lunes, 19 de mayo de 2014

18 - La indestructible espada de las estrellas brilla otra vez

Fortaleza de Fenor.
Día 14 del cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.


La alegría y la tristeza se mezclaban en la cara de los soldados de Fenor que habían podido sobrevivir. Su tierra y castillo habían sido devastados y la mayoría de sus hermanos y amigos habían muerto. Pero aquellos que sobrevivieron a la batalla jamás la olvidarían, así como a la canción de la espada. Shires de Montevid salió de entre los sobrevivientes cargando el cuerpo sin vida de Niguarn el joven, de Niguarn el Valiente. Y lo dejó a los pies del rey.
-Hemos perdido a buenos hombres hoy, a demasiados de ellos mi rey. -El último general con vida del ejército de Fenor lloró –Mi nieta está muriendo permítame ir con ella rey.
-Me has cumplido como siempre Shires viejo amigo. Ve donde tu nieta, Fenor le debe su victoria a ella. -El rey sujetó a Shires por los hombros con ambas manos.
Shires montó sobre su caballo negro y partió hacia el castillo.

            Sobre la plataforma detrás del cadáver del rey orco la orden estaba reunida una vez más. Solo faltaban Serotonino y Verokai. Azhalea había sido herida en su brazo derecho mientas blandía la espada dorada de su padre contra los orcos. Maz llevaba una venda improvisada sobre su pierna que sangraba. Sugum el guardián tenía su escudo y espada destruidos y su armadura agujereada en muchos lugares pero permanecía erguido e inamovible como siempre. La cabeza de Rikenv estaba lastimada pero no le preocupaba porque sabía que no se podía romper. Beraza sujetaba su hombro lastimado. Neilad tenía los antebrazos cortados. Sefit tenía el corte del pecho que el rey orco le había regalado y su hombro vendado desde la pelea con el jefe de los lobos de Gull. Betu había sido golpeado varias veces y su jubón blanco estaba cubierto de su sangre, pero mas era la sangre de sus enemigos. Incluso Zauner el no-muerto había sido herido con las armas sagradas de Neilad. El gato se acercó a ellos. El sol comenzaba a emerger por el horizonte.
Zauner retrocedió -La luz del día ilumina ahora la tierra de Fenor. Debo irme Neilad. Que lo que hoy he hecho disculpe todo lo demás que haré. -Cuando los primeros rayos del alba tocaron a Zauner el espectro comenzó a desvanecerse y se convirtió en polvo que el viento arrastró y esparció por los campos del reino.
Neilad vio como el no-muerto desaparecía -Nos volveremos a ver en el bosque de piedra Zauner. -La risa fantasmagórica de Zauner retumbó en la tierra y lentamente se apagó.
El elahara se aproximo a Neilad -¿Qué haremos ahora?
-Primero debemos ir por Serotonino y por Verokai. -dijo el hombre seriamente.
Glakh que estaba sentado sobre una de las rocas grises y celestes pregunto -¿Y qué hare yo? Soy un orco en tierra de hombres, ¿Por qué me salvaste Neilad?
-Por ahora tu solo me seguirás Glakh. Tengo que solucionar algunas cosas antes de atenderte a ti. -Toda la orden fue hacia la fortaleza a reencontrarse con sus amigos caídos. Antes de entrar Rikenv fue donde estaba el dragón caído y le quitó varias escamas.
-¿Qué haces? -pregunto Maz.
-Ya verás hombre impaciente.

            La enfermería del castillo era el peor lugar para estar. Los cuerpos desparramados de los soldados mutilados estaban distribuíos por todas las salas y el espacio no alcanzaba. Serotonino y Guy estaban en literas contiguas y el cuerpo momificado y sin vida de Verokai sobre una próxima a ellos. Shires de Montevid estaba sentado junto a su nieta que permanecía inconsciente. La mayor parte de sus huesos estaban rotos había sido entablillada y vendada. Serotonino todavía tenía las dos flechas clavadas en su pecho. Y se alegró al ver a Neilad que cargaba su bolso con pociones.
Azhalea le dijo a Neilad al oído. -No tengo más magia Neilad la he usado toda en ti. Necesito recuperar mis fuerzas. Lo poco que puedo hacer lo haré. Pero no puedo salvarles yo sola.
-Mientras estaba inconsciente escuche tu voz que cantaba una canción. Si puedes tan solo volver a cantarla hoy salvaras la vida de muchos de estos hombres. Yo me encargare de Serotonino y Guy.
La elfa comenzó a cantar la canción que antes había cantado para Neilad. Y el dolor de los hombres cesó mientras su música aliviaba sus cuerpos heridos. Neilad usó sus pociones en las heridas de Serotonino purificándolas.
-Maestro… -dijo el semielfo- está bien si muero hoy, he hecho suficiente como para estar satisfecho en esta vida. No gastes tus esfuerzos en mí y salva a la joven humana que no tiene la suerte de haber tenido la larga vida que yo he tenido. Deja que pueda disfrutar una vez más del sol -Serotonino tosía sangre-. Me han contado de lo que ha hecho.
Neilad miró al Gato Azul -¿Por qué es que están todos tan apurados en morir hoy? -Luego le dio un brebaje a Serotonino–. Esto es algo que aliviara tu dolor, tómalo -El mago lo hizo y cayó adormecido-. A ver si ahora te callas de una vez.  
El elahara sacó las flechas del pecho del mago y vendó las heridas. Luego fue a ver a Guy.
Shires se levantó -¿Hay algo que puedas hacer por ella? ¿O algo que puedo hacer la elfa?
-Me temo que no. Solo puedo aliviar su dolor un tiempo pero ni Azhalea ni yo podemos en este momento recomponer el cuerpo destruido de ella. Pero no es bueno que personas con tanta pasión mueran. Si me permites llevarla al palacio de plata la magia de sus piedras y del bosque de Lurand quizás hagan algo por ella -Neilad le dio el mismo brebaje a Guy y se aseguró que lo bebiera-. Yo ya he hecho mi parte.
-Los escoltare a su palacio, guerreros de la orden del Gato azul. Lamento la muerte de su compañera. Me encargare que regrese a su tierra en el mejor de los ataúdes. Todos los honores para ustedes valientes criaturas y para su heroica guerrera que dio su vida para salvar a los guerreros de Fenor. Sus compañeros serán atendidos. Y gracias por darme esperanza joven.
Neilad agradeció con la cabeza. Los caballeros de la orden fueron atendidos por los enfermeros del rey y se les dio comida. Todos en el reino celebraban con lo que había quedado en las bodegas y descartaron los alimentos del día anterior que habían sido envenenados por los lobos de Gull y sacaron lo que tenían en las despensas y almacenes del castillo. Pero la celebración no duró mucho pues los cuerpos de los muertos que estaban esparcidos por todos los campos de Fenor debían de ser levantados. Les tomó toda la tarde juntar a todos los orcos en varias pilas. Todos los soldados de Fenor fueron separados e incluso los tres orcos que habían peleado por Fenor fueron llevados con ellos. El rey cumplía con su palabra y realmente estaban siendo juzgados por sus actos después de que Neilad les había conseguido el perdón. Eran ahora nuevos héroes de Fenor. Los cuerpos de Nuel el campeón de los hombres y Niguarn el valiente fueron colocados en ataúdes especiales y también hicieron uno para Verokai. Los mejores artesanos del lugar entre ellos muchos de los peregrinos ayudaron a crear uno muy hermoso aunque sumamente triste. Era completamente negro y con detalles en la más fina plata que habían conseguido. Una esmeralda adornaba la cabecera y también llevaba incrustadas dos piedras más una gris y otra azul de la fortaleza de Fenor. La noche estaba llegando.

Maz preparó nuevamente la nave en la que él Verokai y Serotonino habían llegado. Subieron con camillas a Serotonino y a Guy a ella. El ataúd de Verokai los acompañó. El rey les regaló a la orden todo lo que podían llevar en la pequeña nave en la que habían llegado y se encargó de que fueran escoltados por Shires que pidió permiso para seguir a su nieta. El general viajó en su propia embarcación acompañado de varios soldados. Uno de los embajadores de Denjiia, el señor Tinmaen lo acompañó para conocer al misterioso Palacio de Plata. Los enanos y Maz llevaron cuanto pudieron de las bodegas del rey de Fenor que con gusto cedió sus mejores vinos. Maz apareció cargado de recipientes hechos con cuernos ahuecados.
-¡Te he conseguido hidromiel Neilad!
-Bien, solo no me digas si es que la has robado.
-No, no. Ha sido un obsequio del rey. Eso le ha quitado un poco la gracia lógicamente pero te la he conseguido igual. El rey Urael hasta me obsequio el caballo de pelaje dorado en el que monte en la batalla. Creo que le pondré de nombre “Moneda”.- El ladrón subió el caballo a la nave que estaba ahora prácticamente repleta. Los enanos, Betu y Azhalea contemplaron el cuerpo de Verokai que ahora había sido vestido con ropas ceremoniales blancas. Su armadura de placas y finas ropas de encajes habían sido destruidas casi en su totalidad pero habían sido colocadas sobre el ataúd junto con su espada oscura con antiguas runas grabadas- Falta que subas tu, Nes, Brura y el señor gato, Neilad. Y el orco si es que lo desea. -Glakh seguía a Neilad como él le había indicado.
-Subiré Maz pero no viajare con ustedes, todavía falta algo más que hacer. -Neilad caminó por la pasarela hasta llegar a la nave.
-¿Te refieres a los orcos que escaparon a las montañas?, eso puede hacerlo el rey Urael y el resto de los soldados. -El ladrón miró extrañado al hombre de blanco.
-Quizás pero tengo de asegurarme de recuperar los huevos de la ogra. No podemos permitir que sigan en manos de los orcos. No me gustaría mañana enterarme que unos nuevos orcos que tiran rayos por los dedos van por ahí devastando todo. Además… se lo prometí a la ogra.
-Te partiré el mazo en la cabeza si es que hablas en serio hombre. -Rikenv enrojeció aún más- ¿No pensaras realmente cumplir con la promesa que le hiciste a la ogra?
-Neilad, la ogra nos traiciono y te entregó a los orcos. Ya suficiente tenemos con este orco de aquí, ahora todavía te sientes en deuda con ese monstruo. Cada día que te conozco te entiendo menos. -Beraza estaba también irritado y movía su pipa de un lado a otro violentamente y el tabaco caía de ella.
-Como han dicho, bastante tenemos con Glakh -Neilad hizo una pausa-. La ogra hizo lo que hizo para defender a sus hijos. No puedo ponerme en su lugar ya que no tengo yo hijos pero no me gustaría saber que se siente. Y sin el antídoto que me dio hubiera muerto en el bosque aun antes de que me encontrasen por la daga maldita del rey orco. Tampoco los lastimó a ustedes cuando pudo hacerlo. Y si, Glakh fue quien la extorsiono y sin embargo al final de la batalla fue por él que pude vencer a Mur-hr. Y fueron sus ideas y sus conocimientos los que nos dieron la ventaja. Como él mismo dijo: cosas extrañas suceden en el campo de batalla. La ogra no es más culpable de todo esto que los enanos que fueron torturados por los orcos para hacer sus armaduras. Y díganme Rikenv y Beraza, ¿No prometieron ustedes ayudar a la ogra? ¿O acaso son ustedes los primeros enanos de la historia en faltar a una promesa?
Rikenv se rascó la cabeza. Luego gruñó un poco. Luego señaló a Neilad con un dedo. Abrió la boca pero no dijo nada. Luego se acaricio la barba y finalmente dijo -Maldito hombre no iras por los orcos sin que yo te acompañe.
-Por supuesto yo también iré.- dijo Beraza y largó una bocanada de humo.
-Terminaremos la aventura juntos, Neilad.- La elfa se acomodó la espada en su cinturón.
Neilad miró a Glakh -Eres libre de hacer lo que desees, orco. Pero allá en la guarida del rey orco tú mejor que nadie sabrás guiarnos. Y agradecería tu compañía. ¿Deseas acompañarnos?
Glakh se levantó del suelo de la orilla del río en la que se había sentado. Shires de Montevid ya había cargado su embarcación con lo que necesitaba y estaba listo para partir. Las muchas pilas de cuerpos de orcos a la distancia comenzaron a arder como una gran antorcha de muerte. El orco no dijo nada y luego se quitó la armadura que había sido abierta por la espada maldita que portaba Mur-hr. Tiró de dos cintas de cuero y la armadura cayó al piso. Luego miró donde debería estar la herida de la espada. La orden lo miraba esperando su respuesta. Rara vez un orco se presenta con el torso desnudo. La piel verde y el rostro duro de Glakh eran difíciles de leer. Sus brazos largos y musculosos estaban cubiertos de cicatrices de las muchas batallas que habían peleado. Ninguno sabía cuántos años tendría ese orco o en cuantas matanzas había participado o que tan larga seria la lista de sus pecados.
-Te he hecho una pregunta orco.
-Te he escuchado hombre. He sobrevivido a la única batalla que no debí sobrevivir. He estado pensando todo el día en que debo hacer. Y en por qué me salvaste. Y pienso que me has castigado por mis actos contra tu raza. En todos mis años de guerra nunca había experimentado la paz, como cuando tú amiga elfa cantó. Y nunca alguien había arriesgado su vida para salvarme tan estúpidamente como lo hiciste tu. Y ahora ni siquiera puedo usar la armadura que han forjado los enanos que Murgthiz torturó para crearlas. No puedo decir que me arrepiento ya que no conozco ese sentimiento. Pero desde que quitaste la espada de mi cuerpo ya no soy el mismo. Ya no puedo seguir haciendo lo que mejor hago. No me siento bien. No puedo perdonarte este castigo, me has dejado sin hogar y sin causa. Extranjero en este mundo.
El gato caminó por la baranda de la nave con gran desagrado ya que se movía demasiado -Neilad siempre ha sido difícil de entender, por lo menos por ustedes…-El gato pensó que palabra usar y eligió- bípedos. Pero yo que lo conozco más que nadie te diré que no te ha castigado aunque ahora así lo sientas. Y sé qué lo empujó a salvarte. Y sé también que su retorcido sentido de la justicia no permitiría que actuase de otra forma.
-Pues tendrás que decirme porque lo ha hecho.
-A su debido tiempo contestare tus preguntas, ahora quiero saber si nos guiaras hasta allá y dentro de la guarida.
-Si lo hare y peleare con mis propias garras si hace falta y con mi torso desnudo. -Gruñó el orco.
-Bien entonces partamos hacia allá. Le pediremos a Shires que nos preste sus mejores caballos para que tú y los enanos puedan ir lo más rápido posible.
-Ninguno de nosotros jamás ha montado en ese animal alguna vez, Neilad. –dijo Beraza.
-Aprenderán -Neilad volvió a bajar de la pasarela. La noche ya había llegado otra vez y estaba todo listo para partir. Sugum camino junto a Neilad, pero el hombre apoyó su mano en el pecho de la criatura-. Gracias amigo pero ya has hecho suficiente. Te estoy eternamente agradecido y a las hadas del bosque por traerte a salvarme. Diles a ellas eso. Necesitamos viajar rápido hasta allá y tu lugar es en palacio de plata que ahora ha quedado abandonado. -La criatura se detuvo.

Sefit roncaba, y abajo en la orilla ya todos estaban es sus caballos. Shires había hecho que bajasen a los animales más fuertes que tenia. Tres caballos grises de piernas anchas y musculosas le fueron entregados al grupo. Los enanos y el orco torpemente subieron a ellos tratando de mantener el equilibrio pero rápidamente se adaptaron. Como el hombro de Beraza había sido lastimado el gato azul decidió viajar sobre los hombros de Rikenv el cual no estaba muy entusiasmado de que el gato se le subiese encima. Rikenv se movía hacia todos lados tratando de acomodarse y el gato clavaba sus garras en el hombro del enano para no caerse.
El gato azul miró el cielo -Ya es de noche otra vez Neilad, te olvidas de algo.
-Tienes razón gato, últimamente no sé dónde tengo la cabeza -El hombre bajó de su montura y desenvaino su espada que había limpiado con sus aceites y pomadas especiales y ahora relucía más que nunca al igual que su escudo. Corrió hasta la nave otra vez y llegó a cubierta blandiendo su espada mientras todos observaban sin entender nada. Neilad levantó la tapa del ataúd de Verokai. La hermosa Verokai ahora convertida en una momia seca descansaba en un atuendo blanco. Neilad puso la palma de su mano mirando a las estrellas y con su espada se cortó. Luego apretó su puño y la sangre comenzó a caer. Varias gotas cayeron y se convirtieron en un una mancha roja sobre el cadáver. Pero el cuerpo de la elfa las absorbió. Un tiempo estuvo el hombre sosteniendo su puño ensangrentado sobre el cuerpo de su amiga. Los tejidos de Verokai comenzaron a regenerarse hasta que su rostro volvió a ser tan blanco como siempre y el rojo de sus labios se encendió otra vez. Su larga cabellera negra retomó su volumen y sus puntas volvieron al color del fuego. Y para sorpresa de muchos la elfa resucitó. Y se sentó en su ataúd. Nadie podía decir nada.
La elfa miró a Neilad y sonrió y él le devolvió la sonrisa. Luego ella acaricio la cara del hombre -Gracias, sabía que entenderías -La elfa miro su ataúd-. Mmm... Esto es nuevo. Está bastante bien hecho aunque no me gusta la ropa con la que me han vestido, el blanco irá bien en la niña Azhalea pero no es un color que me favorece.
-El ataúd ha sido un regalo de Fenor y de Shires de Montevid el abuelo de la joven que ahí descansa, ya que te daban por muerta. -Neilad se sostuvo la mano cortada.
La elfa soltó una carcajada aterradora -¿Cuándo aprenderán que soy Verokai “LA INMORTAL”? -Y luego siguió riendo- Ahora Neilad, quita tu mano ensangrentada de mi nuevo ataúd, no me gusta llevar comida a la cama.

Neilad sonrió -Ahora si podemos partir.