lunes, 9 de marzo de 2015

Zauner, el maldito




Antes de que los hombres construyesen el palacio de plata, antes de que las hadas llenasen al bosque con flores de vivos colores y trajesen de lugares remotos a las aves doradas, incluso antes de esto, el bosque de piedra existía. Y en ese lugar vivía la Bestia. Esta criatura era hijo de un dios perverso. Había sido engendrada cuando la raza de los hombres todavía era muy joven y había sido enviada al bosque por los dioses para ser olvidada. Pero su padre no lo olvidó. Pasaron los siglos y los laboriosos hombres crearon ciudades por el mundo. Los sagrados elfos viajaron por los viejos bosques y cultivaron nuevos donde se agruparon en tribus y los poderosos enanos se adentraron en la tierra. Y nunca ninguno quiso saber de la Bestia o del bosque de piedra cerca del río grande. Pero los humanos siempre inquietos nunca dejaron de esparcirse y finalmente llegaron al bosque. Se acordaron entonces de la Bestia que allí vivía y no pudieron tolerar su presencia. Pero todos los cazadores que allí entraron nunca regresaron. Pasó el tiempo y el dios creyó que nadie jamás sería capaz de lastimar a su hijo. Pero un hombre se presentó. Un hombre alto y de espalda ancha. Con brazos fuertes y rostro hermoso. Su pelo era negro como el azabache, su piel blanca como la crema y sus ojos eran del color verde del mar. Era joven y amigo de todos en la recién formada aldea de Lurand. Ahí su fortaleza lo ayudaba en su trabajo de leñador y en varias ocasiones había luchado contra los orcos del norte cargando su hacha para defender su ciudad. Por esto su fama creció y pronto en la aldea le pidieron que luchase contra la Bestia y la matara. Él era el mejor de los hombres, pero Zauner no quiso. Entonces los hombres de la aldea insistieron y le ofrecieron oro, pero Zauner no quiso. Forjaron un hacha de guerra tan alta como él y le dijeron que con esa arma no podría ser vencido, pero Zauner no quiso. Nadie se atrevería a llamar a Zauner cobarde pero tampoco entendían porque se negaba. Pensaron entonces que sería mejor engañarlo para que enfrentase a la Bestia y la matase de una vez. Entonces una bruja apareció y le dijo a los hombres que si le daban el oro que le habían prometido a Zauner ella lo convencería de matar a la Bestia. Los hombres accedieron. Y la bruja sedujo al hombre. Y le pidió que matase a la bestia “Tengo miedo” dijo “de la horrible Bestia que vive en el bosque, temo que por las noches venga a nuestro hogar y nos mate” el hombre entonces accedió y cargando su hacha de guerra fue a enfrentarse a la Bestia. Pero cuando llegó al bosque de piedra un cuervo apareció y dijo ser el padre de la bestia. “No mates a mi hijo que nada te ha hecho has como los enanos y los elfos que se han olvidado de él” Pero Zauner no le hizo caso y continuó su camino. El dios temió por la vida de su hijo ya que la fortaleza del hombre que parecía indetenible lo impresionaba “Te advierto hombre que no te perdonaré si lo matas. Me apoderare de tu alma y de tus huesos y no descansaras jamás” Pero el hombre continuó y se encontró con la bestia. Y con su imponente hacha de guerra la mató. Y el dios lleno de ira convertido en cuervo maldijo al hombre desde una rama de piedra. “Yo te condeno mortal, mil vidas de humano no alcanzan para compensar la que has quitado, buscaré tu alma en el infierno y te traeré de vuelta para que castigues a los hijos de aquellos que han confabulado para quitarme al mío”. Regresó entonces a la aldea y por un tiempo vivió con la bruja sin saber él quien era ella. Pero los hombres desconformes de tener con ellos a una bruja también quisieron quitársela de encima, pero no podían enfrentar a Zauner ni decirle quien era ella. Así que envenenaron su comida y los mataron a los dos porque no deseaban saber qué pasaría si Zauner se enteraba de que habían matado a su mujer. Pero ellos desconocían la maldición que el dios había lanzado sobre Zauner. Y el dios cumplió. Y buscó el alma de Zauner y la trajo de vuelta a su cuerpo sin vida. Conservó su fuerza  le devolvió su hacha y lo mando a existir donde antes había vivido su hijo para que los hombres jamás se libraran del tormento del bosque de piedra. Zauner, en contra de su voluntad, allí esperó a que los hijos de sus asesinos llegasen, por siglos, para cumplir con la venganza del dios maligno.