lunes, 2 de junio de 2014

20 - El gran banquete

Bosque Viejo, Fenor.
Día 16 del cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.


            -¿Quién es? -preguntó extrañada la amargada ogra que había escuchado llamar a la puerta de su choza.
-Soy Neilad y me acompañan mis amigos nuevamente. Hemos cumplido con nuestra promesa. -se escuchó del otro lado de la puerta.
La ogra abrió la puerta y se encontró con Neilad que sostenía a sus dos hijos que todavía no eclosionaban. Detrás de él estaban los enanos y la elfa que antes habían llegado a su puerta junto con el peculiar gato azul. También notó la presencia de Glakh. La ogra primero sonrío y después tomó una vara que estaba detrás de su puerta.
-Ese maldito orco es quien robo mis hijos. Pagaras ahora lo que has hecho. –gritaba mientras mantenía en alto la vara.
El hombre elevó la voz  -Ya no morirá nadie más. La guerra se ha acabado.
-Tú no entiendes hombre.
-¿Que no entiendo? ¿No fuiste tú quien me envenenó, a mí y a mis amigos? Por tu culpa caí yo prisionero de él. Pero estoy aquí de todas formas y cumplí con la promesa que te hice. Aquí están tus dos hijos. No se te ha hecho más daño que la angustia que has sufrido estos días, que por mucho que sea no se compara con la de los hombres y mujeres de Fenor o los enanos de Muran. Si yo he encontrado la manera de perdonarte has tú también el esfuerzo. La verdad es mucho más grande de lo que solemos conocer aunque hayas vivido cientos de años.
-Abusas de tu carismática presencia Neilad. No todo lo solucionaras con palabras o con tu encantadora sonrisa. Y no todos tenemos ganas de perdonar -La bruja tomó a los dos huevos moteados y se los llevó dentro de la choza mientras caían lágrimas por sus mejillas-. Pasen si lo desean, pero que el orco que se quede afuera. Ya me explicaran dentro que sucedió.
Gudhlrash Gaga depositó los huevos en una cesta cerca de la chimenea de piedra y secó sus mejillas. Luego sonrió a Neilad y a todos los presentes -Estoy muy arrepentida de lo que hice. Pero no tuve opción, se habían llevado a mis hijos y estaba desesperada.
-Nos has hecho pasar un mal momento bruja. Pero aun así Neilad nos convenció de traerte de vuelta a tus hijos. -dijo Rikenv enojado.
-Y les estoy muy agradecida por ello.
-Hemos hecho uso de tus regalos. Y debo decir que nos han sido de gran ayuda. Es posible que me haya salvado la vida el antídoto que me diste, en más de una vez en batalla. -El hombre apoyó las manos sobre el lugar donde estaría la cicatriz de la daga de Murgthiz. Y luego se vio las palmas de las manos.
-Los anillos también han resultado muy útiles y también el amuleto que le regalaste a Azhalea. -dijo Beraza que estaba fumando es su pipa.
-Me alegro que todo haya resultado bien.
-Las cosas no han resultado bien para nada, bruja. Pero nada podías hacer tú para cambiar el curso de ellas. Cuando una guerra se desata pervierte a todo lo que alcanza. Todos aquellos que queden atrapados en ella serán victimas del horror y eventualmente se convertirán en victimarios. Solo agradezco haber permanecido con vida así como mis compañeros. La muerte del rey orco solo le da espacio para que algún otro monstruo tome su lugar. Pero cuando eso suceda al menos yo ya sé cuál será mi lugar. Y espero que entonces estés tu del mío Gudhlrash Gaga.
-Me inclino ante ustedes. Me has dejado sin nada que decir. A pesar de ser tan joven has dejado sin palabras a una ogra bicentenaria. -La ogra reverenció al hombre y a sus compañeros.
-Hemos cumplido y ahora nos iremos de aquí. Necesitamos llegar al gran palacio de plata cuanto antes. -El hombre apoyó su mano sobre la empuñadura de la espada cuya punta descansaba en el piso.
-Antes de eso Neilad ven que te diré al oído como es que se hace el antídoto que te di. No necesitaras magia alguna para hacerlo. -El hombre se acercó a la ogra y ella murmuró varias palabras a su oído. Neilad sonrió.
-Jamás lo hubiera imaginado bruja. Pero es bueno saberlo. Me despido y será hasta pronto.

            Cuando estuvieron fuera todos montaron en sus caballos una vez más. Azhalea volvió a sujetar el amuleto y se desvanecieron. Esta vez viajarían al gran palacio de plata. Era cerca del medio día y estaban muy lejos de donde habían despertado esa mañana. A Glakh le dolían los ojos de ver los muros plateados y las flores coloridas del lugar. Todo eso era algo tenebroso para él que prefería lo oscuro y apagado. Pero a pesar de todo lo que le desagradase como se veía el lugar no podía negar que el calor que emanaba el gran palacio de plata también lo curaba a él. Y sus heridas se sentían sanar por la magia de las piedras del bosque sagrado de Lurand. Neilad levantó su mirada y vio hacia el río. A lo lejos llegaban los dos barcos que habían salido de Fenor hacia el palacio de plata. Todos estarían juntos una vez más.

            El gran Sugum guardián fue el primero en bajar. Los enanos ayudaron a bajar el ataúd donde estaba Verokai. Betu y Maz llevaron la camilla en la que estaba Serotonino y Neilad y Sefit la de Guy de Montevid que todavía estaba inconsciente. Cuando todos estuvieron abajo se les unió Shires de Montevid, el embajador de Denjiia y los hombres del general de Fenor. Todos admiraban la belleza del lugar. Se asombraron de ver a Neilad y al resto de los guerreros pero él les explicó del amuleto y de lo que había sucedido. Mientras todos se acomodaban en el palacio de plata Beraza y Rikenv se llevaron las escamas que el enano de barba rojiza había quitado del dragón y se escondieron de los demás. Sugum con su escudo roto y su espada mellada estaba parado en la entrada del palacio como siempre lo hacía. Azhalea se descalzó y limpio sus pies parada dentro de la orilla del río grande. Se sintió reconfortada y aliviada. Y en la distancia distinguió algo que había olvidado, a la familia del pescador que hacía una semana atrás había invitado al palacio. El lugar posiblemente estaba peor que antes y aunque Sugum en la ausencia de los demás se había encargado de hacer desaparecer a los cuerpos de los orcos que ahí habían muerto, los vidrios de las ventanas del palacio estaban destrozados por el ataque de Glansh-Glugarth. Pero la elfa se puso feliz de ver a los niños otra vez. Y detrás de la familia del pescador que traía a su esposa e hijos junto con muchos pescados que prepararían esa misma tarde, venia todo el pueblo de Lurand que se había enterado de la batalla en la fortaleza de Fenor de alguna forma. Maz que disfrutaba más que nadie de las fiestas se encargó de organizar un gran festín con todo lo que le habían traído y gran parte de lo que le había regalado el Rey Urael de Fenor. Todos los aldeanos ayudaron a llevar las mesas fuera. Ahí colocaron la comida que habían traído y todos ayudaron a cocinar los pescados y todo lo que pudieron. Durante horas todos festejaron y comieron hasta que sus estómagos se hincharon. Maz y Sefit cantaban canciones de victoria. Y hasta el embajador de Denjiia se unió a ellos en el festejo. La fiesta se extendió hasta la noche y todos siguieron brindando por cuanto pudieron.

            Cuando Guy de Montevid abrió los ojos fue el pálido rostro de Verokai lo primero que vio -Si estoy donde tu estas es porque he muerto. Te vi morir en batalla en la peor de las muertes con todos tus huesos triturados por los garrotazos de los orcos.
Verokai lanzó una carcajada que retumbó en la habitación -Ya te he dicho que soy inmortal querida. Los garrotazos de los orcos me han dolido pero he tenido peores muertes que esa y aun estoy aquí. Estas en el Palacio de Plata.
Shires se aproximó y abrazó a su nieta -Mataste al dragón querida y salvaste a Fenor.
-Es cierto y debo decir que eso me ha impresionado -Neilad miraba la fiesta que afuera todavía hacia bullicio en la silenciosa noche del bosque-. Vendré en breve debo ir ahora a ver a Serotonino que posiblemente también este despertando.
-¿Cómo es que casi no siento dolor? Sé que el golpe que me tumbó al suelo podría haberme matado. -preguntó la joven.
-Es la magia del Palacio de Plata lo que te ha salvado, joven. No sé que poseen estas preciosas piedras plateadas que hacen que sane el alma y el cuerpo pero siempre ha estado aquí. Este lugar es misterioso hasta para mí y hace un año que vivo en él. No podría explicarte, solo sé que está aquí. Y que hoy te ha salvado. Volveré a hablar contigo más tarde ahora solo puedo decirte que me alegro de que hayas sobrevivido al horror de la batalla de Fenor. Haré que te traigan comida, no te aconsejo que te levantes todavía.
-Gracias Neilad. -dijo Guy de Montevid.
-No me agradezcas a mí. Fue Sugum quien te defendió cuando caíste y Maz quien te rescató. Fue toda la orden la que te trajo hasta aquí. Y fue este maravilloso lugar el que curó tus heridas.
-Aun así, gracias.
Neilad no dijo mas y saludo inclinando su cabeza, luego abandonó la habitación y se dirigió donde estaba Serotonino. En el pasillo que conectaba las habitaciones estaba Glakh.
-¿Qué haces aquí Glakh?
-No me siento cómodo abajo Neilad. Los hombres me miran con desprecio y no los culpo. No encajo aquí. Aunque te agradezco la oportunidad que me distes de conocer esto.
-Es lógico que te miren con desprecio. Nunca esperé que el pueblo de Lurand abrace tu presencia. Pero no te preocupes que encontrare un lugar para ti donde te sentirás cómodo. Pero todavía no es tiempo -Neilad abrió una de las puertas del pasillo-. Sé que los orcos no entienden lo que es una habitación para descansar y que posiblemente todo aquí te parezca horrendo pero puedes descansar aquí. Y si te es más cómodo puedes dormir en el suelo aunque te aconsejo hacerlo en la cama.
-No todo me parece tan horrible como piensas Neilad. Al principio lo fue, pero ahora es diferente.
-Te creo. Descansa Glakh. Hoy ha sido un día difícil para todos. Y el mío todavía no ha terminado.
El hombre dejó al orco en la habitación y fue nuevamente a ver al mago rojo. Serotonino estaba sentado sobre la cama. Y aunque todavía respiraba con dificultad ya no corría peligro de morir.
-Gracias maestro.
-No tienes nada que agradecer amigo. No sabía que poseías un poder tal. La criatura que invocaste ha resultado increíble.
-Es la luna llena. Mis poderes están al máximo cuando la luna está llena ya que mi magia es la de la ilusión y la de los sueños. Es la luna la dueña de la noche y en su presencia mi poder se intensifica.
Neilad sonrió -Lo tendré en cuenta entonces. Sanaras mucho antes de lo que piensas pero ahora descansa tú también.
-Repondré mis fuerzas maestro.
-Eso espero. Que descanses.
Neilad salió de la habitación y fue donde estaba la joven soldado de Fenor. Las puertas se abrieron. Shires hablaba con su nieta y estaba feliz de verla bien.
-Neilad, te dejaré solo con ella para que hables como me lo has pedido antes. Agradezco todo lo que has hecho. -El hombre se inclinó saludando al paladín. Neilad repitió el gesto. Y luego se quedó a solas con Guy que todavía estaba sentada en su cama. Un plato con comida de donde ella había estado comiendo estaba sobre las sabanas. La joven se acomodo en la cama, busco una servilleta pero no la encontró, así que chupó sus dedos para limpiar su mano.
-¿Qué deseabas hablar conmigo primer caballero de la orden del Gato Azul?
El hombre se aproximó a una silla que estaba cubierta por una tela. Algo había sobre la silla pero Guy no podía adivinar lo que era -Tu pasión en batalla es abrumadora mujer. Aun con tu frágil cuerpo de mujer has enfrentado a la más feroz de las criaturas. Y mientras otros escapaban con terror del fuego de la bestia tú te arrojaste hacia ella arriesgando todo. -Neilad decía seriamente estas palabras.
Guy miró al hombre un poco ofendida porque le había dicho mujer frágil, aunque Neilad no lo dijese como un insulto -Es lo que debía hacerse.
-El valor y la estupidez no están tan lejos una de otra.
-No dejes que tus pensamientos entorpezca a tu voluntad. -dijo la orgullosa Guy de Montevid.
Neilad rió fuertemente  -Nunca lo hago joven guerrera de Fenor. Pero a veces es difícil. Yo tengo a mi espada indestructible y a mi escudo sagrado para enfrentar a los monstruos y a mis enemigos. Pero fuera de eso mi cuerpo es tan frágil como el de cualquier otro hombre. Y tan vulnerable al veneno y a la magia como lo es el tuyo. Los humanos somos una raza débil comparada a otras.
-No tenías a tu escudo o a tu espada cuando enfrentaste a los orcos en batalla y aun así lo hiciste. ¿Te sorprende acaso que yo lo haga? ¿Crees que solo tú puedes hacer esas cosas?
-Es cierto lo que dices: no contaba con mis armas en la batalla. Y no, no creo que yo solo pueda. Pero lamentablemente si me sorprende a veces. Y aunque esta vez yo no portase mis armas siempre prefiero hacerlo porque de otra manera no podría hacer muchas cosas que hago. Es por eso que tengo algo para darte y algo que proponerte.
-Dime.
-Los enanos han hacho esto para ti. Me han dicho que esta sin terminar y que deberán hacerle muchos ajustes pero que deseaban que igual la vieses y que cuando pudieses te la probases -El hombre quitó la tela que cubría a la silla y sobre ella se encontraba una armadura hecha con las escamas del dragón que ella había matado. Las escamas colocadas a modo de placas protegían el cuerpo. Las hombreras eran de metal oscuro al igual que la protección de las piernas y brazos. Una túnica celeste y gris del color de Fenor había sido colocada detrás para que con ella se vistiese por debajo de la armadura. Neilad aproximó una lanza y la acercó a la armadura-. Los enanos temen a los dragones que acostumbran meterse en sus minas y cuevas y comérselos. Ha sido algo especial para ellos verte matar al dragón. Con sus escamas han hecho esta armadura para que la uses. Tu cuerpo ya no será tan frágil como antes. Ellas permitirán absorber en parte la magia de tus enemigos y resisten muy bien el calor y el frío. No existen muchas iguales puedo asegurarte eso. Y la punta de la lanza que tengo en mis manos es la de la lanza que usaste para matar al dragón. Algo extraño sucede con el metal que toca la sangre de los dragones. Beraza pensó que sería buena idea mejorar la lanza que usaste y cambió el bastón que lleva la punta. Esta ahora perfectamente equilibrado y reforzado con metal. Pensarás que por eso es más pesada pero no es así.
-Gracias -Guy miraba emocionada las armas-. No sé qué decir -Observó nuevamente la armadura y notó que bajo el hombro derecho estaba colocado el emblema de La orden con el Gato Azul marcado y pintado con esmaltes azulados-. Esa armadura, Neilad, lleva el sello de tu orden.
-Sí. Deseo que te nos unas. No eres fuerte como Beraza ni veloz como Verokai. Pero tu pasión y tu entrega no tienen comparación. Y estas invitada a formar parte de la orden cuando lo desees. Supongo que el rey de Fenor no querrá perderte pero aun así, deseo que te nos unas. Puedes pensarlo si quieres. Serás invitada en el palacio hasta que te recuperes. Espero tu respuesta cuando partas. -Neilad se dirigió hacia la puerta por la que había entrado.
-Gracias.
-No es nada, pero recuerda que aun vestida con la armadura de escamas de dragón y portando la lanza que han hecho mis amigos para ti, nada harán por si solas. De tu voluntad dependerá todo. -Neilad se fue sin esperar a que Guy contestase.

            Arub y Gala corrían por el jardín del palacio de plata cuando vieron llegar a Neilad y lo distinguieron por su vestimenta y sus cabellos largos y negros. Sabían que Betu, el otro elahara, los llevaba cortos.
-¿Usted es Neilad? -preguntó la niña dulcemente.
Neilad le sonrió y luego hizo una reverencia -Si lo soy niña. ¿Quién eres tú?
-Yo soy Gala.
-Y yo soy Arub. -Interrumpió el niño.
-Ya veo. ¿Se están divirtiendo niños?
-Si -dijo la niña-. ¿Cuándo vamos a conocer al gato que habla?
-¿Es que todavía no han conocido al gato azul?
-No. Se ha escondido. -protestó Arub.
-Es que el gato es un perezoso. -dijo Neilad riéndose.
-Siempre aprovechas a insultarme cuando no estoy Neilad. -El gato los miraba desde arriba del árbol.
Los niños saltaron de alegría al verlo.
-Creo recordar que tú haces lo mismo gato. -Neilad se ató el cabello con la cinta azul que acostumbraba.
-Puede ser pero yo soy más cómico. Mis saludos niños, yo soy el gato que habla. -El felino saltó desde la rama en la que estaba hasta el suelo y camino entre los niños.
Gala acaricio el lomo del animal -¿Deseas jugar a algo gato?
-Mmm, no les aconsejo jugar conmigo a las escondidas.
-Si saben guardar silencio hoy conocerán a otras criaturas más increíbles todavía, niños. -dijo el hombre sonriendo.
-¿Más increíbles que yo? -preguntó el gato ofendido-. Eso es imposible.
-Tú puedes venir también gato.
Los niños siguieron al hombre que fue donde estaba el banquete que todavía continuaba. Y pidió permiso a los padres de los niños para llevarlos al bosque a conocer a las hadas del sagrado bosque de Lurand. Pasó por donde estaba Sugum corazón de oro. Y el guardia se movió. Los niños corrieron alrededor de él.
-Camina, camina. -gritaba Arub emocionado.
-Te dije que se movía. -decía mientras reía la niña.
Durante varios minutos caminaron por el bosque de Lurand. Adentrándose cada vez más. Neilad y Sugum caminaban delante, mientras los niños saltaban y corrían entre ellos. El gato caminaba detrás de ellos. Cuando llegaron a un pequeño claro en el bosque, Neilad les indicó a los niños que guardaran silencio y se escondiesen detrás de unos árboles.
-No se muevan de ahí y no hagan ruido y podrán ver a las hadas del bosque sagrado de Lurand.
-Si. -dijeron ambos niños.
Sugum clavó su espada en el suelo y apoyó su mano sobre ella mientras con la otra sostenía al escudo destruido. Los niños observaban a distancia y permanecían callados. Pudieron ver como Neilad se aproximaba a la criatura silenciosa. Y como el gato caminaba de un lado a otro. Neilad habló pero ellos no pudieron escuchar bien cuáles eran las palabras que decía. Entonces de la oscuridad de entre los árboles pequeñas criaturas que volaban por el aire comenzaron a rodearlos. Eran un poco más grandes que mariposas y muy luminosas. El batir de sus alas emitía un delicado sonido. Y dejaban una estela de luz y polvo brillante mientras se movían de un lado a otro. Una de ellas de color liliáceo se detuvo cerca de la cara del hombre. Extraños sonidos vibraron en el aire. Como si las hadas hablasen a través de canciones.
-No conozco su idioma, criaturas. Deberán hablar en el mío. -dijo Neilad.
El hada de color lila nuevamente se colocó delante de Neilad y se escuchó una voz que no salía de donde ella estaba -Estamos felices de que Sugum guardián te haya traído de vuelta y que tu lo hayas traído de vuelta a él. Protege a nuestro bosque sagrado y Sugum cuidara de las piedras plateadas por siempre.
-Agradezco que le hayan permitido llegar hasta donde estaba yo. Pero en la batalla su pesado escudo y su poderosa espada han sido destruidos y su cuerpo lastimado. Y todo lo que se de medicina o herrería jamás podría igualar a su magia, hadas de la luz.
-Nosotras sanaremos a tu amigo Neilad. Y Sugum volverá a su puesto a esperar -Las hadas rodearon a Sugum y comenzaron a girar sobre él mientras el polvo de hadas caía sobre él. La inamovible criatura que ni el dragón había podido voltear ahora flotaba en el aire y su cuerpo iba sanando. Su armadura se alisaba y las abolladuras iban desapareciendo. El agujero que tenía su escudo se cerró y nuevamente su metal se plancho. Y la espada mellada fue afilada nuevamente. Luego Sugum volvió a estar parado. Y la piedra que llevaba incrustada en el pecho brilló otra vez-. Recuerda Neilad que la magia que hace que Sugum camine es la misma que sana tus heridas. Por eso siempre que tú estés a su lado sanaras también en parte. Porque su corazón es de las mismas piedras sagradas que veneramos.
Se escucharon sonidos detrás. El gato volteó y vio a los niños que se asomaban detrás del árbol. Las hadas se alejaron dentro del bosque. Gala despidió a las hadas agitando sus manos.
-¡¡¡Adiós haditas!!! Gracias por curar a Sugum.
-Sabias palabras niña. -dijo el gato.


            Sugum Neilad y el gato regresaron a la fiesta acompañados por los niños. Luego que Sugum regresó a su puesto en la puerta del palacio de plata, Neilad saludó a todos y se despidió de los invitados que seguirían todavía más tiempo de fiesta. Maz y Sefit seguían bebiendo acompañados de los enanos y de gran parte del pueblo de Lurand. Hasta Shires había bajado a festejar ahora que estaba aliviado de ver sana a su nieta. Después de subir por la torre que lo llevaba a su habitación se detuvo en la puerta y acomodó su anillo en su dedo. Luego entró a su habitación y se acostó. Y finalmente él también descanso.