les será tan fácil salir de aquí. Quiero creer que si era su intención hacerme algún daño a mí o a alguno de los presentes podrían haberlo hecho ya. Así que asumiré que, como dicen, son ustedes amigos. De otra forma solo serian suicidas. Fui un estudioso antes de rey y antes de eso guerrero. Yo también reconozco una de las espadas del reino, la madera de los robles del norte y la cabeza de un orco recién cortada. Y ha de ser mucha su prisa que se han arriesgado a lo que han hecho para llegar hasta mí. Solo por hoy les permitiré explicarse y los dejare sentarse en esta mesa a hacernos compañía. Pero no dejare de verlos ni un segundo, así que no se arriesguen a nada estúpido y sepan comportarse en mi presencia, como no han sabido hasta ahora -Todos los presentes se acomodaron nuevamente alrededor de la mesa. Unas sillas fueron traídas para los imprevistos invitados e incluso la generosidad del rey fue tal que hasta hizo traer platos y convido con comida a los viajeros. Los guerreros del rey que habían estado presentes no se sintieron cómodos con esto. Una vez que la calma se restauró el rey continuó hablando-. Si no recuerdo mal sus extraños nombres debo decir, ustedes son Maz, Verokai y Serotonino. Todos miembros de la Orden del Gato Azul de la cual nunca había escuchado. Así como su maestro Neilad y como un guerrero llamado Sefit. Déjenme por lo menos presentarles a mis otros invitados.
-Será un honor. -dijo Verokai.
-Yo soy el Rey Urael, como ya deben saber. Me acompañan mis ministros. El señor Erraren y el señor Milag el Duque de Ellors. Estos caballeros son los embajadores de Denjiia los señores Siatur y el señor Tinmaen. El sumo sacerdote de Irus, Frerias el santo. Y ellos son mis generales más cercanos y los que moran en este castillo. El hombre de canosos cabellos es el general Shires de Montevid y la joven que lo acompaña es su nieta la mayor Guy de Montevid. El joven que el mago he encantado es Niguarn de Roblenegro, quien ha sido promovido a general tras la misteriosa desaparición de su antecesor, el General Siren, de quien reconozco es la espada que han traído. Y el hombre de exagerada estatura es el General Nuel Livir, el campeón, y nuestro más bravo guerrero -Mientras todos eran presentados hicieron sus correspondientes reverencias. Cuando le tocó el turno a Guy la joven seguía mirando fijamente a la elfa. Quien le lanzó un beso y río como era habitual en Verokai con su extraño sentido del humor-. Deseo que me cuenten todo lo que saben sobre este asunto de los orcos y procuren impresionarme sino será esta su última cena.
Maz, que sabía cuando ponerse serio y cuando sus endulzadas palabras no cobraban efecto se dirigió al rey Urael- Hace tres días una de nuestras compañeras, Azhalea, una elfa sacerdotisa de Eiugun percibió la presencia de orcos cerca de donde nos encontrábamos y recibió la noticia de parte de las aves que una ogra, que no vive muy lejos de aquí, estaba en busca del maestro Neilad el cual partió hacia allá en compañía de Azhalea y dos  miembros más de la orden los enanos Beraza y Riquenv. Esa misma noche recibimos dos ataques, uno en el palacio de plata donde descansa nuestra orden y otro en la aldea de Lurand que queda a poco tiempo de nuestra residencia. Los dos ataques fueron frustrados y lo que pudimos averiguar es que se trata de un ejército de orcos el cual desconocemos su tamaño y que está al mando de un rey orco llamado Murgthiz y que tiene al menos a seis generales a su cargo, en este momento solo cuatro. Sabemos, porque hemos calculado las distancias del viaje que dijeron hacer que están cerca de las montañas grises. Y creemos que el viaje de Neilad no fue más que una trampa, de él hace tres días que no sabemos nada. Estos no parecen ser orcos comunes sus armas y armaduras han sido mejoradas por los enanos y su inteligencia y estrategias son para tener en cuenta. Si nos equivocamos y este ha sido solo un ataque al azar por un grupejo de orcos que intentaba saquearnos, pues no pasara nada. Pero si estamos en lo cierto, es mejor que nos movilicemos rápido.
Milag el Duque de Ellors uno de los dos ministros del rey interrumpió -He conocido al palacio de Lurand cuando era pequeño, mi familia era amiga de la familia que allí vivía y he conocido a Lurand en tiempos mejores. No sabía que habían vuelto a reconstruir el lugar, ni mucho menos que un grupo tan peculiar como ustedes habían ido a vivir allí, ¿Desde cuándo es que están instalados?
-Neilad llego hace más de un año al pueblo los demás nos fuimos uniendo a él después. -Verokai seguía sonriendo.
-Si los orcos están presentes ¿Cómo es que no los hemos notado? -preguntó el otro Ministro.
-Sin duda se han valido de la magia aunque esto parezca increíble. Ni con todos mis poderes he conseguido localizarlos. -Serotonino se mantenía serio.
-No obstante yo si he podido verlos, a por lo menos mil de ellos dirigirse al bosque de la ogra hace un día atrás. Deben haber llegado ya. Es nuestro deseo ir en busca de Azhalea, Riquenv, Beraza y Neilad que han viajado a una trampa.- Y luego agregó –Y también del gato.
-Tendríamos que mover a por lo menos seiscientos de nuestros soldados para asegurarnos una victoria y llegaríamos recién de día si usamos a nuestra caballería ligera -dijo Shires de Montevid-. Pero si es cierto que no podemos verlos nosotros los hombres y son tus sentidos de elfa o demonio los que los han encontrado no podremos nosotros solos, ir en busca de ellos. Tendrás que venir tú con nosotros.
Verokai sonrió aún más -Seria un verdadero problema para mi salir de día.
-¿Por qué? -preguntó algo enojada Guy.
-No me gusta broncearme, el sol arruina mi piel y me quedarían arrugas.
El rey habló -No movilizare tal cantidad de hombres para rescatar a alguien o aun grupo de criaturas que no conozco o para pelear con orcos que todavía no han llegado a luchar contra mí. No puedo autorizar tal expedición, así como no puedo interrumpir a la ceremonia de mañana. Nos llegan en un mal momento estas noticias. No obstante quiero dar con los que creo han sido los responsables de la muerte o desaparición del general Siren.
-Cualquier ayuda que nos preste será de gran utilidad. -Maz intentó ser humilde.
-Todavía no me fío de ustedes -dijo el Sumo sacerdote-. Le aconsejo mi rey que no escuche las palabras de estos sujetos. O por lo menos que tome sus precauciones antes de hacer lo que les pide.
El rey meditó por un segundo -Ya que lo que propone el general Shires,  la elfa se niega a hacerlo y el viaje tendrá que ser lo más rápido posible, que ella y el hombre que se sentó en mi trono permanezcan en el castillo como nuestros invitados. Enviare una patrulla para ver si podemos localizar la presencia de orcos, que regresara lo antes posible. Saldrá ahora y volverán a la tarde, después de medio día. Que el mago acompañe a quienes deseen viajar allí. Mientras, nosotros seguiremos con los preparativos del rito de Noirus pero tendremos un ojo abierto por si llega algún orco. Esperare hasta que la patrulla regrese con más información para decidir qué hacer.
-Siren era mi amigo y si esto nos lleva hasta sus asesinos quiero comandar la misión- dijo Nuel al Campeón. El hombre de imponente estatura cerró su mano con fuerza-. Pero si acaso es una trampa de algún tipo cumpliré con la promesa que te hice hace unos minutos, mago
-Yo también iré. -La joven guerrera habló con voz clara y sin ningún temor- Siento curiosidad por conocer a otros miembros de esta peculiar orden.
 Afuera la tormenta empeoraba y las nubes eran cada vez más negras. Una poderosa luz iluminó la sala que poseía un gran ventanal por el cual Maz había entrado a la habitación, luego se escuchó un trueno potente que ensordeció a  todos.

-Muy bien, ustedes junto al mago viajaran hacia allá. Junten a veinte jinetes que los acompañen y regresen después del medio día de mañana con noticias. Y si encuentran a los señores que estas personas quieren rescatar busquen la manera de traerlos de regreso quizás ellos también sepan algo que nosotros no. -El rey guardó silencio y tomó la última copa de vino.