miércoles, 9 de abril de 2014

9 - Saliendo a la llanura


Bosque Viejo, Fenor.
Día 12 del cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.


            La áspera lengua del gato lamía la cara de la elfa, que con desagrado por el pútrido aliento del animal se despertó. Rikenv y Beraza todavía se encontraban inconscientes.
-¿Qué ha pasado? -preguntó Azhalea que sentía un fuerte dolor de cabeza.
 -Al parecer la ogra ha actuado como una ogra y los ha envenenado. Neilad posiblemente ha sido entregado a los orcos o mucho peor comido por la bruja. Ha sido un acto muy estúpido el de él. -contestó el gato.
-Puede que te confundas gato. Aunque no me gusta despertar de esta forma. -Azhalea recorrió el lugar con la vista y calculó su posición basándose en el sol y en su aguda memoria dentro de los bosques. Supo entonces que la salida del bosque se encontraba a no mucho tiempo de donde habían sido colocados y que con un poco de ayuda de las plantas y los animales del bosque no les sería difícil salir. Incluso los caballos y la carreta se encontraban en ese lugar. También sabía que la choza de la ogra jamás seria encontrada otra vez. Nadie encuentra a una ogra a menos que ella desee ser encontrada. Se tomó el tiempo de despertar a los enanos que muy de mala gana recuperaron la conciencia con una jaqueca peor a la que cualquier cerveza podría haberles producido alguna vez.
-Maldita ogra cómplice de orcos. Cuando le agarre la voy a matar -Rikenv se tomaba de la cabeza acomodándose su yelmo con pequeños cuernos de animal incrustados.
-Nuestra preocupación ahora es Neilad, que no se encuentra con nosotros -dijo Beraza mientras buscaba su pipa en los bolsillos de su chaleco.
-En vano podríamos buscar la choza de la ogra otra vez que no nos servirá de nada. Rastrear a los orcos tampoco nos será tan fácil, a menos que estén demasiado cerca. Si el hombre está con vida, lo llevaran como prisionero a las montañas grises, a Suminer. Eso queda de camino a la capital de Fenor. Podríamos pedir refuerzos ahí y también mandar a llamar al resto de la orden. Es mucho más rápido que si volvemos al palacio. -explicó Rikenv.
-Lo más rápido seria salir primero del bosque y después cortar camino por la llanura. Avanzar por acá solo nos hará perder el tiempo. Y no me gustan los bosques menos ahora después de esta experiencia. -dijo Beraza que ya había encendido su pipa.
-Estoy de acuerdo. -dijo Azhalea.
-Yo también. -dijo el otro enano.
-Aunque al parecer nunca me tienen en cuenta he de decirles que yo también estoy de acuerdo y que la magia que afecta a los sentidos de los hombres no afecta a los míos. Quizás yo pueda serles útil a la hora de encontrar a los orcos. Y con gusto ayudare en su misión de rescate. ¡Nuestra misión de rescate! -Recalcó el gato.
Azhalea sonrió -No podíamos esperar menos de usted señor gato.

Emprendieron su viaje nuevamente a la rivera del río, de allí subirían por el mismo hasta llegar a la gran llanura que los llevaría a la fortaleza de Fenor y después a las montañas. Aun así había una gran distancia entre el final del bosque y el río. Aunque viajaban en silencio se escuchaban los murmullos y las maldiciones que los enanos hacían a la ogra y a los orcos. Azhalea interrumpió los insultos de los enanos que se sentían sumamente ofendidos. -Ustedes fueron compañeros de aventuras aun antes de unirse a la orden ¿No es así?
Rikenv tomó la palabra -Si en otras épocas caminamos juntos en busca de aventuras. Yo soy uno de los pocos enanos que han salido a viajar por el mundo y en mi vida, que no ha sido corta, he conocido muchos lugares. En mis viajes conocí a Beraza. Una vez que visite a una mina donde viven unos primos míos muy al oeste de aquí. No diré exactamente donde es, porque los enanos somos muy celosos con esas cosas y nunca olvidamos. Mis primos no querrán saber que le he dicho a una elfa donde vivían. Pero en ese lugar, Beraza y yo nos aburríamos mucho. Casi nada pasaba todos los días y para dos enanos como nosotros estar día y noche pegándole a unas piedras de las que muy poco sacábamos no nos divertía ni un poco. Además la inmensa estatura de Beraza hacia que su estancia ahí fuera muy incómoda.
-Las historias de las aventuras de Rikenv y las enseñanzas de su padre me llevaron  a querer yo también vivir las mías. Me fue mucho más fácil adaptarme al mundo de los hombres que al de los enanos. Por mi estatura claro, pero mi fuerza a sido una gran herramienta también. Y poco a poco cada vez me gustaba menos regresar a mi hogar. Un día Rikenv me contó que había conocido a un tal Neilad y me habló del fabuloso palacio de plata con piedras que brillaban como el acero o la plata. Y no pude resistir yo también el unirme a esta hermandad. Sin contar con el hecho de que necesitaba un hogar.
-Son ustedes muy unidos sin duda. –Azhalea les sonrió.
-Tu, Azhalea, llegaste poco tiempo después de nosotros, y nunca me he enterado de cómo fuiste a dar, realmente, con  la orden del caballero Neilad. -dijo Rikenv.
-Es cierto. -Agregó Beraza intrigado.
-Es una historia un poco larga supongo.
-A los enanos nos gustan las historias largas. -dijo Beraza mientras soltaba una bocanada de humo.
-Bien pues les contare. Al nacer yo, no hace tanto tiempo dirían los elfos, un gran problema hubo en la ciudad en la que vivía. Los nacimientos de los elfos son muy raros al ser de una raza inmortal reproducirnos no es nuestra prioridad ni está en nuestra naturaleza.
-Han de tener una vida muy aburrida, entonces -dijo Rikenv jocosamente-. A los enanos nos gusta tener muchos hijos y mucho mas engendrarlos.
-Puede ser, pero no confundas enano que los elfos también sufren de amor. Veras pues que mi madre era una mujer muy hermosa y deseada por muchos elfos. Y cuando un elfo se enamora es muy difícil hacer que se olvide de ello. Y por lo que se, esto es igual para todas las razas. Mi madre se casó con mi padre hace cien años aproximadamente ciento cuatro para ser exactos. Y setenta y ocho años después me tuvieron a mí. Como yo no he vivido ese tiempo no puedo decir que se lo que se siente pero para los elfos que conocí incluso fue algo apresurado. Los elfos de mi tribu esperaron por mi madre incluso después de que se casó. Pero cuando nací la unión de mi padre y mi madre fue más fuerte aun. Y es un lazo muy poco común entre dos elfos tener un hijo. Esto, genero los celos de muchos hombres que todavía esperaban tener algo con mi madre. Algunos humanos creen en su ignorancia que los elfos no pueden cometer actos de maldad. Pero eso es muy incierto y una generalidad muy estúpida. Tengo a mi lado a un enano gigante y a otro aventurero, han de ser de los únicos pero que nadie diga que no existen enanos así y que tampoco se diga que no hay elfos malvados o corrompidos.
-Y ¿Por qué dices todo esto elfa? -preguntó Rikenv.
-Al poco tiempo de nacer, un elfo de mi tribu, el cual no dignificare nombrándolo, enloqueció de celos y mató a mi padre. Mi padre antes de morir consiguió herir de muerte a su agresor, pero por más que peleó no pudo escapar a su destino. Y mi madre perdiendo al amor de su vida se dejó morir de tristeza -Una lágrima corrió por la mejilla de Rikenv que disimuló estornudando-. Temiendo que las agresiones siguieran por parte de otros elfos hacia mí el jefe de mi tribu natal me envió a un monasterio alejado de mi ciudad. Yo apenas tenía tres años pero lo recuerdo muy bien. Ahí se me instruyó en la magia blanca y sobre la meditación. Se me enseñó a ponerme en contacto con los animales y plantas como a todo elfo. Me instruyeron en el canto y la oración. Y me enseñaron a no odiar. Para asegurarse de que la venganza y el resentimiento no se apoderasen de mi alma que había sido marcada por actos tan viles cometidos por uno de mi raza. Pero los maestros elfos no tienen prisa diría un humano. Tienes todo el tiempo del mundo para aprender cuando no envejeces. Y me enseñaron de magia con gran lentitud. Cada palabra, cada idea quedó grabada en mi mente y fui una prodigio entre los elfos. Mi maestra, suprema sacerdotisa de Eiugun era también alumna de una poderosa Archimaga conocida como Irazhara Elhorihan. Y como ella conocía mucho más de la magia del mundo y no solo la blanca. Pero nunca pudo llegar a enseñarme. Durante los primeros años solo se me enseñó magia blanca lo que con el tiempo me convirtió en una sacerdotisa poderosa aun en mi corta edad. Y se me mantuvo alejada del exterior de las guerras y de las armas.
Beraza que se había quedado pensando preguntó -Disculpa mi ignorancia ya que poco se de magia, ¿Cual es la diferencia entre  una sacerdotisa y una archimaga, acaso no son magos todos?
-Es una buena pregunta la tuya, asumiendo que no sabes nada de magia. Y te la contestare, pero antes deja que termine mi historia.
-Muy bien elfa disculpa la interrupción.
-No es nada querido. Prosigo entonces, la guerra llegó a nuestras puertas sin que nosotros la desaseemos. Una noche un grupo de hombres oscuros que buscaban llenarse del oro de nuestro templo atacó nuestro recinto. Nos tomaron por sorpresa y toda nuestra magia no pudo más que su asquerosa ambición. Nuestro templo quedó destruido y muchas de mis compañeras que hubieran vivido miles de años más, perdieron la vida por un puñado de oro. Yo conseguí escaparme gracias a la ayuda de mi maestra que en su último acto se aseguró de facilitar mi huida. Pero nuevamente me encontré sin hogar y sin familia. Y ahora más que nunca peleada con los hombres y con los elfos. En mi corta vida he visto morir a los inmortales y los mortales por cosas sin sentido. He visto la ambición y los celos la codicia y la envidia en los ojos de los hombres y elfos. Y la sangre en las espadas de piedra de los orcos. No tuve otra opción o por lo menos así sentí en ese momento que conseguirme yo también un arma. El arco me resultó muy fácil usar y fue un regalo de mi tío cuando regrese a mi aldea natal quien además me dio la espada de mi padre como parte de mi herencia junto con las pulseras de mi madre. Pero a la aldea que me vio nacer no la sentí mi hogar, nadie ahí me quería e incluso mi tío veía en mí la causa de la muerte de su amada hermana aunque supiera que no era mi culpa. Dijeron, incluso, que sobre mi caía una maldición, así como mis padres, mis maestras y compañeros, todo elfo que me amase moriría. Me alejé y busqué quien me enseñase ahora a usar la espada fuera de mi aldea. Alguien dijo que el mejor espadachín que había conocido era un hombre llamado Neilad que portaba una espada encantada por las estrellas. Me dijo que Neilad era capaz de utilizar con igual destreza a cualquier espada forjada por hombre elfo o enano. Que su espada era pesada y tosca y que a pesar de hacerlo lento y poco letal era más rápido que otros hombres. Y que era cuando empuñaba cualquier otra espada es cuando se veía su verdadero poder. Pero que nunca lo hacía. Y no fue hasta ayer que me entere porque era tan diestro en el uso de las espadas. Llegué a Lurand buscando un maestro para aprender el uso de las armas. Pero jamás intente conocer al hombre que iba a enseñarme, ya que hasta ese momento todos los que había conocido me habían traicionado o muerto. Pero vi algo especial en Neilad, aunque él crea que la magia no lo rodea. Su aura que inspira paz y cura almas es la que lo convierte en el hombre que es. Y las sacerdotisas sabemos de auras. Es por esto que me uní a su causa. El me enseñó lo que se de usar espadas aunque mucho me temo soy tan buena como él para la herrería en ese arte -Los enanos rieron-. Aun me faltan años de práctica. Es sin duda un hombre peculiar. Yo he visto a Sefit en acción y su destreza con su espada supera a la de Neilad por mucho. Sefit entrena noche y día con su arma y con sus artes de guerra. Es lo único que hace y es sin duda un guerrero supremo. Neilad en cambio a ganado peleas sin luchar o derramar una sola gota de sudor. Una vez un hombre lo desafió, pero acuso a Neilad de estar equipado con mejores armas y que si el por un segundo las perdiese no sería nadie.
-Recuerdo ese día -dijo el gato azul- Neilad le entregó la espada al hombre que no fue capaz ni de levantarla del piso.
-Fue muy cómico ver como el hombre lo insultaba al mismo tiempo que tiraba del arma que no se movía de donde Neilad la había dejado. Finalmente el hombre desistió y se alejó sin haber hecho nada de daño. Neilad siguió tomando hidromiel como si nada hubiera pasado. Al encontrarlo a él pude perdonar a los hombres y recuperar a mi familia y en el palacio de plata que ustedes tan bellamente han arreglado encontré mi hogar.
-No diré que fue linda ya que es muy triste pero ha sido una buena historia. -dijo Rikenv.
-Me alegro que te haya gustado noble enano. Volviendo a tu pregunta sobre la magia Beraza. La magia que Neilad dice desconocer existe en todas las cosas. Y son muchos los tipos en los cuales podemos dividirla. Yo por ejemplo manejo la magia blanca pero sobre todo la magia curativa y la de las auras que es la magia que se crea con el corazón. Serotonino en cambio maneja la magia de la invocación, que emplea a los elementos y es hábil con la ilusión que juega con los sentidos de los hombres. Y existen muchas otras magias. Como la del enano que forjo los anillos que portan, se han olvidado ustedes que han sido regalo de la ogra y en su apuro no repararon en eso, pero la magia que percibo en ellos no es dañina y es probable que no les haya mentido en su poder cuando se los regalo.
-He sabido de anillos así pero jamás pensé poseer uno -dijo Rikenv-. Sé que es verdadero porque reconozco el trabajo de otro enano.
-Sí, y yo nunca sería capaz de forjar uno de esos porque no he sido instruida en ese tipo de habilidad. Pero piensa en un mago capaz de manejar todas las magias. Capaz de utilizar la magia negra y blanca de invocar de crear ilusiones de forjar piezas mágicas. Ese es el poder de un archimago y el poder de Irazhara Elhorihan.
-Como un guerrero que supiera manejar todas las armas conocidas. -dijo Beraza en una burda analogía.
-Algo así ¿Entiendes ahora de lo que hablo?
-Eso creo. -dijo Beraza y cambio el tabaco de su pipa.

            Cuando salieron del bosque cambiaron su rumbo y trataron de moverse lo más rápido posible hacia el norte donde se encontraba la fortaleza de Fenor. Ya había llegado la mitad de la tarde y el sol cada vez iluminaba mas cuando sintieron a lo lejos los cascos de un caballo que avanzaba con gran velocidad. El caballo de Neilad que estaba atado al carruaje de los enanos relincho. A lo lejos se divisó la figura de un desgarbado hombre montando en un caballo negro. Sefit saludó con su mano a sus compañeros de la orden. Les explicó que cuando había llegado se había dirigido hacia la choza de la bruja pero que no había podido encontrarla, entonces salió del bosque y fue ahí cuando los vio. Les contó de los orcos y de las ideas de Maz. Y ellos le contaron de la bruja y de Neilad. Sabiendo que ahora recibirían refuerzos por parte de Maz que con su aguda mente había destramado gran parte de lo que había acontecido antes de que pasase y con la ayuda también del resto del grupo que había vencido a un centenar de orcos, las energías se renovaron. Acordaron viajar la fortaleza por la llanura. Buscando en su viaje indicios del hombre y de sus captores.
-No es justo hombre, que tu ya hayas matado a decenas de orcos y yo todavía no he visto a ninguno. -Se quejó Rikenv.
-No te preocupes compañero que pronto llegaran más. -dijo Sefit que ese día había hablado más que en el último mes.
-Eso espero ¡Eso espero! -dijo el enano de barba rojiza.