lunes, 19 de mayo de 2014

16 - El ataque de Murgthiz

Fortaleza de Fenor.
Día 14 del cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.


            Rikenv movía su martillo de una mano a la otra inquietamente. Una enorme sonrisa podía verse bajo su rojiza barba -Por fin vamos a poder pelear. ¡He estado esperando este momento! -Su alegría no podía ser disimulada.
-Esta no va a ser una batalla fácil, no te confíes enano. Hoy solo la muerte saldrá victoriosa. -dijo Glakh gruñendo.
-No me amargues la guerra orco. -Rikenv enfureció.
Maz pasó por delante de ellos montado en el caballo de pelaje dorado -No desperdicien fuerzas peleando entre ustedes adelante esta el ejercito de Murgthiz es a él a quien debemos enfrentar -Los dos guerreros guardaron silencio. El caballo de Maz estaba inquieto y giraba en el lugar. El hombre era un experto jinete pero aun así le costaba controlarlo. Él también estaba inquieto. Miró a Neilad. Raras veces se veía a Maz con preocupación en el rostro pero esta vez era así. Seriamente dijo al hombre-. Nunca me han gustado estas guerras, Neil, no soy un guerrero como ustedes. No deseo abandonarlos pero tampoco me inspira mucho ir a cortar cabezas. La diosa luna me ha dado el cerebro para no tener que hacer uso de mis bolas.
Neilad guío a Nes donde estaba Maz -Tu has liderado a la orden mientras no estaba y si no te hubieses dado cuanta de todo esto antes de que sucediese, realmente hubiera sido demasiado tarde. Has hecho bien. No te atrevas ahora a llamarte cobarde.
El orco jefe se acercó a donde estaban parados -¿No has sido tú acaso el que mató a Glansh-Brgrunt?
Maz rió -Pues sí, pero es porque he sabido aprovechar mis oportunidades.
-Pues ya es más que lo que ha hecho ese orco que era un estúpido. Hace tiempo aprendí que hace falta más que destreza con la espada o las armas para ser un guerrero. Brgrunt era un idiota y posiblemente me hayas ahorrado el tener que matarlo yo -El orco rió y los otros orcos lo acompañaron-. Pero haces bien en tenerle respeto a esta batalla. La sed de guerra me pica en la garganta ya que es el alimento de los orcos y aun así respeto al ejército al que me enfrento, ya que no dudo de su fortaleza. No creí nunca conocer a un grupo tan peculiar de criaturas como son ustedes y mucho menos espere pelear de su lado. Cosas increíbles pasan en el campo de batalla -El orco sacudía la cabeza y escupía mientras hablaba pero aun así mantenía su porte de líder. Los otros orcos claramente eran fieles seguidores de sus palabras. La orden, incluso Rikenv, escuchaba con atención al orco-. Y te diré algo mas, criatura, hasta donde se eres el único humano que ha matado a un Glansh de Murgthiz. Ni siquiera el pequeño que tienen de jefe ha hecho eso.- El orco lanzó una carcajada y los otros orcos se rieron pero no había burla en sus palabras.
-Hoy sabremos si he hecho bien o no.- Neilad ya no miraba a los orcos o a otro de los miembros de la orden mientras decía esto, solo miraba a la puerta del castillo que estaba por ceder.

            Sobre las murallas la mayor Guy de Montevid gritaba a sus tropas las órdenes mientras caminaba por toda la periferia del lugar. La joven estaba equipada con una armadura azul y gris del color de Fenor pero no llevaba ahora ningún yelmo. Muchos orcos caían muertos, víctimas de los proyectiles lanzados por los soldados del rey. El ariete golpeaba contra el portón principal del norte sin cesar. Los hombres de Niguarn el joven amurallaban la puerta, sus lanceros rodeaban la entrada esperando que la puerta cayese para entrar en batalla. Los guerreros de Shires de Montevid esperaban detrás y su general miraba atentamente sentado sobre su montura. Una de las rocas llameantes que lanzaban sus enemigos golpeó las almenas del castillo a pocos pasos de donde se encontraba su nieta. El hombre giró para verla, algunos hombres del rey habían muerto pero la guerrera todavía estaba en pie dando órdenes y alentando a las tropas.
-Esas son mis tropas, Neilad. Las catapultas y los arietes. Esas son mis tropas -dijo Glakh-. Estoy seguro que están bajo el mando de Glansh-Bridgunt. Son dos mil soldados Neilad, mas otros dos mil que él ya tenía y posiblemente también comande los arqueros de Brgrunt.
-¿No es ese el orco General de la albarda, Bridgunt? -preguntó Beraza
-Sí. Es fácil de reconocer porque es más alto incluso que aquellos que lo protegen. Los guerreros que llevan pesados garrotes de madera, los nurorcgs.
-¿Existe alguna posibilidad de que tus antiguas tropas te vuelvan a seguir? -Neilad seguía concentrado en el portón de entrada. Muchas de las tropas del rey veían al extraño grupo de guerreros aguardando su oportunidad de entrar en batalla. Y querían escuchar a la canción de la espada nuevamente.
-No sueñes humano, eso no sucederá -respondió el orco-. Esto recién empieza, mi división de artilleros va a cambiar su objetivo. Hasta ahora han estado lanzando proyectiles al azar buscando debilitar a la muralla que es alta y resistente y tratando de conseguir atemorizar aun más a los hombres, porque sabíamos que la altura de las murallas no nos permitiría alcanzar objetivos claves fácilmente. . Pero allí donde recién han golpeado, puedo ver las grietas en la estructura, pronto solo golpearan ahí.
-Maz, informa a Nuel de esto, has que bajen o se retiren de esa parte las tropas de Guy.- Dijo Neilad con apuro y el ladrón viajo hasta donde se encontraba Nuel para informarle.
Mientras tanto el portón de entrada por fin cedía. Una ola de gritos orcos y humanos silencio a todo aquel que intentase dar órdenes. Luego comenzó la lucha cuerpo a cuerpo. Cuando los orcos invadieron la fortaleza se encontraron con los hombres de Niguarn esperándolos. El joven empuñaba su espada y se unió a la lucha alentando a los hombres que protegían la entrada con sus lanzas. Arriba las tropas de Guy atacaban a los que se acercaban lo suficiente para estar al alcance de sus flechas. Pero no alcanzaban las armas para tal número de enemigos. Afuera la división de artillería que comandaba Glansh-Bridgunt había cesado sus ataques como había predicho Glakh el astuto. Y ahora apuntaba todas sus armas a donde la estructura había sido debilitada. El ataque de todas las catapultas al mismo tiempo sacudió los muros, veinte proyectiles impactaron cerca de donde había caído el anterior y la grieta se hizo visible. Guy intentaba sacar a las tropas del lugar. Muchos de los hombres y mujeres arqueros caían desde la altura para morir contra el suelo. Concentró ahora sus hombres en donde estaba la entrada y retiró a las tropas de la periferia del castillo. Los laceros de Niguarn todavía impedían el paso de los guerreros del Rey Orco. Arriba, Guy centró a sus hombres en las dos torres principales de la entrada. Tenían almacenadas ahí las granadas de cerámica que usaban para defenderse. Veinte hombres comenzaron a distribuirlas. En su interior contenían aceites combustibles. El arma poseía una mecha que le permitía encender el aceite dentro del recipiente de cerámica. El objetivo era esparcir el aceite en su enemigo y prenderlo fuego. No tardaron en recibir todos sus armas y mientras abajo los hombres de Niguarn resistían Guy de Montevid gritó.
-¡Que ardan los malditos orcos! -Los hombres arrojaron las granadas sobre los orcos que enseguida fueron cubiertos por las llamas-. Enciendan la punta de sus flechas, que el fuego purifique la entrada de nuestra fortaleza. -Y las flechas comenzaron a caer sobre el resto de los orcos mientras se quemaban y perdían formación. Niguarn todavía resistía abajo pero ya había perdido a muchos hombres y afuera la cantidad de orcos todavía era incontable.
Los proyectiles seguían golpeando la muralla que cada vez se debilitaba más. La fuerza de ataque de los orcos era abrumadora y los lanceros y soldados de infantería de Niguarn comenzaban a cansarse pero la adrenalina que corría por sus venas no les permitía bajar la guardia. A pesar de los esfuerzos de Guy los orcos seguían llegando. Finalmente el número fue tan grande que las lanzas no fueron suficientes. Los orcos que invadían pisaban los cuerpos de sus compañeros muertos y poco a poco iban ganando terreno. Y de fondo se escuchaban las rocas golpear contra la muralla rítmicamente. Llegaban unas detrás de otras y se contaba el tiempo en que tardaban en recargar y volvían a llegar sin parar.

Neilad desenfundo su espada que zumbo en el aire. -Ya he visto suficiente, es hora de ayudar al rey de Fenor. Azhalea, creo que a Guy le vendría bien tu puntería en este momento -La elfa asintió con la cabeza y se dirigió hasta las escaleras que llevaban a la parte alta de las murallas-. Serotonino, si alguna vez nos hizo falta tu magia es ahora. Tú y Maz piensen como acabar con esas catapultas. El resto, únanse a mi contra los orcos del portón. -No término Neilad de decir esto que finalmente se escuchó el sonido de las murallas derrumbarse. No tardarían los orcos en atacar por ese lugar también. La orden enfrentó a los orcos que intentaban atravesar el portón. Un grupo de ellos había conseguido abrir una brecha entre las líneas del ejército de Fenor y comenzaba a desbordar sus defensas. La espada cantó otra vez y se unió a la lucha. El hacha de Zauner golpeaba a los orcos que caían muertos a varios pasos de ahí. Verokai y Sefit se encargaron de todos los que consiguieron superar las líneas de los lanceros y corrían por el castillo. Beraza levantó a uno de los orcos por arriba de sus hombros y lo arrojó contra las lanzas de los soldados. Los orcos nada podían hacer contra su brutal fuerza. Sugum cuidaba la espalda de Neilad. Betu lanzaba sus rayos contra los guerreros que no tenían oportunidad. Glakh y sus orcos también lucharon matando a sus antiguos compañeros, que no dudarían en matarlos ahora tampoco de tener la oportunidad. Rikenv aplastó la cabeza de uno con su martillo de guerra. Mientras exclamaba.
-Por fin. ¡¡¡Por fin!!!
Desde arriba las flechas de la elfa cubrían los movimientos de los miembros de la orden. Ningún orco se acercaba por la espalda de alguno de ellos sin que ella no lo matase con sus infalibles flechas.
Las rocas seguían golpeando a la muralla que cada vez se derrumbaba más. Los arqueros orcos que ahora podían ver al ejército se colocaron en posición. Los pasos de los orcos acomodándose en formación se escuchaban a distancia atemorizando a los hombres. Shires de Montevid y Nuel agruparon a sus tropas detrás de lo que todavía protegían las murallas. Pero pronto todo caería y pelear dentro de la fortaleza era la última opción y no la más favorable. El rey orco estaba forzando a los hombres a salir a enfrentar a sus catapultas o a morir aplastados por sus proyectiles. Y junto con las rocas comenzaron a caer las oleadas de flechas sobre los hombres del Rey Urael. Muchos de ellos no podían ocultarse o protegerse y murieron irremediablemente. Una nueva oleada cayó y más hombres murieron.

            Neilad luchaba con los orcos que atacaban la puerta norte cuando escuchó en su mente. “Me has pedido Maestro que acabe con las catapultas y eso hare. Pero esto consumirá todas mis fuerzas ya que es el conjuro más poderoso que conozco, dependerá de ustedes terminar el trabajo.” Neilad abandonó el combate y buscó en la batalla al Mago rojo. Lo encontró sobre la parte más alta de la muralla que todavía quedaba en pie. Esa zona ya no se encontraba defendida y la solitaria figura del mago que contemplaba al campo de batalla se cubría entre las sombras a los ojos de sus enemigos gracias a sus ilusiones. Como antes ellos habían hecho con él. El mago rojo hablo con su habitual frialdad. No gritó, simplemente habló, pero su voz fue escuchada por ambos ejércitos.
-Has venido a destruir a Fenor, Murgthiz. Y has derrumbado a la fortaleza que protegía a los hombres del reino. Pero aunque sus muros caigan, Fenor se levantara para aplastarte -Movió sus manos y las colocó en un gesto de oración. Los escombros de las murallas grises y azules que antes habían sido derrumbadas con rocas en llamas comenzaron a temblar y a moverse. Rodaron agrupándose ante los ojos de los soldados que no entendían que sucedía. Y formada por las piedras que antes componían a la muralla una criatura emergió. Su cuerpo era de piedra azul y gris y su cabeza y sus manos estaban cubiertas de fuego. Tenía la altura de seis hombres y era controlada por los movimientos de las manos de Serotonino-. Fenor está aquí para aniquilarte.
Los hombres del rey Urael vitorearon. Y el gigantesco elemental de piedra y fuego comenzó a destruir las catapultas mientras aplastaba a los orcos con sus pies. De nada servían las flechas contra él. Los orcos de infantería rodearon a la criatura y avanzaron ahora sobre lo que quedaba de las murallas, terminarían de matar a los hombres a fuerza de espadas. Otro grupo de orcos intentó detener a la criatura pero fue en vano ya que su fuerza no tenía comparación. Los orcos llegaron a la muralla mientras todavía intentaban desbordar por el otro lado a la puerta principal. Comenzaron a escalar por lo que quedaba de los escombros dirigiéndose hacia el interior del castillo. Los hombres de Nuel interceptaron ahora a estos orcos deteniéndolos, detrás estaban los lanceros de Shires esperando para empujar a los orcos hacia atrás. La extensión que los orcos habían derrumbado era mucha era difícil de proteger. La magia que Serotonino utilizaba para tal invocación lo consumía. Y no notó que la ilusión que lo protegía de los ojos de sus enemigos se iba debilitando a medida que empleaba más y más magia en sostener a la criatura de roca y fuego. Nuel había movido a sus dos divisiones de infantería para enfrentar a los orcos y Shires a sus dos divisiones de lanceros. Los orcos y los hombres morían por igual y al final esto solo beneficiaria a los orcos que los superaban en número. Una figura resaltó entre las tropas orcas invasoras. Un orco enorme que agitaba una alabarda mataba a los hombres que se le acercaban a cinco pasos de distancia. Ningún guerrero era capaz de alcanzarlo. El orco había visto al mago y escalaba por las rocas para estar cerca de él. Serotonino que estaba concentrado controlando al elemental no advirtió su presencia.
-No mataras a ese mago sin antes matarme a mi orco. -Glansh-Bridgunt volteó a ver quien le hablaba y se encontró con Nuel el campeón de los hombres que había escalado hasta ahí al notar al descomunal orco.
Serotonino ya había conseguido destruir a más de la mitad de las catapultas. La espada del hombre enfrentó a la alabarda del orco que agitaba su arma arrastrando todo a su paso. Las armas chocaron una y otra vez los hombre de Nuel subieron a ayudarlo pero ninguno fue capaz golpear al orco que dé a uno fue matándolos. Solo Nuel conseguía esquivar los golpes del orco. Abajo Neilad luchaba contra los orcos de la muralla desesperadamente intentando alcanzar el lugar donde estaba su compañero. Pero los orcos eran muchos y no se lo permitían. También los soldados bajo el mando del Glansh notaron la lucha sobre la muralla y prepararon sus flechas y tensaron sus arcos. El Glansh atacó, pero Nuel fue más rápido, lo esquivó y contraatacó. Su espada se clavó en el pecho del orco. No importo la armadura enana ni la fortaleza del orco. La espada de Nuel era enorme y este la empuñaba con destreza y con furia. El orco mal herido retrocedió soltando su arma. Nuel cortó su cabeza y pateó al cuerpo que cayó rodando por los bordes derrumbados de la muralla. Los orcos al ver al cuerpo de su general caer donde se encontraban perdieron valor y comenzaron a retroceder. Pero las flechas de los orcos alcanzaron a Nuel en un hombro y a Serotonino en el pecho dos veces. Antes de que pudiesen volver a disparar, las flechas doradas de Azhalea habían matado a los orcos. Nuel se arrancó la flecha del hombro como si no fuera nada y sostuvo al mago en sus brazos. El elemental de piedra se derrumbó pero para ese entonces solo quedaban tres catapultas y cientos de orcos arqueros habían sido aplastados por la criatura.
-Te pido disculpas por todo lo que antes te dije mago. Me alegro que hoy luchases a nuestro lado y no te preocupes, que ahora terminaremos lo que has empezado -Dos soldados se aproximaron a Nuel y sujetaron al mago herido que no podía moverse y le costaba respirar. Diez de los soldados de elite que comandaba Nuel escoltaron al mago hasta un lugar seguro donde fue atendido por los enfermeros del rey. Ante la retirada de los orcos Neilad había conseguido acercarse a donde estaba el hombre que antes había enfrentado-. Cuidaremos de él no te preocupes. Tu amigo el mago nos ha regalado la oportunidad de triunfar. Y no vamos a desaprovecharla. -Neilad no dijo nada. Nuel reagrupó a sus tropas detrás de lo que quedaba de la muralla. En el portón los orcos que ahí luchaban retrocedieron para poder también reagruparse. Los lanceros de Niguarn estaban exhaustos pero habían matado a cientos de orcos. La orden había cubierto su cuota también junto con los cuatro orcos.

Betu fue donde Neilad sobre los escombros de la muralla. Nes el caballo del jefe de la orden era duro e imparable y sus cascos se afirmaban con seguridad sobre las ruinas de la fortaleza. Desde donde estaba Neilad podía ver al ejercito orcos moverse. Contó las divisiones de sus enemigos. El rey orco había enviado a Glansh-Bridgunt junto con las tropas de artilleros de Glakh y los arqueros de Brgrunt. Aunque muchos habían muerto en batalla, los orcos que recién habían peleado también se reagrupaban. Cerca de mil arqueros orcos todavía estaban en pie, las tres catapultas y aproximadamente mil quinientos soldados de a pie, todos de las tropas que recién habían peleado. Detrás de ellos se encontraba el resto del ejercito que todavía no había entrado en batalla y que se encontraba descansado en contraste casi todas las tropas del rey ya habían peleado. Las tropas de Shires y las de Nuel habían sufrido muchas bajas y las de Niguarn estaban agotadas. Aunque seguramente al rey orco le había costado más bajas de las que esperaba su ataque había sido demoledor y ahora solo tenía que esperar a que el ejercito de Fenor saliese a enfrentarlo o terminar de derrumbar la fortaleza a fuerza de piedras, fuego y flechas.
Maz que estaba al lado del rey lo aconsejó -Murgthiz quiere que salgamos y luchemos afuera ahí considera que su diferencia numérica nos aplastara. Pero si no acabamos con las catapultas y el resto de los arqueros cuando todavía podemos no tendremos oportunidad. Envíe a la caballería, mi rey, que con velocidad destruya a las armas que todavía quedan en pie. -El rey dudó un segundo.
Desde un balcón miraba el gato que murmuró– Recuerde rey lo que le dije de confiar en los consejos de Maz.
El rey se molestó de qué el gato quisiera darle órdenes pero en el fondo sabía que tenía razón. -Que la caballería ataque, maten a los orcos que queden en las catapultas y a todos los arqueros que encuentren. Los caballeros del rey se movilizaron saliendo por la puerta principal, Cuando la orden los vio venir Zauner y Sugum salieron del castillo a protegerlos. La infantería de Niguarn salió a cubrirlos. Los escudos de los soldados protegían a las tropas que avanzaban lentamente  Detrás de ellos Niguarn había juntado a todos su lanceros en una división que avanzaba acompañada de Rikenv, Beraza y Sefit que todavía montaba en su corcel negro. Verokai trepó por la muralla para observar la batalla desde arriba  después fue junto con Neilad donde había caído la fortaleza. Las antiguas tropas de la infantería de Glugarth ahora bajo el mando de Glansh-Briver que montaba al lobo más veloz del ejército del rey orco avanzaron para enfrentarlos y detrás de ellos los lobos se acomodaban para rodearlos. Las tropas de Niguarn chocaron con los dos mil orcos de a pie que comandaba Glansh-Briver. La caballería del ejército de Fenor atacó a las catapultas que eran defendidas por los arqueros y por los soldados que antes habían luchado. Detrás de Nuel todavía estaban todos sus soldados de elite de los cuales todavía no había muerto ninguno y el resto de sus tropas de infantería y detrás de Neilad estaban Betu, Verokai la inmortal y los tres orcos bajo el mando de Glakh junto con él.
-Iré a apoyar a la caballería contra los orcos. -dijo Nuel a Neilad que no decía nada.
Detrás de él se escuchó una voz de mando -No, General Nuel, mis tropas irán a apoyarlos necesitaremos las tuyas al final de la batalla. -Shires de Montevid movilizó a sus guerreros y Nuel y Neilad le hicieron paso para que bajasen por la muralla derrumbada. Los caballeros del rey atacaban con gran destreza y luego retrocedían. Una de las catapultas ya había sido destruida. La infantería orca resistía y protegía a los arqueros que lanzaban oleadas de flechas sobre los caballeros, muchos de ellos murieron a causa de los proyectiles pero su ataque no cesó.

Finalmente los lobos y los jinetes de  Glansh-Briver rodearon a la división de Niguarn, dejándolos atrapados. Los orcos sobre los lobos dejaban que sus animales matasen a los soldados del rey. Las lanzas de Niguarn eran efectivas contra los jinetes pero poco a poco el círculo se fue cerrando. Un orco atravesó el cuello del caballo de Sefit que murió sin remedio. El imbatible abandonó su montura pero antes de hacerlo ya había matado al orco que había asesinado a su corcel. El martillo de Rikenv había cobrado la vida de los orcos que se le aproximaba y detrás de su espalda estaba Beraza que los mataba con un solo golpe de su hacha. Niguarn blandía su espada como un experto pero no podía contener a sus tropas que estaban siendo aniquiladas. Zauner se encontraba con ellos. El no-muerto era más alto que los orcos montados en sus lobos y con su imponente hacha de guerra desmontó a uno de ellos de un golpe matándolo en el acto. Luego terminó de rematar a su montura. Sugum que era más lento que los demás por su pesada armadura había quedado atrás y no había sido encerrado por los orcos. Dos de los jinetes lo embistieron pero su escudo resistió los ataques. Su espada de un solo filo cortó la cabeza de uno de los lobos y su jinete cayó al piso Sugum lo mató antes de que pudiera pararse.  El otro orco volvió  a atacar pero su escudo nuevamente detuvo el golpe y con su contraataque mató al orco y luego a su montura.

Los guerreros de Shires cargaban al ataque. Una de las divisiones de lanceros fue a apoyar a Niguarn y junto a ellos Neilad había mandado a Betu para apoyarlos. La otra división de laceros y la de infantería entre la que se encontraban Neilad, Verokai y los cuatro orcos avanzaba para enfrentar a los orcos de a pie que habían sobrevivido. Pero la más temida de todas las fuerzas del rey orco llegó  a apoyarlos. Las tropas del primer general de Murgthiz habían llegado. Sorprendidos por su flanco izquierdo los soldados del rey vieron como se aproximaban los más extraños guerreros orcos. Glansh-Dlek montaba en su dragón negro y rojo. Y sus tropas vestían no solo el rojo oscuro del ejército de Murgthiz sino que además llevaban capas verdes y montaban en lobos negros y no grises como los de Glansh-Briver. Shires coloco a sus lanceros para que los enfrentaran pero aunque podían repeler el avance de los orcos en lobo nada podían hacer contra el dragón que escupía fuego sobre ellos y los mataba con sus garras. Los lanceros comenzaron a retroceder y pronto ellos también quedaron rodeados. Los caballeros del rey ya habían eliminado otra pieza de artillería pero todavía no podían alcanzar a los arqueros que hacían estragos en las tropas de Fenor. En su parte derecha el círculo que los cerraba era más débil y por ahí Verokai, Glakh y Gluk consiguieron escapar acompañados por un grupo de soldados de infantería. Verokai los dirigió con velocidad donde estaban los arqueros. Neilad veía a los hombres del rey Urael caer a su lado mientras su espada cortaba a los cuerpos de sus enemigos. Giró y vio como dos lanceros orcos alcanzaban a Grur, el más alto de los orcos que lo acompañaban, que murió en ese mismo lugar.

Nuel no pudo resistir en el lugar donde se encontraba y lanzó su ataque. Los refuerzos consiguieron aplastar a una parte de los orcos de Glansh-Dlek y las tropas de Shires consiguieron liberarse. Pero para entonces ya estaban desgastados y todavía enfrentaban a la infantería orca de frente y a las tropas del orco del dragón sobre la izquierda. El dragón mataba de a diez hombres con una sola llamarada. Una vez más Neilad extrañó a su escudo con el cual hubiera podido enfrentar a la bestia, pero sin él no era más que otro hombre tan mortal como cualquiera. Entonces escuchó un inconfundible sonido, los pasos de Sugum, el guardián y su protector, que se dirigía a enfrentar al dragón.

Los lanceros de Shires llegaron donde estaban siendo rodeado Niguarn y el resto de la orden. Los rayos de Betu mataron a los soldados orcos que se aproximaban a ellos. Los lanceros chocaron contra los lobos violentamente. Los lobos devoraron a los soldados que pudieron mientas los orcos que los montaban cortaban las cabezas de sus enemigos. Betu consiguió rápidamente asentarse en el campo de batalla y desde su posición calcinaba a los orcos que trataban de golpearlo. Su espada se movía a toda velocidad mientras se clavaba en el pecho de los orcos que corrían hacia él. Su agilidad lo ayudaba a esquivar los golpes de los martillos de guerra orcos y de los garrotes de madera del bosque del norte de Fenor de dos de los orcos guardaespaldas que ahora se habían acercado a él. Un veloz orco que montaba en un lobo pasó detrás de él y lo golpeó con una porra. Betu no alcanzó a esquivarlo por completo y recibió parte del golpe en el pecho y cayó tumbado al piso. Glansh-Briver había aparecido montado en su veloz lobo, portando su porra y su martillo de guerra.
Escuchó que alguien lo llamaba -¡Tsk! ¡Tsk! Orco -Glansh-Briver miró a sus espaldas y no vio a nadie- ¡Tsk! ¡Tsk! Aquí abajo orco -El general orco consiguió ver por fin a quien lo estaba llamando. Rikenv se encontraba a doce pasos de donde estaba él. El enano era pequeño y su martillo de guerra estaba cubierto por sangre orca. Glansh-Briver lanzó una carcajada y arremetió contra el enano. El lobo se lanzó contra él pero Rikenv sonrió y le aplastó el cráneo al animal antes de que tocase el piso- ¡Si habré matado yo de estos con mi papá, cuando era pequeño!
Zauner llegó donde estaban y enfrentó a los dos orcos guardaespaldas uno de ellos golpeó su esqueleto pero él no muerto solo se sacudió y golpeo con su hacha al orco matándolo. El otro orco lanzó un garrotazo pero Zauner lo detuvo con su mano. El orco lucho para liberar su arma pero no lo consiguió. Zauner se la quitó de las manos y la arrojó lejos de ahí. Luego cargó su hacha en su hombro y sujetó al orco por el cuello. Tal era la altura del no-muerto y tal su fuerza que el orco quedó suspendido en el aire y ahí murió, asfixiado. Glansh-Briver se levantó del piso, Rikenv lo esperaba ansioso. Pero un rayo ilumino la batalla, a pocos pasos Betu se había levantado y empuñaba su espada hacia donde estaba el general orco que ahora estaba calcinado en el piso. El hacha de Beraza y la espada de Sefit habían acabado con los soldados orcos que enfrentaban. Pocas eran las tropas que ahora comandaba Niguarn pero el joven todavía permanecía con vida. Era un diestro guerrero. Betu se encargó de terminar de arrasar con las tropas enemigas con su rayos eléctricos, los lobos y los jinetes que escapaban caían muertos y el terror los llevó a huir de la batalla ahora que su general había caído. Los pocos soldados que quedaban corrieron acompañados por los caballeros de la orden a terminar con los arqueros.

Verokai, Glakh y Gluk acompañados por un puñado de hombres de Fenor enfrentaban ahora a los arqueros del rey orco. Portaban potentes arcos negros pero pésimas espadas que de nada le servían contra la velocidad de Verokai. La elfa corría entre los orcos moviendo su espada entre ellos produciendo heridas mortales. Detrás de ella estaban los dos orcos que a fuerza de espada y lanza se abrían paso y los soldados de Fenor terminaban de matar a los que los rodeaban. Un orco señaló donde estaba la elfa y cincuenta arqueros apuntaron donde ella y los soldados de Fenor. La primera oleada de proyectiles cayó sobre ellos. Muchos soldados del rey cayeron muertos, solo unos pocos sobrevivieron. Cinco flechas habían alcanzado a la elfa. Glakh el jefe orco se había salvado una vez más gracias a su armadura enana. Pero su compañero Gluk había sido alcanzado por una flecha y estaba ahora rengo. Verokai trataba de sobreponerse al dolor que le causaban sus heridas. La segunda oleada cayó mientras ella corría hacia donde estaban los orcos. Once flechas mas cayeron sobre ella y ninguno de los soldados del rey pudieron resistir tal ataque. Dos orcos guardaespaldas salieron de entre las tropas de a pie que aguardaban, a liquidar a los orcos y a Verokai mientras los arqueros cargaban una tercer ronda. Verokai cayó sobre ellos matándolos con sus veloces movimientos. Por el otro lado atacaba Niguarn y el resto de sus hombres, los arqueros estaban terminando de ser aniquilados cuando uno de los orcos guardaespaldas golpeo a Verokai quebrándole varios huesos. La elfa intentó pararse pero varios orcos que todavía luchaban de la infantería clavaron sus espadas y lanzas en ella. Aun con el cuerpo destrozado Verokai lanzaba estocadas. Los orcos no podían entender porque no moría. El orco guardaespaldas levantó su garrote y la golpeó una vez más. Pudo escucharse el grito de dolor de la elfa cuando todos sus huesos crujían. El orco volvió a levantar su garrote pero una vez más sonó la canción de la espada de Fenor y el orco cayó cortado en varias partes. El filo de la veloz espada de Neilad seguía cobrando víctimas. Los otros orcos que antes habían atacado a Verokai retrocedieron. Pero los hombres de Niguarn los acabaron. El segundo orco guardaespaldas se dirigió donde estaban los orcos que peleaban para Urael. Glakh  lo enfrentó y esquivó los golpes de su garrote. Gluk, rengo y como estaba se tiró sobre él con su lanza y se la clavó en el vientre pero no pudo esquivar el contraataque del orco y su garrote golpeo su cabeza. Gluk cayó y nunca más se levantó. El orco jefe aprovechó el momento y le clavó la espada en el pecho al guardaespaldas que murió en el acto. Los hombres de Niguarn rodearon a Neilad que había desmontado a Nes y que ahora sostenía al cuerpo de Verokai. Glakh se unió al grupo.
-Protejan a estos guerreros, soldados de Fenor. Estos son los caballeros de la orden del Gato Azul. -gritó Niguarn y los soldados se agruparon alrededor de Neilad y Verokai protegiendo sus flancos.
-Siento no haber llegado antes, Verokai.
-Está bien Neilad no te preocupes. Creo que no me queda un solo hueso sano y no debo tener una sola pulgada de mi cuerpo sin heridas. Hoy ya no podré seguir luchando. Pero no te preocupes porque en esta noche de luna llena en la que mis poderes están al máximo no puedo ser derrotada y aunque hoy muera mañana estaré con ustedes otra vez -La elfa hizo un esbozo de risa mientras Neilad le acariciaba la cara quitando su sangre de las pálidas mejillas-. Porque soy Verokai la inmortal. -La elfa se quedó quieta y no dijo nada más y su cuerpo se secó y momifico en los brazos de Neilad.
El hombre se puso de pie sosteniendo al cadáver de su amiga y se lo entregó a uno de los soldados del rey bajo el mando de Niguarn. -Llévala dentro del castillo y que no toque la luz del sol nunca su cuerpo. -El hombre no entendía que le estaba pidiendo el caballero de blanco pero su sola presencia inspiraba autoridad y confianza. Vio a Niguarn y el asintió con la cabeza y el hombre corrió hacia el castillo con el cadáver de la elfa en brazos.

Los hombres de Shires y Nuel seguían luchando contra las tropas de infantería orca y contra los que montaban en los lobos negros. Los pocos caballeros que quedaban intentaban atacar al dragón pero el animal escupía fuego y los hombres quemados corrían por el campo de batalla sin poder protegerse. La bestia amenazaba con destruir todo. Nadie podía hacerle frente. No había manera de parar a semejante maquina de destrucción. El fuego que respiraba no perdonaba a nadie y el Glansh no dudaba incluso en tirarlo sobre sus propios soldados con tal de producir bajas en el ejercito de Fenor. Los hombres del rey Urael comenzaron a retroceder abrumados por la fuerza del dragón. El arma secreta del rey orco se había desencadenado en la batalla y terminaría de destruir al debilitado ejército de hombres. Si nadie detenía a la bestia todo estaba perdido. Pero de entre los soldados de Fenor surgió Sugum corazón de oro. Su espada se movía hacia ambos lados con gran velocidad y los orcos y sus lobos morían a su paso. Llegó el guardián ante el dragón que era manejado por Glansh-Dlek. El feroz animal escupió su llamarada sobre Sugum que se protegió con su pesado escudo. El dragón lo atacó con su garra y nuevamente el escudo de Sugum lo protegió. Fue ahora el guardián quien atacó pero el animal era rápido y no dejaba que Sugum hiciera blanco. Neilad montó nuevamente en Nes mientras observaba la lucha. Verokai y Serotonino habían caído y si ahora también caía Sugum quien había ido a protegerlo no se lo perdonaría. El animal giró y golpeó con su cola a Sugum. Solo el inamovible ser podía resistir tal embate. Pero aun así se vio obligado a retroceder un paso a causa del impacto. El animal volvió a escupir fuego sobre él pero esta vez no se detenía el fuego continuaba y continuaba. Neilad se abrió paso en la batalla para llegar a Sugum y escuchó un grito de guerra que provenía de donde estaba la puerta principal del Norte. Guy de Montevid se dirigía a todo galope hacia donde estaba el dragón. Neilad vio como la joven sin desmontar levantó del suelo una de las lanzas de Fenor que se encontraba clavada en un orco. Y la apuntó al Dragón sin perder velocidad. Sugum protegido por su escudo dio unos pasos hacia delante y con su espada de un solo filo golpeo a una de las garras que apoyaban en el suelo. El dragón se detuvo y gritó. Sugum le había cortado dos dedos. Levantó sus patas delanteras para pisar al guardián pero antes de poder bajar Guy llegó empuñando su lanza a todo velocidad y alojó su arma en el corazón de la bestia que había quedado expuesto.
Neilad exclamó -¡Eso, ha sido impresionante!
El dragón se sacudió mientras moría y con una de sus garras golpeó a Guy y la arrojó contra los escombros de la muralla. La mayor Guy de Montevid no se levantó, estaba gravemente herida. Y ahora los orcos montados en lobos negros estaban sobre ella, Sugum el guardián se interpuso y no los dejo avanzar. Maz apareció montando en el caballo dorado. Levantó a Guy del suelo y se la llevó dentro de la fortaleza.
Sugum luchaba contra los orcos cuando escuchó a Maz que no perdería oportunidad alguna, decir -¡Que viva Guy la Mata dragones! ¡Viva el ejército de Fenor que no se doblega ante ninguna criatura! Expulsen a los orcos de estas tierras. Que no caigan sus lanzas soldados ¡¡¡MATEN A LOS ORCOS DE MURGTHIZ!!!

Los soldados festejaron el triunfo de Guy y eufóricos terminaron con los orcos con los que estaban peleando. Los hombres de Shires y de Nuel acabaron con la catapulta y los pocos caballeros que quedaban habían hecho huir a los arqueros que sobrevivieron al ataque de Verokai. Pero aun así las filas de orcos que se encontraban a trescientos  pasos de distancia eran numerosas. Glansh-Dlek había conseguido escapar montado en uno de los lobos negros. La parte norte de la fortaleza de Fenor había sido derrumbada y todo el ejército de hombres estaba afuera enfrentando al Rey orco. Hasta el rey Urael y los últimos caballeros que lo acompañaban junto con los hombres y mujeres que antes Guy lideraba habían salido. Ni los orcos ni los hombres de Fenor podían creer que casi diez mil orcos habían sido vencidos y muertos y los que sobrevivieron escaparon atemorizados. Pero el ejército de Fenor había sufrido numerosas bajas también. Contando los caballeros y los hombres de Guy de Montevid el rey Urael estaba rodeado por seiscientos hombres Shires de Montevid, consiguió agrupar cerca de mil quinientos mientras que Nuel que comandaba a los más feroces y mas diestros solo había perdido a trescientos hombres. De los valientes soldados de Niguarn solo quedaban quinientos hombres. Dos de los orcos que acompañaban a Glakh habían muerto y ahora solo estaba Frunzzhsh para acompañarlo  y su voz aguda. Hasta en la orden habían caído guerreros. La mitad del ejército de Fenor había muerto pero cada muerte había costado dos vidas de orco. Murgthiz aun en esta derrota demostraba su sabiduría, desde un comienzo había querido derrumbar la moral de los soldados de Fenor. Enviando a los lobos del desierto de Gull y haciendo sonar a los tambores, sorprendiéndolos a todo momento. Pero no había conseguido hacerlo y le había costado la mitad del ejército y seguramente no calculaba perder ni la mitad de eso. La ventaja seguía de su lado. Podía mandar al resto de sus orcos a acabar con Fenor pero el costo era muy alto. Sus soldados habían perdido moral ante tal derrota y más aun viendo morir al dragón mientras que los hombres de Fenor por lo menos en ese instante sentían que podían llevarse al mundo por delante. Murgthiz no dudaba de su victoria pero no quería que su ejército siguiera reduciéndose. Los soldados del rey orco no avanzaron más y esperaron órdenes.