lunes, 19 de mayo de 2014

17 - El ataque de Fenor

Fortaleza de Fenor.
Día 14 del cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.


            Neilad y Maz se acercaron al rey y detrás los acompañaba Glakh. Maz hizo una reverencia al rey que estaba reunido con sus tres generales -Mi rey. No nos queda nada más que la esperanza. Los orcos que nos duplican en número se reponen de su derrota. Y no tardarán en darse cuenta de que ellos son más, y que su victoria es todavía la mayor de las posibilidades. Hay que atacar, defenderse no es una posibilidad.
-Se contar al igual que tu y aunque sé que mis hombres en este momento están emocionados por la victoria reciente no es tan fácil dar la orden que deseas. Me pides que los mande a una muerte segura. Cuando sea tu turno de enviar hombres a la muerte, cuando te toque a ti soñar con los rostros de tus hombres muertos, veras que no es tan fácil dar esa orden. Soy rey y entiendo cuando debo ser frío pero también recuerdo que antes de eso soy hombre.
-Maz tiene razón rey Urael. Ya no quedan estrategias ahora solo se trata de valor y fuerza bruta -dijo Nuel con el hombro vendado-. Ellos tienen la fuerza bruta, pero en este momento nosotros tenemos el valor. Ese Murgthiz nos teme ahora por eso no ha lanzado otro ataque.
-El rey no le teme a nada humano -dijo Glakh- pero no desea perder más orcos. Si para ganar pierde a todo su ejército pronto lo alcanzaron otros hombres y lo mataran. Y es por lo mismo que tu rey no desea atacar tampoco.
El rey miró al orco y levantó una mano para que Nuel no siguiese en la discusión  -Dime tu nombre otra vez orco y  que hacías para Murgthiz.
-Yo soy Glakh y fui uno de sus ocho Glansh, rey de los hombres.
-Muy bien Glakh, y dime ¿Cuál es tu opinión sobre esto? ¿Qué estrategia crees que utilizara?
-Murgthiz no desea que ninguno de ustedes sobreviva y tampoco que yo lo haga. No quiere que nadie cuente sobre su ejército o sobre su número de orcos. No ha venido a tomar prisioneros o a apoderarse de la fortaleza. Ha venido a matarlos a todos y derrumbar todo lo que encuentre. Y sin ustedes arrasará con el resto del reino con gran facilidad. Hará que mas orcos se levanten de la tierra para engrosar su ejército y esta vez serán todavía más poderosos y más leales y después no perdonará nada. No lanzará su ejército sobre lo que queda de tus hombres, no después de esto. Primero jugará con sus mentes de hombre. Esperará hasta que el miedo se apodere otra vez de sus corazones. Su campeón tiene razón en algo: esto es sobre fuerza bruta y valor. Y ahora sus ánimos están altos pero no lo estarán en una hora o dos cuando sus hombres terminen de contar las cabezas de los orcos a los que enfrentan otra vez -El orco río-. Murgthiz esperará a que sus hombres corran o muestren cualquier signo de miedo. Y después los rodeará. Dividirá a sus orcos en grupos de quinientos y alargará su formación de manera tal que se extienda hasta poder abarcar todo el frente norte de la fortaleza. Las tropas de los bordes avanzarán primero para que no puedan escapar por los flancos y después avanzará y los encerrara. Y si acaso entran en la fortaleza le será todavía más fácil. En cuanto den un solo paso atrás avanzará para destruirlos o simplemente los encerrará en la fortaleza para acabarlos con fuego. Pero la batalla de una forma u otra acabará antes del amanecer -Glakh hizo una pausa y se sacó la saliva que caía por sus labios, luego miró al ejército de orcos perfectamente formados delante de él-. Pero tienen, - volvió a hacer una pausa y entonó- tenemos una oportunidad.
-¿Cuál? -preguntó el rey.
-La espada que Murgthiz robó al hombre de blanco, Grurdahara es conocida y temida entre los orcos. No hay mayor símbolo de poder que porte el Rey orco en este momento. Si se la quitas o lo matas el ejército orco se desarmara. Corta la cabeza de la serpiente y la serpiente morirá. Si lo atacas ahora tendrás que superar a los diez mil orcos que te separan de él. Pero si esperas a que te rodee, por lo menos en el frente serán menos. Junto a él estarán sus mejores orcos. Y los dos Glansh que todavía no has enfrentado, Mur-hr que tiene la espada maldita con la que Lerouas mató a Ignor, no permitan que los corte porque aunque la herida no sea profunda morirán sin remedio y en el peor de los sufrimientos. Y también estará Drurt que carga el hacha de Tairan con ella demolerá a cualquiera que lo enfrente. No digo que sea fácil ni mucho menos seguro pero es la única oportunidad que tenemos. Deja que los soldados descansen y recuperen aire, que los soldados de Murgthiz a los que ahora te enfrentas todavía no han luchado. El rey orco querrá que nuestra moral caiga y cuando este formando a sus hombres para atacar. Ataca tu y ve en busca del Rey. Estas criaturas que acompañan al hombre de blanco tienen alguna oportunidad contra él si les permites enfrentarlos. Y si no crees que tengas las palabras para mantener la moral de tus guerreros, deja que el pequeño hombre hable. Yo he sido el general de dos mil orcos y he peleado batallas desde el día en que surgí de la tierra Y hoy, hasta yo lo sigo.
El rey observó al orco y a su compañero y luego miró a Neilad que todavía no había dicho nada. Vio a los enanos, el pequeño de barba rojiza solo miraba al ejército de orcos y el enano gigante calmaba sus nervios pulverizando rocas solo con la fuerza de sus manos. Vio al otro hombre de blanco y como lo rodeaban rayos eléctricos. Al gigantesco cadáver animado con su imponente hacha. Vio a la hermosa elfa de flechas doradas. Al caballero negro con su espada envainada en la espalda y su rostro frío. Al ladrón cuya inteligencia no dejaba de asombrarlo. Y a la extraña criatura mágica que las mismas hadas habían enviado. Y giró para ver por sobre sus hombros al gato azul que estaba por sobre los escombros de la muralla y lo miraba también a él con sus ojos de plata. Y miró otra vez a Neilad y se preguntó ¿Quién era ese hombre que aun con un paso en el mas allá lo habían seguido elfos, humanos y enanos? ¿Qué en su auxilio habían llegado los dioses y habían despertado los muertos? ¿Qué tipo de magia rodeaba al hombre vestido de blanco? ¿Qué autoridad tenia para perdonar a sus enemigos? ¿Y acaso habría conseguido salvarle el alma a unos pocos orcos? ¿Era eso posible acaso? Pensó en la espada cantante de Fenor regalo de un rey elfo a su padre. Solo el rey elfo había hecho cantar a la espada y posiblemente solo Shires y él recordaban esa canción. Ni su padre ni ningún hombre antes habían podido conseguir eso. Y él durante años había intentado junto con Shires sacarle algún sonido. Y aunque no estuviese su hijo, el príncipe Udgar de Fenor, para escuchar la hermosa canción de la espada se alegró de su ausencia. Porque alguien debía sobrevivir a ese horror. Miró a sus hombres otra vez. Al joven Niguarn que había dado todo por defender la entrada, a Nuel el campeón que había acabado con la vida de uno de los generales orcos, y al sabio Shires de Montevid de estirpe guerrera y valiente que en su rostro mostraba lo afligido que estaba por su nieta Guy. Y pensó en la valiente joven que con solo una lanza había matado un dragón y había conseguido hacer retroceder a los orcos. Y pensó en él, Urael rey de Fenor. ¿Cómo lo recordaría la historia? ¿Solo juzgarían este día? Y si así fuera ¿Qué dirían de él? ¿Qué fue sabio o estúpido? ¿Qué fue valiente o cobarde? Pensó en su fortaleza derrumbada y consideró lo que pasaría si eso se extendía a todo el reino. ¿Acaso en las palabras del general orco estaba la clave de la victoria? Y luego pensó que si morir era la única opción, no podía hacerlo en mejor compañía. Que la Luna recordase a los hombres de Fenor luchando contra el mal que representaba Murgthiz. Y que le permitiese arrástralo junto con él al país de los muertos.

            La noche se había vuelto fría. Las horas habían pasado sin hacerse notar. Y los hombres sentían ahora que se habían despertado de una pesadilla. Despiertos pero cansados y con el corazón agitado. Nada querían más que tirarse sobre los orcos y terminar con ellos. Vieron como su rey avanzaba y se ponía al frente de ellos y luego le daba la espalda al ejército de orcos.
-Hombres de Fenor- El rey acaparó toda la atención en él y luego desenvaino su espada. -Nadie odia más a los orcos que han venido a destruir nuestra fortaleza que yo. Y hoy mi espada se unirá a la de ustedes en la lucha y mi sangre se derramara como siempre lo ha hecho por Fenor -gritó nuevamente el nombre de su reino y todos los hombres lo repitieron festejando-. Sé que todos ustedes desean lanzarse sobre ellos y matarlos con sus propias manos si hace falta -Muchos hombres gritaron y pidieron ser los primeros en las filas- no dudo ni dude nunca de su valor, guerreros de Fenor. Pero el ejercito que enfrentamos no solo es numeroso sino que además esta comandado por un inteligente rey orco. Y él, está esperando que cometamos el error de correr hacia su muro de guerreros. Esperará a que lo hagamos porque cree que nos ha acorralado. Y que ahora por fin le temeremos. Pero yo sé que eso no sucederá. Hemos matado a sus generales, hemos hecho retroceder a sus orcos, y solo hizo falta una lanza y valor para matar a su dragón. Y no peleamos solos, Lurandel y su orden esta aquí y ya hemos visto lo que pueden hacer -Los hombres volvieron a festejar las palabras del rey-. Hoy la espada de Fenor canta y la luna nos observa. Hoy más que nunca probaremos nuestra fe. El rey orco esperara para jugar con nuestras mentes, porque cree que le tememos. Yo digo, esperémoslo a él que ha venido hasta aquí a matarnos si es que ahora se atreve a subir a finalizar lo que ha empezado. -El ejército de Fenor festejó. Y luego, bajo las órdenes de sus generales, se agruparon en formaciones cerradas dispuestos a esperar el avance del rey orco.

            Dos horas pasaron y la batalla se enfrío. Otros orcos habrían pensado que su general se acobardo pero estos no lo hacían. El control de Murgthiz sobre sus orcos era total. Y esperaban seguir sus órdenes con ansias. Sabían también que la ventaja estaba de su lado. A lo lejos los hombres de Fenor cambiaban de formación y se movían de un flanco a otro cada determinado lapso de tiempo para no enfriarse. Sus generales constantemente los alentaban. Los caballeros de la orden estaban en el medio esperando su oportunidad de entrar en batalla. La figura de Murgthiz apareció de entre las filas orcas montando en un lobo negro. Y comenzó a hablar en orco, dirigiéndose a sus soldados.
El rey Urael se acercó a los orcos y preguntó -Quisiera saber que dice el rey orco.
Frunzzhsh el de la voz aguda empezó a traducir para el rey -Ustedes recuperaran las tierras de Fenor. Que antes, en el principio de los tiempos, eran de nosotros los orcos. Mataremos a los asquerosos humanos, que nos temen y se encuentran desprotegidos en las ruinas de su fortaleza. Nos creyeron estúpidos pero aquí estamos y no fue hasta cuando quisimos que lo supieran que notaron nuestra presencia. Y será hasta cuando nosotros decidamos que seguirán viviendo. Ni un momento más -Los orcos festejaron-. Ustedes son mis orcos, los orcos de Murgthiz. Y ahora con Grurdahara soy invencible. Y mi ejército no será derrotado jamás. -Los orcos volvieron a festejar y su gritos se escucharon en todo Fenor. Seguían igual que cuando había empezado la batalla.
Neilad se separó del grupo y montado en Nes cabalgó hacia la mitad que separaba a ambos ejércitos. Nes levantó sus patas delanteras cuando Neilad tiró de las riendas para frenarlo en seco. Los soldados de Fenor veían al hombre de largos cabellos negros. Vestido de blanco brillante y montado en un caballo de igual porte y alumbrado por la luz de la luna y las estrellas. Era imposible no notar su presencia porque parecía que la luna misma se reflejaba sobre los campos de Fenor. Y para sorpresa de los soldados de Fenor Neilad comenzó a hablar en orco.
-Nunca había conocido a un humano que hablase orco. -dijo Glakh.
-Yo conozco a dos. -El gato miraba desde lo alto la batalla.
-Dinos ahora a todos y en voz alta que es lo que dice el hombre. -El rey volvió a pedirle al orco que tradujese.
-No habla muy bien en orco pero se entiende lo que dice, rey de los hombres -Frunzzhsh tradujo- Él ha dicho: “¿Me recuerdas Murgthiz? Yo soy Neilad y soy a quien has robado las armas que portas. Y aunque te las hayas llevado no me has quitado lo que me hace invencible a mí, no me has quitado a mis compañeros que acabaron con tus arqueros y tus catapultas y con tres de tus generales. Nos has podido matarme antes y no lo harás ahora, y escupo sobre tu miserable ejercito. Puede que hayas rastreado por todo Kiem buscando a las más poderosas armas, puede que hayas esperado años para encontrar a los más fuertes guerreros -Neilad desenfundó la espada cantante de Fenor-. Pero mientras que tú buscas rodearte de los fuertes, yo hago fuertes a los que me rodean.” -La espada cantó una vez más una melodía más inspiradora incluso que la que había sonado cuando la uso por primera vez. Y ni siquiera el rey Urael había escuchado antes esa canción. Luego Neilad gritó algo que Frunzzhsh no tradujo- FenorGsh ikk grungarthn guibrorah, Murgthiz!!! FenorGsh ikk grungarthn!!! Bribg glieran uk guibrorah.  FenorGsh ikk grungarthn!!! -Y aunque sea difícil de creer los diez mil orcos dieron un paso atrás. Solo Murgthiz siguió donde estaba.
-¿Qué es lo que ha dicho? -Preguntó el rey.
Frunzssh levantó la voz -¡Fenor te destruirá esta noche, Murgthiz! ¡¡¡Fenor te destruirá!!! ¡¡¡Porque esta noche pelea a mi lado, Fenor te destruirá!!!
Glakh levantó su espada y sonrío -Voy a concederle algo a ese pequeño hombre, es cierto que Murgthiz le teme a algo después de todo. Esta noche Murgthiz le teme a él y a su orden.
El rey orco comenzó a reacomodar a su ejército y como había dicho Glakh el astuto sus filas comenzaron a alargarse. Neilad regresó junto con los soldados que ahora solo gritaban en orco “FenorGsh ikk grungarthn!!!”, ¡¡¡Fenor te destruirá!!!

Los hombres de Shires se colocaron en el flanco derecho que daba al este y los de Nuel excepto por los de elite que lo acompañarían a él en el izquierdo que daba al oeste. En el medio junto con todos los caballeros de la orden estaba el rey. Nuel el campeón con sus mejores guerreros y todos los hombres que antes eran de Guy y los de Niguarn. Los flancos permitirán contener a los orcos por lo menos por el tiempo que fuera suficiente para que la delantera avanzase hasta donde estaba el rey orco, pero era casi imposible que el plan diera resultado porque eran superados dos a uno y los guerreros que avanzaban no tenían ninguna herida. Pero su nuevo canto les daba valor “FenorGsh ikk grungarthn!!!”, “FenorGsh ikk grungarthn!!!”. El ejercito del rey orco finalmente los rodeo y avanzó lentamente haciendo retumbar sus tambores. Hasta que solo cincuenta pasos de distancia los separaron. Detrás del semicírculo que los encerraba todavía otra división de dos mil orcos separaban al ejercito de Fenor del rey orco y los tres Glansh que todavía vivían y además los rodeaban los lobos y los orcos que habían sobrevivido al primer ataque que eran cerca de doscientos. Los tambores orcos se detuvieron y el grito de los hombres continuó imparable, “FenorGsh ikk grungarthn!!!”. Y los orcos se lanzaron al ataque habiendo encerrado por completo a los hombres. Al mismo tiempo Fenor lanzó su ataque. La primera fila de caballeros embistió con el mismo rey Urael a la cabeza. Neilad, Azhalea sobre Brura e incluso Maz lo acompañaban que había levantado una espada que manejaba torpemente porque no había sentido nunca el peso de un arma de guerra. Los hombres de los flancos fueron capaces de detener a los orcos y empezó la más cruenta de las batallas. Las espadas cortaban el aire. La sangre tiño las tierras de Fenor y a las rocas grises y azules. Los hombres clavaban sus lanzas en sus enemigos orcos. Los orcos aplastaban a los hombres con sus garrotes y mazos y la primera línea del ejército de Fenor chocó contra los orcos que no esperaban ser atacados. Pero eso no los detuvo. Los guerreros a caballo retrocedieron y detrás de ellos llegaron los hombres a pie. Y volvieron a chocar sus lanzas y sus mazos. Y detrás llegó la orden. La descomunal figura de Zauner sobresalía entre los guerreros en el campo de batalla y su hacha que giraba lanzaba a los orcos hacia los costados. Los rayos de Betu se multiplicaban y acababan con las líneas de orcos de a cinco muertes a la vez. El hacha de Beraza abría camino y el martillo de Rikenv destrozaba las armaduras y los cuerpos de sus víctimas. Los orcos trepaban por el cuerpo de Sugum que los pisaba mientras avanzaba a paso lento pero sin detenerse jamás. Sefit movía su espada y los orcos caían muertos sin parar. Glakh y Frunzzhsh hicieron su parte matando a muchos orcos de trajes rojo oscuro. Y el semicírculo que los encerraba se partió. Las tropas de Nuel el campeón y de Niguarn avanzaron terminando de acabar con los orcos. Y vieron frente a ellos a los dos mil orcos que todavía esperaban. El rey fue el primero en salir nuevamente al ataque y detrás Neilad que hizo sonar la espada otra vez y lo acompañó junto con todos los demás. Y antes de poder llegar los lobos se vinieron contra ellos. Los caballeros del rey llegaron detrás y cargaron contra los lobos. Los orcos que todavía formaban delante de ellos se unieron a la lucha y detrás llegaron los hombres de Niguarn y Nuel con toda la orden. Los dos mil orcos se lanzaron sobre el puñado de hombres que enfrentaba. Neilad siguió avanzando, su espada cortaba las cabezas y los cuerpos de sus enemigos como si estuvieran hechos de manteca. Los orcos se lanzaban contra él pero lo cubrían los rayos eléctricos del otro elahara. Murgthiz que estaba sobre una plataforma que los orcos habían preparado para que pudiera ver más alto mandó a todos sus guardaespaldas a detenerlo y a Glansh-Drurt que portaba el hacha de Tairan el rey enano del norte de Denjiia.

Glansh-Drurt golpeó la tierra con su hacha y el suelo tembló. Nes perdió el equilibrio e hizo un fuerte movimiento y Neilad cayó del caballo. Beraza y Rikenv salieron de entre las filas enemigas.
-Neilad, sigue avanzando nosotros nos encargaremos de él. -gritó Beraza, que levantó su hacha y corrió hacia donde estaba el general orco seguido por Rikenv con su poderoso martillo de guerra. Betu lanzaba sus rayos contra los soldados orcos frenando su avance. Un orco montado en un lobo levantó una lanza y se la arrojó pero la espada de Betu y su velocidad le permitieron cortarla en el aire. Zauner y Sugum seguían haciendo estragos en las líneas enemigas. Y los orcos tenían la misma suerte que siempre ante Sefit. El rey acompañado por Maz y Azhalea defendía su posición. Y desde atrás Nuel y Niguarn acababan con todos los que intentaban rodear al rey. Un lobo se tiró sobre Frunzzhsh y lo mordió por el cuello. Lo arrastró por el suelo hasta que la espada de Glakh le atravesó las costillas. Ya solo quedaba él de los cuatro orcos. Neilad seguía avanzando atrás, de él estaba ahora Glakh que buscaba su venganza. Cinco orcos guardaespaldas los rodearon. Neilad y Glakh peleaban espalda a espalda contra los feroces guerreros. Neilad hacia danzar la espada que cortaba los brazos de los guerreros y sus manos caían al suelo. Glakh eludía los garrotazos y lanzaba estocadas mortales contra los gigantescos orcos que no eran muy veloces o por lo menos no más veloces que él. Cayeron los cinco pero no dejaban de llegar los soldados del rey orco. Uno de ellos consiguió herir a Neilad en el brazo. Glakh le cortó la cabeza. Nuel se les unió acompañado por cinco de sus mejores guerreros. Y los ocho se enfrentaron al resto de los guardaespaldas del rey orco. Dos de los guerreros de elite murieron pero los orcos murieron todos.

Los dos enanos enfrenaban al tercer general del rey orco. El hacha de Tairan hizo retumbar nuevamente al piso. Luego el orco corrió hasta donde estaba Rikenv su hacha bajó velozmente pero el enano rodó por el piso y consiguió esquivarlo. Beraza aprovechó el momento para atacar. Su pesada hacha cayó sobre el orco con su brutal fuerza. Pero Glansh-Drurt no se intimido, levantó su hacha y golpeó al arma de Beraza partiéndola en dos. Beraza no podía comprender lo que sucedía pero Rikenv conocía al arma y sabia de lo que era capaz. No era buena idea probar la fuerza del hacha de Tairan. El orco lanzó una carcajada y se arrojó sobre el enano gigante. Beraza apretó los dientes y antes de que el hacha cayese sobre él, avanzó y sostuvo las garras del orco con sus manos. El orco no podía moverse, la fuerza de Beraza no tenía comparación en este mundo. Rikenv dio vuelta su martillo y con la parte puntiaguda atacó al orco. Su punta se clavó en la pierna del orco. Beraza sujetó ahora del arma y tiró para un costado. El orco salió volando y cayó con la cara al suelo. Varios lobos vinieron a su rescate. Los jinetes orcos atacaron a los enanos que se defendían de ellos con el martillo y ahora Beraza con el hacha de Tairan. Glansh-Drurt montó sobre un lobo y escapó.
Beraza miro a Rikenv -Esta es el hacha de Tairan.
-Si amigo es la misma.
-Tú cárgala que eres más sabio que yo que todavía soy joven en esta tierra. Tú eres el experto.
-Amigo, eres el más fuerte de nuestra raza. El más fuerte de todas las razas. Si alguien debe cargar el hacha de Tairan eres tú. Yo tengo a mi martillo y con él me llevo bastante bien. Además, soy un enano al que le gusta estar en el anonimato, siempre en un segundo plano y dispuesto a ayudar a quien lo necesite sin ánimo de lucro ni gloria. No podría con tal honor.
Beraza contempló el hacha una vez más y no dijo más nada.

Glansh-Mur-hr se vio forzado a abandonar su lado junto al rey orco. Y empuñando su espada oscura de dos manos enfrentó a los guerreros de Nuel que habían alcanzado la plataforma. El orco lanzaba carcajadas mientras luchaba. La guerra y la sangre le encantaba y más aun el sufrimiento ajeno. Uno de los hombres fue cortado por la espada y cayó al suelo revolcándose de dolor. Su piel comenzó a granjearse hasta que finalmente se marchitó. El rostro del hombre quedó irreconocible y el mismo destino tuvieron todos los demás soldados de Fenor que lo enfrentaron.
El orco río -Tengan cuidado de mi espada maldita. Que no toque vuestra sangre su hoja.
Nuel, Neilad y Glakh enfrentaron al segundo Glansh del rey orco que reía descontroladamente delante de ellos. Nuel se lanzó sobre él. Sus espadas se cruzaron y los dos midieron sus fuerzas. Neilad lanzó una estocada pero el orco era hábil y la esquivó. Glakh se acercó y atacó, el general orco soltó la espada con una mano y detuvo al ataque con sus muñequeras. Sujetó a Glakh por su armadura y luego le dio un violento cabezazo. Glakh retrocedió y cayó sentado. Atrás Nuel volvía a atacar. El orco esquivó el golpe y lanzó el suyo pero Nuel sabía  que no podía ser tocado por la espada. Detuvo el golpe con la suya.  Neilad se lanzó por la espalda del orco pero Glansh-Mur-hr no se intimidaba ante nada. Giró e hizo girar la espada en su cuerpo como si esta no pesase nada. Glakh se corrió para no ser tocado por la espada. Neilad se agachó. Pero Mur-hr siguió girando y el movimiento sorprendió a Nuel, la espada maldita le cortó la cabeza que rodó por el piso y se marchito en poco tiempo.
-Neilad, Glansh-Mur-hr es el mejor guerrero del supremo comandante. Es hábil, veloz y fuerte. Y no tiene que hacerte una herida profunda para matarte alcanza con que te toque esa hoja y se acabo.
-Lo sé.
-Hazme un favor, mata a  Murgthiz por mí. -Neilad no terminó de escuchar esto cuando el orco se arrojó sobre el general de Murgthiz. Glansh-Mur-hr lanzó una carcajada y le clavó la espada a Glakh en el cuerpo. La piel de Glakh comenzó a ponerse negra. Pero cuando Glansh-Mur-hr quiso sacar su arma Glakh, que se retorcía de dolor, sostuvo la hoja con sus garras y aunque Glansh-Mur-hr tiraba no conseguía zafarla. El general orco levantó la cabeza. Neilad dibujo círculos en el aire mientras corría hacia él, la espada canto una vez más.
El orco miró al hombre y con desprecio gruñó -Maldito.
La espada de Fenor atravesó la armadura enana, el pecho de Glansh-Mur-hr y nuevamente la armadura y salió por el otro lado e inmediatamente Neilad sacó su arma y la enfundó. El orco cayó de rodillas frente al hombre y quedaron a la misma altura sus ojos. Neilad no dijo nada, solo vio morir al orco delante de él. Luego se dirigió donde estaba Glakh que sufría la agonía de la maldición de la espada de Lerouas. Su piel verde se llenaba de escamas negras y el orco no podía disimular su dolor. Zauner y Sugum llegaron y comenzaron a luchar contra los últimos orcos que defendían a su rey. Atrás todo el ejército de orcos y todo el ejército de humanos se mataban sin piedad pero notaron que la orden ya había llegado a donde estaba el rey orco. Neilad sostuvo en sus brazos al orco que estaba atravesado por la enorme espada.
-Mátame Neilad, concédeme la muerte que no me regalaste en el bosque bajo la lluvia. Quítame de este mundo al que no le agrado. -dijo el orco agonizando.
-No. -dijo Neilad.
-¿Acaso prefieres verme sufrir? Puedo entender eso…
El rey que estaba cerca y montado sobre su caballo se aproximó -Mata al orco Neilad o lo hare yo.  Ha peleado en forma justa. No merece sufrir en su último momento en esta tierra.
Neilad se puso de pie y sujetó la espada maldita con su mano derecha. La sangre del brazo herido chorreaba por la hoja de la espada y las púas del mango que habían matado al héroe humano se clavaban en su mano.
-Te has condenado humano estúpido te advertí de la empuñadura de la espada. Correrás el mismo destino que Lerouas. -Glakh escupió sangre.
La mano de Neilad comenzó a ponerse negra, pero el hombre no dejo de tirar de la espada. Neilad trataba de disimular el dolor que le causaba sostener al arma, pero no se detenía y la hoja iba saliendo del cuerpo del orco. Sostuvo ahora la espada con las dos manos y el anillo que llevaba en la mano izquierda hizo un pequeño destello. Mientras la espada salía del cuerpo del orco la mano de Neilad regresaba a su normalidad y también lo hacia la piel del orco que se había quedado mudo. Quizás fuera el antídoto que le había dado la ogra o el anillo cargado de amor de su mujer o el poder de su puro corazón, o todo junto pero Neilad de una forma u otra quitó la espada del cuerpo del orco que regresó a la normalidad sin dolor e incluso la herida del corte cicatrizo. Neilad lanzó la espada a un lado y cuando esta cayó y golpeó el suelo, se rompió como si estuviese hecha de cristal. La maldición de la espada había sido rota y ya no lastimaría a nadie más.
El rey que había visto todo desde su caballo, miró a Neilad y exclamó -¡Que soberbio eres hombre!

            Una de las flechas doradas de Azhalea voló hasta donde estaba el rey orco que se protegió detrás de su escudo. Los dos generales que quedaban con vida se refugiaban detrás de él. Betu contenía a los guerreros que se querían acercar a proteger al rey orco. La orden estaba ahora enfrentando a Murgthiz. Sugum y Zauner se tiraron contra él. Pero la habilidad del rey orco su fuerza y su destreza con la espada opacaba a todos los guerreros de Fenor. La espada de Sugum que antes le había cortado los dedos al dragón no podía superar al escudo que en otros tiempos había sido de Neilad, y que ahora Murgthiz había pintado de negro al igual que la espada, con brea. El escudo hecho del mismo material que la espada era después de todo indestructible y el peso que siempre detenía a Neilad y lo hacía verse lento al orco no parecía afectarlo. Con tal fuerza atacó Murgthiz que atravesó el escudo de Sugum. Grurdahara la espada indestructible no se detendría ante nada en las manos del orco. Zauner acertó un golpe contra el pecho del orco. Su armadura hecha por enanos lo protegió y tan imponente era el orco que no se doblego y cortó el pecho de Zauner con la espada. Una herida azul se hizo visible. Zauner retrocedió. El orco lanzó una carcajada. Sugum atacó pero Murgthiz se defendió con su espada y el arma de Sugum quedó destrozada. El orco se quitó a Sugum del medio con su escudo y lo lanzó contra unas rocas. Atacó de vuelta a Zauner y consiguió herirlo otra vez.
-Tengo en mis manos a Grurdahara el arma de un paladín, que no te extrañe si acaso te lastimo espectro. Con ella y con su escudo que detiene a los rayos de los dioses nadie podrá hacerme nada. No me ganaran en un duelo ni aun luchando todos juntos.- Gruñó Murgthiz mientras reía.
Rikenv, él solo, quería acabar con el rey orco de una vez. Beraza se lanzó contra el cargando el hacha de Tairan. Murgthiz esquivó el martillo del enano y lo pateó en la cabeza haciéndolo rodar por el piso. Su yelmo voló por los aires. Beraza golpeó con su hacha y Murgthiz se defendió con su escudo pintado con Brea. El sonido se escuchó en todo el campo de batalla. El rey orco no se detuvo y clavó la espada en el hombro de Beraza. Pero antes de que pudiera liquidarlo el sonido de las armas de los lobos de Gull zumbó en el aire. Y una de ellas se alojó en el brazo del rey orco donde las piezas de la armadura se unían y no estaba protegido. Sefit había llegado.

            Murgthiz quitó el arma de su brazo. Por primera vez esa noche sangraba. Faltaba poco para que amaneciese y como había dicho Glakh la batalla terminaría esa noche. Atrás los dos ejércitos contemplaban el duelo.
-Uno de los lobos de Gull. Tú debes de ser Sefit el asesino, el imbatible, el terror de orcos y humanos. He escuchado de ti incluso antes que de tu líder. ¿Qué haces al lado de ese hombre? Únete a mí como lo hicieron tus compañeros. Tú eres el mejor de ellos y sé que eres mejor guerrero que Neilad. Tu lugar es al lado mío Te daré riquezas y te daré poder. Serán tuyas las…
-Me importa una mierda lo que pienses, orco -el imbatible interrumpió al rey orco y luego escupió en el piso-. Confundes al pasado con el presente. Yo soy Sefit el protector de Lurand, Sefit el caballero de la orden del Gato Azul. Toda la noche he estado matando orcos. Y, si valoras tu vida, levantaras tu arma porque eres el próximo en mi cuenta personal -Sefit desenvaino su arma y atacó al orco.
Murgthiz interpuso su escudo, pero el imbatible sabia que de nada servía golpear un escudo indestructible. Él era capaz de cambiar la dirección de sus golpes mientras estaba en el aire su espada. Poseía un control completo de sus movimientos, que estudiaba todo el tiempo. El hombre no hacía más que practicar con su espada desde la mañana hasta el anochecer. Nada más sabía hacer que manejar esa espada, esa única espada. Y como el rey orco había dicho era mejor guerrero que Neilad. En cada ataque que hacía y que Murgthiz lo enfrentaba con su escudo o su espada pintados con brea Sefit detenía su espada para no tener que enfrentarla a la dureza extrema del metal sagrado. Ningún nombre llevaba su espada. Ningún poder mágico poseía. Y podía ser que estuviese forjada de una manera excelente pero no era ciertamente indestructible. Y algo que no advirtió Murgthiz es que no era a la espada de Sefit a quien debía temer sino a su gran habilidad con ella. El hombre siguió atacando buscando algún punto débil. Pero la armadura negra del orco era impenetrable y el guerrero no iba a permitir que el imbatible lo alcanzase con un golpe pleno.  El pesado escudo que a Neilad lo volvía lento y le hacía perder en gran parte su habilidad no afectaba para nada al orco. Y la velocidad que alcanzaba la espada hacia que la misma se convirtiese incluso en un arma afilada. Sefit lanzó entonces una estocada hacia el yelmo del orco que estaba adosado a la armadura. La espada del imbatible entró por el visor del yelmo y cortó la cara del orco. Murgthiz gritó pero sabía que el hombre estaba cerca y lanzó un golpe que dio de pleno en el pecho de Sefit haciéndole un corte. El orco se cubrió con su escudo y retrocedió.
-Maldito hombre me has dejado tuerto -Sefit miró su pecho y vio la herida, comenzaba a perder sangre. El orco seguía gruñendo y se quitó el yelmo porque la sangre no le permitía ver nada. Se limpió la cara y tiró el yelmo al suelo. La horrenda cara del rey orco ahora desfigurado inspiraba terror. Sefit sonrió.
El orco se tiró sobre el blandiendo a Grurdahara pero el imbatible lo esquivó y contraatacó. Dirigió su golpe hacia una de las piernas y rápidamente el orco se defendió con su escudo inclinándose hacia adelante. Pero Sefit cambio la dirección de su golpe con gran velocidad y volvió a levantar la espada que esta vez podía golpear a algo. La espada bajó como si quisiera clavarla en el suelo y entró por la garganta del rey orco, y siguió bajando hasta que le atravesó las entrañas. Sefit quitó la espada del cuerpo del rey orco que dio un paso hacia atrás mientas la sangre brotaba de su cuello. De repente la espada y el escudo de Neilad se volvieron demasiado pesados para que pudiera sostenerlos y los soltó. Sefit volvió a levantar su espada y realizó el golpe final. El movimiento casi no pudo verse y el aire silbó. El orco dio otro paso hacia atrás y el peto de su armadura negra se dividió en dos. En el torso desnudo del orco pudo verse el tajo que abarcaba todo su cuerpo y las entrañas destruidas estaban expuestas. Murgthiz dio un último grito seco y murió. Sefit volvió a agitar su espada quitando la sangre de su hoja y la envaino en su espalda. Finalmente el rey orco había muerto y los hombres que habían estado viendo se sintieron revitalizados. Las espadas y las lanzas de Fenor se alzaron una vez más para terminar con la lucha aun cuando eran superados en número.

Los dos Glansh que todavía vivían escaparon hacia las montañas montados en lobos mientras los soldados de Fenor peleaban contra los orcos que ahora sin líderes habían perdido formación. Los gritos de victoria retumbaban entre los hombres cubiertos de heridas y sangre orca y humana. Las tropas orcas no pudieron resistir en la lucha completamente desanimados e intentaron escapar pero fueron perseguidos por los hombres hasta que ninguno quedó con vida. De los veinte mil orcos que habían pisado el suelo de Fenor solo unos pocos habían conseguido escapar hacia las montañas. La fortaleza de Fenor había sido destruida y del ejército del rey Urael solo mil hombres quedaban con vida. Habían ganado pero el precio había sido muy alto, aun así habían ganado.

Neilad levantó su espada y su escudo del suelo donde estaban cerca del cadáver del rey orco. Luego se acercó al rey Urael. Y le entregó la espada cantante de Fenor.
-Gracias Rey Urael por permitirme usarla, es una gran espada, pero aun así prefiero volver a usar la mía que es lenta y desafilada, pero que ha sido un regalo de mi querido maestro. -Neilad levantó su espada nuevamente.
-Prefiero que tu espada Grurdahara terror de los orcos este en tus manos hombre y no en las del difunto rey orco. Pero lamento el saber que nunca más volveré a escuchar el canto de la espada de Fenor. ¿Quién más que tu podría hacerla cantar?, que eres el mejor espadachín del reino.
-Si dicen eso es porque nunca he tenido que enfrentar a Sefit, el imbatible, rey Urael.

Sefit que estaba detrás de él aclaró -Lo que sea por ti amigo, mientras no brindemos por nuestro triunfo con esa asquerosa hidromiel.